Rockabilly en un verano à la française

Gerlafingen es una pequeña ciudad que pertenece a la comuna suiza del cantón de Soleura, con una población de cinco mil habitantes y cuyas cartas de presentación son sus muy buenos restaurantes italianos y el festival de música “Rockabilly Stomp”, todo un viaje al pasado.

En el verano, de los estacionamientos designados para el evento salen decenas de personas de la más variada edad y con vestimentas de los años cincuenta: chamarras de cuero, pantalones de mezclilla, botas negras, cadenas, crinolinas, diademas y anteojos para el sol estilo gatuno. Saltan de las motos o de autos arreglados y campers. Back to the Past!

Se trata de un festival temático al aire libre que se realiza anualmente. Cuenta con el aval del ayuntamiento (con condiciones estrictas y sin apelación, muy suizo). Se ha ganado la fama de bien organizado, seguro (el control de las pandillas de motoristas es asunto pactado desde el comienzo), una oferta culinaria variada y público internacional rodeado por el bosque contiguo.

En lo musical, brinda una formulación que combina lo nostálgico con los sonidos refrescados. Es decir que en la cartelera pueden aparecer lo mismo los legendarios Comets (los acompañantes de Bill Haley que aún quedan vivos y en forma) que las nuevas propuestas del género procedentes de Japón.

En esta cita, tocó el turno a los exponentes franceses del rockabilly, desde veteranos hasta noveles. Una amplia variedad la suya que cuenta con una tradición de medio siglo. La rama gala de este género es un continuum en el tiempo que comenzó, como todo en Francia, con un escritor.

El rockabilly es igualmente francés, tanto como los ragtimes de Eric Satie, el swing de Ray Ventura o la adaptación de “Night and Day” hecha por Damia. La trascendencia de la imagen inventada, ésa es la lección que dejó la promoción cultural de Boris Vian, quien vio a los Estados Unidos con los ojos de Alfred Jarry y sin dificultades pasó de la polka y la canción de Kurt Weil al rock and roll.

Vian fue un inquilino de la jukebox de cafetería adolescente que escribía literatura. Superó la zanja entre las artes serias y el consumo de masas. Una postura perfecta para cursar el siglo XX y abordar el nuevo XXI sin problemas. Él les enseñó a sus compatriotas a rebasar los complejos genéricos.

Y así comenzó el rock and roll galo, ése de Henri Cording y Gabriel Dalair, de Juan Catalano, Claude Piron, Henry Salvador y Magali Noel. Rock histórico y circunstancial que logró crear las primeras composiciones en francés, originales o adaptaciones.

Esto le ha sido reconocido y sus herederos adolescentes fueron inteligentes y pragmáticos. La moral primaria del rock and roll pasó conscientemente al rockabilly y realizó la selección entre ellos. En la superficie sobresalió el incandescente Johnny Hallyday.

De ese modo, el movimiento del rockabilly que comenzó al final de la década de los cincuenta con primeras páginas y los medios a sus pies, llegó a su apogeo a mitad de los sesenta e hizo fade out al final de esa década, pero nunca se fue realmente. En el underground (el souterrain, en francés) ha continuado su flujo interminable. Por ahí han pasado los nombres de Be Bop Creek, The Badmen, Les Bracos, Cattle Call, Don Cavalli o Earl & The High Tones y hasta Little Bob, quienes han cimentado las bases musicales y de actitud necesarias para mantener incólume dicho movimiento.

El rockabilly esencial es música folk (hillbilly, sobre todo) mezclada con el temprano rock and roll (y country) de Bill Haley (con la totalidad de porcentaje blanco, sin gota de negritud). Es un estilo de guitarras acústicas veloces, con un ritmo nervioso, pocos tambores y con acento en el beat remarcado con un distintivo contrabajo tocado con la mano abierta. (Los primeros momentos del rockabilly fundamentaron sus raíces en las tempranas grabaciones de la segunda década del siglo XX, de cuando el country bebía de la fuente del ríspido blues y luego, en los siguientes años, con la amalgama del western swing –la voz campirana unida al dobro con influencia hawaiana– y el sonido de las grandes bandas, el boogie y el iniciático rock & roll).

A partir de la década de los ochenta, la guitarra acústica fue sustituida por la eléctrica (Gibson, principalmente), con los grupos de la segunda ola del género que surgieron en la Gran Bretaña, estilo instrumental que se ha mantenido hasta la fecha.

Técnicamente, el sonido se caracteriza, además, por un generoso uso del eco, el cual implementaron los precursores de la producción de sellos independientes (Sam Phillips con Sun Records y Leonard Chess con Chess Records), quienes propiciaron lo acústico “hecho en casa”.

El nuevo siglo aportó una prometedora nueva camada del rockabilly, alimentada de todo aquello a su manera y con su propia estética: retro, vintage o revival. Y es de nueva cuenta Europa la que envía un mensaje de novedad (así como lo hizo con la segunda ola: Stray Cats, The Jets, Matchbox, The Meteors, The Go-Katz, et al) con festivales anuales en distintos puntos cardinales de su geografía y decenas de grupos tocando en ellos o en bares o clubes del continente, de Portugal a Lituania, de Suecia a Italia.

El festival de Gerlafingen se lleva a cabo a mediados de julio y este año hubo énfasis en la aportación francesa, pues. Para la ocasión aparecieron en escena veteranos como Pet & The Atomics o Jack Calypso, con una auténtica lección de historia. A su vez, los nuevos pidieron a gritos su lugar, entre ellos Easy Lazy “C” & His Silver Slippers, The Shuffle Kings, Rockin’ James Trio o Long Black Jackets. Energía, actitud y volumen. Envidiables ejemplos. Del rockabilly clásico, pasando por el doo-wop al psychobilly y el gothakbilly.

Pero no se quedan en ello. También se dan las mezclas con el swing, el jump, el rhythm & blues, el garage, el bluegrass y el blues eléctrico y la instrumentación también se ha vuelto incluyente (ukulele, banjo, percusión diversa, acordeón, armónica, guitarras steel y Stratocaster, trombón, trompeta, piano y hasta xilófono).

En la experiencia hubo reunido ahí, en un festival suizo, un puñado de grupos empedernidos independientes, que hacen discos y ofrecen conciertos, algunos de ellos desde hace años. Grupos franceses que valen tanto como otros más conocidos y que han escogido un camino no forzosamente fácil ni comercial, pero sumamente disfrutable y fundamental, el del rockabilly. Un fantástico soundtrak vintage veraniego… y a la francesa.

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Publicado en: Sonidos de Babel