Entendamos a Hispanoamérica más como un imaginario cultural que como una zona geográfica determinada. Precisamente es su diversidad étnica la que estimula la riqueza artística y le imbuye un ánimo para ir desarrollándose con tremenda intensidad. Repasemos trece discos del año que acabamos de dejar atrás y que dejaron una impronta imborrable desde un ámbito latino que sabe dejarse imbuir de una experiencia global.

1.- Súper terror. El mató a un policía motorizado (Argentina). El grupo El mató a un policía motorizado se muestra listo para asumir lo que canta en “Coronado”, la sexta canción de su álbum de 2023: “Renacer y despertar / Coronar al rey del lugar”. Ellos son la nueva nobleza del rock argentino y ahora nos colocan ante una colección de canciones memorables y que presumen de una producción de talla XL que ha logrado Eduardo Bergallo, una leyenda de la consola que fue colaborador de Soda Stéreo y Cerati. Ya no se trata de low-fi, todo suena potente y prístino: una batería arrolladora, guitarras punzantes y sintetizadores que nos vuelcan en el tiempo, mientras que en las letras se desarrolla una especie de manual del pesimismo, en el que una vez más Santiago Motorizado parece compartirnos sus decisiones a través de la canción “Un segundo plan”: “Después de tanto caminar y ver los días de oro pasar / Es tiempo de un segundo plan”. Ellos lo han tomado y han salido de él fortalecidos y renovados.
2.- Rizoma. Austin TV (México). Un grupo de leyenda. Un retorno que envuelve una década sin su presencia. La magnificencia del arte musical que se expande más allá del concepto de post-rock. Nueve piezas de una imaginación superlativa que continúan moviéndose entre guitarras sinuosas, melodías acariciantes y un sintetizador que no conoce límites. De repente, algún sampler de voz añade un dejo nostálgico y nos remonta hasta remotos episodios de nuestras propias vidas. Ellos lo tienen claro: “Todo final es también un comienzo”.
3.- Ultrabelleza. María José Llergo (España). “Años y milenios tardé en entender / Que puedo ser torero, espada y toro a la vez…”. Así comienza “Superpoder”, una canción extraordinaria que más adelante también suelta: “Aprendí a llorar cantando / Aprendí a cantar llorando”. Y conmueve hasta la médula con un crepitar electrónico y un quejío flamenco muy refinado que se prolonga a lo largo del segundo álbum de esta cordobesa, en el que ofrece todo un concepto y una experiencia estética sublime a través de doce canciones y una oración que sirve de apertura. Ultrabelleza es una fiesta mestiza, un jolgorio que entiende de la electrónica y que se enorgullece de la multiculturalidad española.
4.- Paralelas. Las Áñez (Colombia). Las hermanas gemelas Valentina y Juanita Áñez se han ganado a pulso un lugar destacado dentro de la música más visionaria de Hispanoamérica a partir de un folk minimalista que en sus inicios emanaba de unas cuantas percusiones, un pedal para generar loops y un tecladito (menos es más). Sin embargo, en Las Áñez siempre ha sido la voz la fuente primaria de esta forma exquisita de arte musical. Hoy día, el dueto de Bogotá no le pide nada a un disco de Fever Ray, Roisin Murphy, Dirty Projectors y Ely Guerra y eso gracias a que se ha mantenido fiel a su basamento conceptual: “Lo nuestro no es un solo género cerrado, sino que tiene un poquito de canción de Latinoamérica, pop, jazz y música de vanguardia”. Paralelas incluye una colaboración con otra colombiana, asentada en Canadá, que es otra figura de la canción experimental del continente: Lido Pimienta.
5.- Autopoiética. Mon Laferte (Chile/México). Como periodista, uno tiene que tratar de ser justo y ponderar a cabalidad cada obra por sí misma. De mi parte, jamás pensé tener a Laferte en uno de mis recuentos anuales, pero el hecho es que ha arriesgado bastante al apelar al eclecticismo y lograr una nutrida obra que tira de diversos géneros que van del downtempo (con tremendas cuerdas) a lo Portishead a la salsa, sin olvidarse del reguetón (teñido de industrial). En Autopoiética se inserta el trabajo poético de Esther Barría, al tiempo que se recurre a un aria de la ópera Norma del italiano Vincenzo Bellini que convive con el autotune (¡vaya posmodernidad!). Muchas ideas discursivas, recursos de producción y valentía creativa se mezclan en un rompecabezas muy bien concebido por la chilena devenida en chilanga por adopción.
6.- Manual de Romería. Rodrigo Cuevas (España). Se trata de un artista fascinante que ha partido del estudio y aprovechamiento del folklore español –principalmente asturiano y gallego– para irlo amalgamando con una carga electrónica y gran teatralidad. Ahora, Rodrigo Cuevas agrega una manera sobria de rapear, esto sumado a que ya tenía de su lado una valiente y gallarda postura de promotor del movimiento LGTBB+. De sus composiciones emana una sensación de que estamos ante una especie de juglar, de un narrador escénico al que además le atraen diversas formas de experimentación; pero si por algo destaca Manual de Romería es por su exuberancia, por su riqueza de arreglos y detalles de producción (a cargo de Eduardo Cabra “Visitante”, famoso por ser la mitad de Calle 13) que nos hacen sentir cómo es que la vanguardia brota a partir de elementos antiguos tanto musicales como letrísticos.
