Tres elementos básicos se mezclan y entran en conflicto en la música popular china entre las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI. Primeramente, las piezas instrumentales tradicionales ejecutadas con diversas flautas, así como con instrumentos de cuerda tocados con arco o pulsados, las cuales muchas veces dibujan sencillos cuadros tonales y campiranos, como de caballos galopantes sobre una estepa o la luz de la luna sobre las olitas que cubren un estanque.
En segundo término se encuentran los estilos occidentales que han penetrado en la imaginería popular, desde baladas románticas y obras orquestales hasta el impactante influjo del rock (en sus diversas variantes y con un particular delay temporal genérico, propiciado por la Revolución Cultural maoista).
Y, en tercer lugar, los temas marciales o políticos impuestos en diversos grados por el gobierno comunista.

Con el advenimiento de la Revolución Cultural en 1966, Mao Tse-Tung lanzó a sus brutales Guardias Rojas a erradicar todas las expresiones artísticas de la sociedad de antaño, a cambio de un sistema espartano y radical que acabó con la mayoría de las manifestaciones de la música popular (situación que se mantuvo hasta la muerte del dictador en 1976). Se cerraron los salones de baile, se prohibieron las fiestas populares debido a su asociación con el sistema feudal del pasado y muchos intelectuales y artistas fueron asesinados o condenados a trabajar en el campo para ser “reeducados”.
La reducida gama de música permitida se limitó a un cuerpo de cinco “óperas modelo” y tres “ballets modelo”, los cuales exploraban variaciones microscópicas sobre el tema del implacable fervor revolucionario y eran repetidos sin fin en la televisión y la radio, así como musicalizaciones de pasajes del Libro rojo de Mao.
El fallecimiento del tirano y el restablecimiento en el poder del antes destituido político moderado Deng Xiaoping aliviaron un poco la desolación artística imperante. Desaparecieron las óperas modelo y adquirió fuerza una amplia variedad de músicas populares.
Una contribución significativa al movimiento de cambio surgió anterior a la represión de fines de la década de los ochenta y partió de los músicos de rock chinos. Los dos más famosos fueron Jian y Hou Dejian, pero debido a la influencia que ejercían se impusieron severas restricciones a las actividades de ambos después de la matanza de la plaza de Tiananmén (4 de junio de 1989).
Cui Jian (nacido en 1961) fue el primer músico que usó una guitarra eléctrica y compuso un rock en mandarín con el tema “Yi wu suo you” (“No tengo nada”). Cui se había convertido en cantante de rock, compositor y guitarrista gracias a sus antecedentes musicales (su madre era bailarina; su padre, director de una banda militar) y después de haber tenido un breve empleo como trompetista en una orquesta de Beijing. En 1988 grabó Vagabond’s Return, su primer álbum de rock, con letras y adornos musicales chinos.
Sus canciones, si bien no abiertamente subversivas, eran inconformes al expresar el deseo frustrado de autoexpresión y de desarrollo personal y al aparecer su grupo en concierto, muchas veces hacía fuertes declaraciones visuales. La canción “A Piece of Red Cloth”, por ejemplo, era interpretada por los músicos con mascadas rojas puestas como vendas en los ojos y como mordazas a manera de protesta.
Su canción de mayor éxito, “Nothing to My Name”, con su guitarra discordante al estilo de los Byrds y vivos arreglos de flauta, fue un gran éxito y otros muchos grupos la interpretaron en todo el país. Una de las secuelas de sus protestas fue la prohibición de esta pieza y de sus conciertos.
Cui (el llamado “Padre del rock chino”) logró esquivar la medida en la capital, al organizar una gira por las provincias. Sin embargo, al observar las autoridades locales las señales de “V” (por victoria) hechas por el público, los conciertos fueron cancelados definitivamente a la mitad de la gira y Cui tuvo que andarse con mucho cuidado desde entonces para evitar ser reeducado en algún lejano paraje.
La segunda gran estrella de rock china, Hou Dejian, nació en Taiwan en 1956, pero se estableció en la China continental en 1983. Canciones como “Descendant of the Dragon” le dieron fama en todo el país.
Hou era un destacado exponente de las nuevas adaptaciones de música rural, originales de la provincia de Shanshi, ubicada en el norte, género que se convirtió en una especie de equivalente del blues para los jóvenes chinos a mediados de los años ochenta. Su papel en el movimiento de protesta fue muy destacado y a la postre controvertido: después de unirse a la huelga de hambre en la plaza de Tiananmen, justo antes de la represión, desempeñó un importante papel en las negociaciones para poner fin a la violencia. Por ello y ante las amenazas gubernamentales, se refugió durante dos meses y medio en la embajada de Australia, para luego reaparecer y tras una “sincera declaración de arrepentimiento”, fue deportado a Taiwán y luego se mudó a Nueva Zelanda.
Entre los recientes grupos de rock en sus derivaciones como el hard y el heavy metal destacan los nombres de Hei Bao (Pantera negra) y Táng Cháo (Dinastía Tang). Ambas agrupaciones empezaron su andar a principios de los noventa. Hei Bao practicaba el hard, mientras que Táng Cháo fue la primera banda china de heavy metal que en su disco debut combinó elementos de la tradicional ópera china con su propio estilo.
