El eclecticismo místico de Balthvs

Para mi oído de expuritano del rock, la música del trío Balthvs suena extraña, no es para nada el rock de mis viejos tiempos, es algo más exótico. No es fácil de etiquetar, porque llena la memoria de recuerdos y retumbes muy diversos. Tal es la primera razón por la que me llamaron la atención: las tres personas que hacen la música de Balthvs suenan de un modo anómalo y al mismo tiempo bien calmado.

Se les clasifica como eclécticos porque en su música, más que nada instrumental, revuelven y mezclan con tino muchos géneros y ritmos parecidos y diferentes —no sólo musicales— y los hacen ser una tranquila y dulcemente bailable música psicodélica funk, de una psicodelia que se plantea de nuevo como un “trance místico”, en busca de “lo sagrado”, y no meramente recreativa o lúdica, y de un funk que desemboca sin conflicto en la cumbia y la música oriental y africana. Es música para meditar y bailar sin exabruptos innecesarios, con la mente o con el cuerpo, según el caso, y si se puede hacer con alma y cuerpo juntos, se ingresa en los territorios superiores del ser y estar en el mundo, lo trascendental que vuelve sublime la presencia también danzarina y próxima de otras mentes y cuerpos para compartir la vivencia.

Investigando lo de la cumbia actual fue como di con este trío colombiano de músicos muy jóvenes. Me llamó la atención el nombre de la banda: Balthvs. Ahora sé que tiene que ver con una contracción del nombre propio de su fundador, organizador, director, productor, arreglista y compositor principal: Balthazar Aguirre, guitarra eléctrica y voz. Supongo que su nombre también tiene algo que ver con el pintor Balthus y su original obra surrealista, pero esto no lo he podido confirmar en los hechos. Quien toca el bajo eléctrico y hace también voces en el grupo se llama Johanna Mercuriana y el baterista y también vocalista es Santiago Lizcano.

Son tres jóvenes de este siglo XXI. No forman un trío de poder metálico pesado como The Warning, por ejemplo, pero también son tres virtuosos de su instrumento y tampoco tienen problema para cantar en inglés o en francés. Su diferencia es el deseo de sostener de manera discreta su marca latina y tropical.

No se puede decir que tengan un sonido por completo original, ya se dijo que son muy eclécticos. Lo que hacen como Balthvs se parece a muchos otros grupos musicales, con una memoria musical muy amplia y diversa, de más de medio siglo, y con una amplitud geográfica que les da el escuchar música de todos lados por YouTube, como han declarado en entrevistas. Sin embargo, son interesantes porque, al escucharlos con la debida calma y atención, se puede decir que tienen un estilo propio.

Hacen un funk latino que no ha dudado en llegar hasta la cumbia, pero también elaboran un jazz psicodélico marginalista, a cámara lenta, sin muchos aspavientos, pero siempre bailable. Porque hacen música para mejorar el mundo, algo que plantean como una necesaria pacificación de las voluntades, para poder tomar plena conciencia de la responsabilidad que nos implica conservar con vida no sólo a la especie humana sino a toda la Tierra.

Me gusta que sus canciones no dependan de la letra. Las voces las emplean también como instrumentos musicales y no sólo para decir palabras. Con ello dejan que la mente del escucha no depende de enunciados normativos que le dicen qué debe hacer o pensar, sino que siempre está escuchando melodías y armonías agradables por sí mismas, sin tener que depender de lo que se habla o canta. Todo es música.

Un punto clave en el sonido de Balthvs depende del trabajo de Johanna Mercuriana con el bajo eléctrico, pues desde allí se impone el toque funky, muy funky guapachá, de la agrupación. Lo que sirve de apoyo para que la guitarra eléctrica de Balthazar Aguirre desarrolle planteamientos inventivos y divertidos, en verdad cargados de buena vibra, acompañados perfectamente por la creatividad engarzada de Santiago Lizcano con la batería.

Su primer LP, Macrocosm, fue publicado en el año 2020, mientras que el segundo, Cause & Effect, apareció en 2022. En la revista Rolling Stone recibieron el año pasado su tercera grabación, Third Vibration, caracterizándolos de esta manera: “Su música evoca un panorama increíblemente amplio de referencias e inspiraciones, yendo desde la música del Medio Oriente, hasta el trip hop de Portishead, el afrobeat o el pop, pasando por la psicodelia de Khruangbin o el neo soul y el funk, sin dejar atrás las raíces colombianas de la agrupación, en un tema como ‘Pájaro de cumbia’. El hecho de haberse concentrado especial, más no exclusivamente, en algunas piezas instrumentales, le da un carácter muy auténtico e hipnótico a su obra”.

Balthvs es un proyecto que se formó en Colombia de modo autónomo y siempre amable desde las redes sociales. A partir de allí han avanzado hasta tener su propia productora de discos y no depender de contratos burgueses con las corporativas y los vampiros del espectáculo. Han declarado que su mejor público es internacional y especialmente mexicano, por eso no dependen del mercado colombiano para subsistir.

El tiempo en que comenzaron a tocar juntos los tres fue el de la larga cuarentena de dos años durante la pandemia de covid, esto les permitió concentrarse mucho en ensayar y pensar con paciencia crítica sus composiciones. Afirman el deseo de tocar en vivo juntos, dependiendo nada más de sus instrumentos y voces, sin sobregrabaciones o efectos electrónicos complejos. Yo les deseo la mejor de las suertes, porque de veras quieren levantar el vuelo como trío espiritual y terreno a la vez y lo van consiguiendo con cada nuevo paso que dan. Vale la pena prestarles atención, porque su extrañeza esencial transmite optimismo y serenidad, dos valores indispensables para emanciparse en verdad de lo opaco de esta época.

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Publicado en: El diván del abuelo