Elegía por John Mayall

Ha muerto John Mayall. Misión cumplida. 90 años. Descanse en paz.

Me lleno de recuerdos con la noticia. Mi vida entera la veo en un instante. Así es el rudo duelo por los seres queridos: interminable. Así es la fuerza del blues como teatro de la memoria.

John Mayall en 1980. Fotografía: flickos.cary bajo licencia de Creative Commons

Pero con Mayall la cascada de recuerdos desemboca en una sana sonrisa búdica y lúbrica a la vez. Es El blues, el blues británico. Desde antes hasta después. El blues.

Él fue “el padrino” del blues en Inglaterra, dicen. Porque apadrinó a muchos de los mejores intérpretes británicos de este género musical. Desde los Bluesbreakers hasta sus más recientes grabaciones y presentaciones en vivo, Mayall siempre apoyó y fue apoyado por músicos jóvenes que luego han brillado por su cuenta. La lista de nombres resulta muy larga, basta con mencionar a tres, además de Eric Clapton: Mick Taylor, Peter Green y Keef Hartley.

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Fue una amiga de mi adolescencia, Aminta, quien me reveló la existencia de John Mayall y los Bluesbreakers. Ante mi admiración por los Yardbirds, me dijo que Clapton había preferido tocar buen blues clásico con Mayall, por no estar éste contaminado de psicodelia y pasión por los dólares de la invasión inglesa. Pronto yo tenía todos sus discos, porque en la marca nacional Peerles sus discos, como los de Savoy Brown y los Rolling Stones, eran bastante más baratos que los de los otros sellos.

Cuando empecé a notar cierta monotonía aparente en lo que hacía Mayall, apareció el sensacional Blues from Laurel Canyon. Fue su primera producción como solista después de terminar con los Bluesbreakers. Su primer contacto con la música jipiosa y dura de Californa, tanto el blues de Canned Heat como la vanguardia de Frank Zappa. La nueva agrupación con la que hizo este disco incluía a un muy joven pero ya genial Mick Taylor en la guitarra eléctrica, Colin Allen en la batería y la tabla hindú y Stephen Thompson en el bajo eléctrico. El gran jefe Mayall se encargó de componer y arreglar todas las piezas, cantar, tocar la guitarra, los teclados y la armónica, además del diseño y el trabajo artístico psicodélico del LP de vinil. Es una obra redonda, todo un rejuvenecimiento,  con infinidad de referencias a la subcultura rockera reunida en ese lugar de California, cerca de Los Angeles.   Taylor manifiesta en la guitarra la excelencia que lo hará saltar de allí a los Rolling Stones por un rato, después de la muerte de Brian Jones.

Al año siguiente, John Mayall grabó en concierto una de sus obras maestras: The Turning Point. Una nueva sublimación y elevación de su creatividad musical. El contacto con la música norteamericana de ese momento lo condujo a una mezcla muy original, una fusión alquímica de blues y jazz, deselectrificando al grupo y agregando la flauta y el saxofón. Buscó la excelsitud de improvisar en vivo. El conjunto con el que realizó esta trascendental grabación, el 12 de julio de 1969, en el Fillmore East de Nueva York, lo formaron John Almond en la flauta y los saxes, John Mark en la guitarra acústica y Steve Thompson en el bajo. Las composiciones, los arreglos, la guitarra, la armónica, los teclados, la pandereta y la percusión vocal estuvieron a cargo del polifacético maestro Mayall. Más de medio siglo después de ser grabada, esta música suena tan fresca y novedosa como entonces; hace sentir la vitalidad de la música que se sabe fusionar como buena memoria ante lo viejo y capacidad de asombro ante lo nuevo.

Pasaron los años. Las grabaciones de Mayall acompañaban mi vida, en las buenas y las malas. En cuanto me era necesario cargar la pila de blues, él era un recurso constante y sus nuevas grabaciones guardaban una calidad uniforme.

El sábado 15 de marzo de 1980, tuve la fortuna de escucharlo tocar con su grupo en el Toreo de Cuatro Caminos; luego participé como traductor en varias de las entrevistas que le hicieron después del concierto. Esa vez la acústica no fue de lo mejor, dejó mucho que desear; pero la banda tocó blues como se debe y lució en todo lo que pudo ante un público que demostró conocer sus canciones y apreciar con admiración y cariño su trabajo; de todas maneras, los músicos se notaban cansados, desvelados y algo crudos. Fue toda una emoción ver de cerca a uno de los pilares del blues y escucharlo responder aburrido a las preguntas de siempre. No se pudo llevar más lejos el diálogo y lo mejor quedó resuelto con muchas sonrisas de todo mundo.

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Ahora, el gran John Mayall, nacido el 29 de noviembre de 1933, en Macclesfield, Cheshire (Inglaterra), ha muerto. El deceso se produjo el 22 de este mes de julio en su casa de California. Su discografía es amplia, da para no pocos días de inmersión profunda en el blues. También ahora contamos con muchas grabaciones de sus presentaciones en concierto, momentos en los que siempre consiguió llegar con la música y la emoción más allá de los discos de estudio. Cuando comenzó mi admiración por él, hace seis décadas, no imaginé que un día escribiría su necrológica. Ya pasó. Me entristece hacerlo. Pero quedo contento de haber vivido y seguir viviendo con el impulso de su música, el blues, que desde el final de la Segunda Guerra mundial del siglo pasado hasta ahora identifica a nuestra época, con sus alegrías, dolores y angustias. La obra de Mayall ha sido crucial para ello.

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Publicado en: El diván del abuelo

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