7.- Atómica. La Dame Blanche (Cuba). Asentada en Francia desde hace más de dos décadas, la cubana Yaite Ramos Rodríguez (nacida en Pinar del Río) hace gala de su origen afrocubano y lo canaliza para exaltar sus virtudes como cantante, flautista y percusionista y así sacarle el máximo rédito a su quinto álbum, una mixtura de hip-hop, trap y reggae en la que también brillan las colaboraciones de Aunty Rayzor, Amanda Magalhães y las dominicanas Mula. La artista tiene muy en claro su punto de partida: “He escogido defenderme en este terreno que es el hip-hop, un terreno de defensa, de decir lo que se siente, ejercer esa libertad de expresión”. Nueve canciones que transpiran sexualidad, garra y estilo ¡Candela pura!
8.- Todo va hacia el mar. Fin del Mundo (Argentina). Toman su nombre del calificativo que se le da a Ushuaia –allá donde finaliza América– y nos maravillan con un debut que alterna shoegaze con dreampop de una manera prístina y energética. Julieta Heredia, Lucía Masnatta, Julieta Limia y Yanina Silva decidieron reunir el material de dos discos EP previos para conformar un álbum que se siente muy cohesionado y congruente. Ellas han sabido también adaptar un texto de la gran poeta y ensayista Alejandra Pizarnik para abrir el disco y luego conducirnos por otras siete canciones que aún con su brevedad se bastan para transitar entre melodías de ensueño y estallidos guitarreros más intensos.
9.- La montaña. Los Espíritus (Argentina). Con Maxi Prietto al frente, este grupo posee un gran poder hipnótico que al mismo tiempo tiene mucho sabor hispanoamericano. Claro, es psicodelia, pero al estilo del sur del continente y ello le otorga tremenda personalidad sonora y distinción entre el resto de propuestas que desde allá emanan. Para su sexto álbum, el grupo ha tomado una decisión de peso histórico en cuanto al rock argentino: encargaron la producción a Mario Breuer y la mezcla a Joey Blaney, la mancuerna que hizo Parte de la religión (1987) de Charly García. Los Espíritus están a un nivel superlativo en términos estéticos, por lo que resta que vayan agregando seguidores de modo exponencial y quizá para ello es que han invitado a Dana Colley de Morphine y al tremendo guitarrista Marc Ribot.
10.- La sociedad de la cumbia (Big Band Live). Puerto Candelaria (Colombia). Juancho Valencia se dio a la tarea de crear arreglos maravillosos para el espectáculo que le da nombre al disco y en el que participaron más de 25 artistas en escena entre músicos, actores y bailarines. Aprovecharon el Teatro El Tesoro, en Medellín, para grabar en vivo y deslumbrar con la recreación de clásicos de la cumbia y algunos temas nuevos de la agrupación. La puesta en escena se centró en un club social que es escenario para una historia de amor imposible que se cuenta por medio de composiciones de Lucho Bermúdez, José Barros y Pacho Galán. Al final, fue tanto su impacto que se convirtió también en una miniserie de televisión transmitida por Teleantioquia.
11.- Mezcla Rica. Calequi y Las Panteras (Argentina). Javier Calequi & las Panteras (Laura Revuela y Luisa Corral) emprendieron varios viajes para ejercer su oficio y convertir sus hallazgos en una bitácora interesantísima de vivencias y ritmos. Se trata de un periplo que extrae la esencia de ciudades de Norteamérica (Nueva York), Centroamérica y el Caribe (Ciudad de México, San Juan, Santo Domingo, San José) y Sudamérica (Medellín, Montevideo, Buenos Aires, Sao Paulo, Santiago de Chile, Rio de Janeiro, Asunción, Lima). Hay canción, folk y ADN indie. Estamos ante un proceso muy rico de abstracción narrativa y musical que rebosa de invitados de lujo, entre los que se encuentran Kevin Johansen, Xoel López, Francisco El hombre, Lido Pimienta y Niña Lobo, más Jorge Drexler, quien se convirtió en el padrino internacional de la agrupación. Tal como indica su título, es una sabrosura.
12.- Madres. Sofia Kourtesis (Perú). Nacida en Perú, pero afincada en Berlín desde los diecinueve años (buscando alejarse de la homofobia), el debut en largo de esta DJ y productora está marcado por un cáncer muy severo que atacó a su madre. La artista logró contactar al neurocirujano de fama mundial Peter Vajkoczy para que la operara y terminó con un tema con su apellido en agradecimiento. Nos encontramos ante un álbum de house que no niega sus raíces latinas y que nos permite “bailar con lágrimas en los ojos”. Consigue momentos de intenso gozo por más que el trasfondo sea de sufrimiento puro.
13.- Aprender a ser. Mint Field (México). La historia de la agrupación comenzó en Tijuana –la esquina del mundo– y luego prosiguió en Ciudad de México, desde donde abordaron un tercer álbum muy exquisito. Estrella del Sol y Sebastián Neyra entregan diez canciones abocadas al dreampop que es conducido por una voz etérea que va desgranando una extensa paleta de emociones que van de la nostalgia a la melancolía. Sus composiciones son muy precisas y provocan un viaje sorprendente rumbo al espacio interior de cada uno de los escuchas. Mucha finura la de este dueto.