La Marimba de los Hermanos Carreón es un asunto del proletariado puro, según creo que diría un tal Karl Marx. Quizá los Carreón de Oaxaca no sean lo mejor del mundo en cosa de orquestas y marimbas, pero sí que son gente buena que trabaja a diario. Hacen estupenda música popular prácticamente sin parar, para ganarse la vida como todo mundo. Son personas de veras chambeadoras y con ello alegran la vida de muchos en el Zócalo de la ciudad de Oaxaca. Al mismo tiempo, son una muestra del arduo trabajo proletario y son la manifestación de un arte irreprochable.

Se trata de artistas del mundo real, de carne y hueso. Para apreciarlos no se necesita saber sus nombres o su otra vida, porque su música rompe el esquema, no está adentro ni afuera de lo establecido; desborda las etiquetas y clasificaciones, supera límites, dado que, sin excentricidades, estridencias o protagonismos, se sale por completo de lo normal en lo suyo y en lo otro; se sublima. Los efectos inmediatos en el público lo demuestran y magnifican.
Los Carreón no forman parte del show de oropel globalizado; tampoco son como el estándar de quienes hacen música popular “callejera”. No producen música virtual ni ganan regalías con sus grabaciones o cuentas en las redes, ellos hacen música en vivo en los portales del centro de la ciudad de Oaxaca. Tampoco son una fabricación de la ingeniería industrial para vender espectáculo brilloso y superficial, no son fantasmas de la cultura chatarra del úsese y olvídese.
Los Hermanos Carreón, orquesta y marimba, nos pertenecen como auténtica cultura popular mexicana, cultura del pueblo de Oaxaca para el pueblo del mundo entero. Su popularidad se da en el cara a cara y en lo público callejero, en el goce de lo inmediato y real. Entre danzón y cumbia, entre chilenas y sones, entre boleros y mambo, ellos son música urbana de Oaxaca. Música para gozar en vivo, de preferencia mientras se bebe un buen mezcal o una cerveza helada y se degustan las botanas y guisos del restaurante donde los Carreón tocan a diario.
Mercancía también son estos músicos, porque son el espectáculo nocturno de ese tradicional negocio del centro de la capital oaxaqueña: el Café del Jardín. Son un objeto mercantil, fuerza de trabajo en acto,que da un giro de cinta de moebio para unificar sin contradicción lo mercantil impío de las propinas y lo sublime estético de un jarabe del Valle vuelto jazz de acá mero y así liberarse por sí misma de ser solamente una cosa con precio en el mercado. Porque la música de esta eficaz y eficiente agrupación musical se manifiesta como arte auténtico, música versátil que ilumina el espíritu y mueve el cuerpo a bailar o cuando menos llevar el tiempo con el pie, como en un ritual sagrado, pero esta vez sólo con la música como diosa y la marimba como su altar. Música de madera vibrante que alegra el ambiente, alegra los rostros y hace brillar los corazones. Allí, en la calle, tocando por una propina, donde menos parece que pueda ocurrir un acto mágico de este tipo, tan humano y cívicamente mágico al mismo tiempo.
La música de La Marimba de los Hermanos Carreón es una mercancía liberada por la calidad del trabajo mismo que la produce, porque se sobrepasa como música pura. Es música que libera de inmediato a quien la emite y a quien la recibe, allí, en público, porque lo que comunica es la música de verdad, en lo inmediato, la que distrae de los agobios cotidianos hasta cuando solo se ven y escuchan las grabaciones de YouTube –donde invitan a conocerlos, si no están en Oaxaca y los escuchan en vivo. En el centro de los Valles Centrales, en la ciudad de la Guelaguetza, la Noche de los Rábanos y el festejo permanente; debajo de Monte Albán y del Cerro del Fortín; a cuatro cuadras del Teatro Macedonio Alcalá y a dos y media de los asaderos del Mercado Benito Juárez. Todo un acontecimiento popular sacralizado por la música versátil y sin igual de La Marimba de los Hermanos Carreón y los instrumentos que la acompañan; generalmente un bajo eléctrico, una batería, unas tumbas, diversas percusiones, una trompeta y uno o dos saxofones. Un acontecimiento que inició su padre, quien tocaba allí mero hace más de medio siglo y que ellos han hecho perdurar con el sentido de lo efectivamente nuestro, sin farolazos chovinistas, cosa válida y cierta para locales, nacionales y turistas. Los Hermanos Carreón y su orquesta de marimba son la práctica crítica de la libertad como voluntad de crear arte en lo más inmediato, para convocar un mundo mejor aquí y ahora, donde los aplausos también pueden ser un comer y beber a gusto, en contento musical.
Escribo esta nota para agradecer el trabajo de toda la gente proletaria que hace la música de a diario y en vivo y en la calle. Ustedes son quienes hacen música de verdad para gente de verdad y lo hacen con el noble sudor de su frente y la grandeza de su generosidad creativa para lo inmediato y lo más cierto.