Asimismo, el grupo de trash metal Chao Zai ha lanzado tres álbumes desde su formación. Por otro lado, entre las agrupaciones de nu metal sobresalen Yaksa, Niuqu De Jiqi, AK-47 y Overheal Tank. En el punk despunta la agrupación The Bootlegs. (En todos los casos, cabe recordar que las letras de las canciones antes de ser grabadas o interpretadas en público debieron ser previamente aprobadas por el organismo de censura correspondiente, como siempre ha sucedido).
Actualmente varios músicos y cantantes chinos trabajan fuera de sus fronteras. En Corea lo hacen como parte de grupos de K-Pop. En Inglaterra, los Guo Brothers, Yi y Yue, dos instrumentistas de extracción clásica, han explorado varios formatos desde su llegada a la Gran Bretaña.
Guo Yi toca el sheng, un órgano portátil soplado, en el que era un destacado solista con la Orquesta Cinematográfica de Beijing, mientras que el flautista Guo Yue formó parte de la Orquesta del Ejército Chino. Los Guo avanzaron de músicos callejeros en el Covent Garden de Londres, hasta colaborar en soundtracks y grabar discos solistas como Yuan, para la disquera Real World de Peter Gabriel.
También desde Inglaterra, la joven cantante y compositora Liu Sola crea música basada en el rock y otras múltiples influencias. Sus obras incluyen una ópera rock, Blue Sky Green Sea, varios discos EP de pop que han encontrado aceptación en el mercado oriental (en forma de cassette) y colaboraciones con grupos ingleses como Durutti Column.
De igual manera, frente a la controlada apertura que ha desarrollado la República China en los últimos años en ámbitos como el económico, el científico y el tecnológico, las expresiones artísticas no podían quedar atrás y la música experimental y techno ha encontrado cabida en esta sociedad, ávida de relacionarse con el resto del mundo.
Son muchos los músicos que desde hace décadas han incursionado en este tipo de formato de costos relativos (habría que conocer los ingresos de cada uno de ellos para ser más específico), lo cual les ha permitido posibilidades de experimentación muy diversas.
Aunque el reconocimiento como precursor de todo ello recae en la figura de Wang Feng: “En aquel momento (mediados de los años noventa), Wang básicamente nada sabía acerca de experimentación o de vanguardia ni de sus tradiciones; sólo le dio curso a lo que percibía, a los sonidos que escuchaba en su cabeza. En ese sentido fue un verdadero pionero de la música experimental en China”, han escrito los investigadores.
Hace algunos años, el prestigiado sello belga Subrosa seleccionó a un grupo de artistas chinos desconocidos dentro del ámbito internacional, pero que se erigían como los representantes más arriesgados del underground y la escena techno, ambient y experimental china. Eran tendencias forjadas en las principales ciudades de aquel país, además de Hong Kong, Taiwán, Singapur y Malasia.
Quien llevó a cabo la recolección de esos materiales en 2009, para la Anthology of Chinese Experimental Music, fue Dickson Dee, acompañado en el proyecto por los ensayos de Andreas Engström, Zbigniew Karkowski y Yan Jun, reunidos en The Sound of the Underground. An Overview of Experimental and Non-Academic Miusic in China. Por ellos fue posible organizar una epopéyica exposición, pensando específicamente en las particularidades de la época que abarcó el periodo situado entre los años 1992-2008.
Hay que ubicar la obra de estos creadores en apartados muy claros para contextualizar sus objetivos estéticos y también tomar en cuenta el ya mencionado delay genérico que los remite a evidenciar su demora temporal con respecto a sus semejantes occidentales, debido a los acontecimientos sociopolíticos que los limitaron en su evolución.
Están, por ejemplo, los músicos interesados en la relación del hombre y su entorno, otorgando especial atención al espacio urbano. En un segundo espacio se enlistan los que se lanzan a la sonoridad Sci-Fi, en la que dan rienda suelta a su imaginería utópica y distópica o a la “narración” fantástica, muy relacionada con el rock progresivo occidental. Es lamentable que no existan los videos que hubieran plasmado en imágenes sus propuestas, ya que varias de ellas plantean con gran originalidad experimentos netamente cinemáticos.
En un tercer apartado, los músicos experimentales chinos ofrecen temas que exploran diversas miradas en torno a sus circunstancias de plena actualidad. Son auténticos testigos de una realidad que apenas se asomaba con sus vicisitudes y contradicciones, pero conscientes de que el futuro y el liderazgo del mundo (con sus pros y sus contras, luces y oscuridades) los aguardaba a la vuelta de la esquina, en unos cuantos años.
La mencionada antología representa un valioso acercamiento a la producción artístico-musical joven de China y ofrece la gran oportunidad de conocer a creadores desconocidos en Occidente. En su obra hay el eco de la esperanza en mayores desarrollos estéticos, con visiones novedosas que marquen las diferencias con lo que se escucha fuera de ahí (previos ajustes de época). La persistencia de los experimentadores chinos, tanto como su sobrevivencia en un ámbito hostil, es una prueba de que, más allá de países y comités, de gobiernos y sistemas políticos, al mundo lo mueve el interés por el otro, aunque les pese a los nacionalismos ortodoxos.
China será centro indiscutible del planeta en la primera mitad del siglo XXI (el litio y el cobalto los respaldarán). El futuro volará desde ahí y sus dragones en el área musical realizarán sus hazañas con hechuras sonoras de acupuntura inédita, con cuyos nombres debería el mundo empezar a familiarizarse.