Nordub, una ciencia expandida

El avance de las ideas que se aplican a la creatividad de las nuevas músicas del siglo XXI llega a través de la necesidad por la experimentación, en un mundo que está más fragmentado que nunca. La experimentación forma parte de todas las culturas humanas y dentro de la historia está ligada desde su mismo comienzo a la capacidad de imaginar, diseñar y construir. Las revoluciones en el sentido artístico modifican el lenguaje dentro del cual se desarrollan, de tal manera que no es posible dar vuelta atrás.

El trompetista noruego Nils Petter Molvaer desencadenó una revolución musical con la fusión del jazz con la electrónica y con ello contribuyó de manera decisiva a divulgar experimentos vanguardistas. En la actualidad, la música propicia cambios constantes, las fronteras entre las categorías artísticas se borran una y otra vez. Por lo tanto, para el músico noruego el elemento distintivo para el jazz que interpreta es el de la improvisación. En su forma musical permite que todas sus experiencias se fundan de manera automática y las pasa por el filtro de lo que quiere escuchar realmente.

Se puede decir entonces que Molvaer vive y muere por su arte. Tiene ideas estéticas claras y con mano certera elige a sus colaboradores. Además de los integrantes del grupo Khmer original: Elvin Aarset (guitarras e instrumentos electrónicos), Audun Erlien (bajo), Per Lindvall (batería y percusión), DJ Strangefruit (vinil), Reidar Skar (vocoder) y Sidsel Endresen (voz), ha añadido al guitarrista berlinés Martin Koller, al pionero neoyorkino del drum’n’bass DJ Soul Slinger y al talentoso productor Bill Laswell. Todos ellos artistas que han complementado su lenguaje y le han aportado otros universos. Al final de la segunda década del siglo XXI, le tocaría a Sly & Robbie hacer lo propio.

Nils Petter Molvaer nació en Sula, Noruega, en 1960. Su padre fue un músico de renombre en su país y quien lo introdujo desde muy joven al estudio del arte y la disciplina musicales. De esta forma aprendió a tocar el bajo, la batería y los teclados, aunque al final optó por la trompeta como su instrumento principal.

Realizó estudios en el Conservatorio con mucho éxito, pero después de dos años tenía tal demanda de trabajo que decidió abandonarlos y tocar para diversos grupos. En 1983, se integró al Jazzpunkensemble y al grupo Masqualero. Años después formó parte del catálogo del sello ECM y colaboró en discos de Robin Schulkowsky, Marilyn Mazur y el Sidsel Endersen Group. En 1993,  proyectó el concepto del grupo Khmer junto al productor Ulf Holand, con el cual grabó los discos Khmer (1998) y Solid Ether (2000).

Sus influencias resultan evidentes: los trompetistas Miles Davis, Jon Hassell y Don Cherry, pero también artistas como Billie Holiday, Brian Eno, Joni Mitchell y el ya mencionado productor Bill Laswell. Fue a este último a quien Molvaer recurrió para remezclar sus composiciones de Solid Ether en el disco Recoloured-The Remix Album, con el que integró tal herramienta (el remix) a su sonido.

Ya en su primer disco como solista, el trompetista había tenido su primer encuentro con una forma muy particular de combinar y mezclar el sonido de su instrumento con sonidos trabajados en computadora, beats de ambient y ritmos de drum’n’bass. Dos años después, Solid Ether representó una obra llena de paradojas y ondulaciones, con piezas ensoñadoras de las que el escucha no se cansa.

Con su tercer CD, Recoloured, demostró que también es un hábil estratega, pues sabe perfectamente que los remixes alcanzan a un público mucho más amplio del que pudiera atraer con un concepto que descansara de manera exclusiva en el dualismo típico del jazz: las grabaciones de estudio y las presentaciones en vivo. Los remixes del álbum (extraídos como ya dijimos del Solid Ether), fueron realizados por connotados productores y diyeis como Pascal Gabriel, Herbert We, Jan Bang, Underlying Love, Deathprod, Tee Bee, la Cinematic Orchestra o el mismo Laswell, entre otros, quienes le otorgaron distinta dimensión a piezas como “Merciful”, “Solid Ether”, “Wilderness” o “Dead Indeed”.

A manera de resumen, se puede decir que Molvaer ha utilizado en su creación las piezas sonoras que identifican hasta ahora al siglo XXI (jazz electrónico, remix, house, jungle, drum’n’bass). Todos ellos elementos surgidos de la cultura musical europea contemporánea. Así que para su nueva obra, optó por experimentar con otro tipo de plataforma, creada en costas lejanas y climáticas distintas, pero que ha estado presente también en el desarrollo de la actualidad: el dub.

El dub es uno de los soportes más importantes de ese desarrollo. Lo que inició como una corriente local jamaicana se ha extendido por doquier, lo mismo en el continente europeo que en África o Japón, aunque Kingston sigue siendo su capital más sobresaliente. Su influencia sobre la música popular del mundo es innegable. Todo grupo involucrado con los sonidos actuales requiere de una versión dub en los acetatos de 12 y 7 pulgadas o en el lanzamiento de sus sencillos.

De esta manera, la original aportación del jamaicano King Tubby fundó una nueva corriente que con el paso del tiempo se convirtió en subgénero. El dub fragmentó el ritmo del bajo en patrones breves de notas (en oposición al ska), le aumentó el volumen y lo instauró además como el instrumento principal, además de emplear los retardos electrónicos o eliminar algunos compases de la guitarra. A partir de ahí, el fenómeno experimentó un crecimiento insospechado en el mundo entero y año con año aparecen generaciones de exponentes del dub en diversas modalidades.

El movimiento se convirtió en género cuando trascendió la isla gracias a Sly Dunban (batería) y Robbie Shakespeare (bajo), una dupla rítmica que elevó desde los años setenta el uso del dub a la calidad de ciencia sonora. De esta manera, llegó a las calles de las principales urbes del planeta cuando el hip hop mostró su influencia en los dub plates (discos donde se efectúa un remix) y cuando se volvió hacia las raíces rítmicas africanas, como las de los tambores burru, etu, pocomania y kumina, al igual que hacia la tecnología más avanzada como el teclado digital y la máquina de ritmos, todo ello mezclado.

Dub es un término proveniente del idioma inglés que originalmente (entre los siglos XVII y XIX) significaba abrir o ampliar algo. En la actualidad, en el aspecto musical, aunque se ha extendido al literario con su poética, implica agregar a la voz principal toda clase de elementos ambientales, para crear una atmósfera determinada. Su sonido se caracteriza, por su atmósfera distendida, a la que le agregan variadas dimensiones del ritmo.

La sección rítmica de Sly & Robbie, la más arrolladora y productiva del subgénero (invitada a cientos de grabaciones), acudió al llamado de Molvaer para unir esfuerzos en uno de los experimentos más inspiradores y trepidantes de los últimos años: Nordub (título de un disco y de un movimiento, el dub nórdico).

Estos tres personajes históricos de la música hicieron ciencia con el dub, eliminaron las fronteras entre éste y la electrónica en colaboración con otros dos protagonistas del norte de Europa (el legendario guitarrista noruego  Eivind Aarset y el ilusionista sonoro finlandés Vladislav Delay) en una trascendente exploración que demostró lo ilusorio de las divisiones genéricas, geográficas y hasta culturales en nuestra época, en la que se tienen conexiones muy especiales.

La de este disco insignia es una polinización cruzada única, emocionante y, sobre todo, innovadora. Nordub, se gestó en el 2014, cuando todas las partes se encontraron en un festival en Francia. Fue la oportunidad ideal para hablar de una colaboración musical inusual. ¿Esos héroes absolutos del reggae/dub como Sly & Robbie junto con músicos de jazz, mezclados con electrónica? Sobre el papel parecía prácticamente imposible. Sin embargo, la concreción de Nordub demostró lo contrario.

El colectivo comenzó la experiencia con una gira en 2015 y 2016. La idea de grabar el proyecto continuó creciendo y por fin encontraron un hueco en sus apretadas agendas para hacerlo realidad. Las grabaciones del álbum Nordub (Okeh, 2018) se hicieron en Oslo, a lo que siguió una nueva gira para darlo a conocer.

En el disco conviven el eco de las líneas de trompeta, los ritmos dubby y la intersección con todo tipo de electrónica ambiental, así como los patrones de guitarra flotantes que no se interponen entre sí, sino que se complementan formando un todo absolutamente coherente. Esto da como resultado un viaje, tan místico y deleitoso como revelador, con su multicapa sonora que intriga y fascina cada vez más tras cada escucha. Un proyecto que dejará huella, a pesar del fallecimiento de Robbie Shakespeare en el 2021.

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Publicado en: Sonidos de Babel