Ritmo peligroso y una pachanga contagiosamente riesgosa

Es la continuidad de aquella fuerza que en 1981grabaría el primer álbum de punk en la Gran Tenochtitlán; aquellos editados por el Hip 70 de Armando Blanco —una especie de manager del peligro—; aquella banda que alternó con grupos como Size, Casual, Watts, ‘he Plugz (L.A.) y el Heart Attack del ícono del punk neoyorquino Jesse Malin (D Generation / The Finger); la producida inicialmente por Ricardo Ochoa Munguía (Peace And Love / Náhuatl) y Max Reese (ingeniero de sonido de Tom Petty); los músicos punk del México en el que no pasaba nada; masterizados por Wally Traugott (el mismo que masterizó el LP de los Beatles Live At The Hollywood Bowl); la agrupación asediada por la represión policiaca de 1981, con el conocido Departamento de Investigación para la Prevención de la Delincuencia (DIPD); aquellos que lo destrozaron todo para comenzar de nuevo; los que nunca jamás volvieron a ser los mismos; el peligro que en cada presentación —desde los convulsos años de la presidencia de José López Portillo hasta el día de hoy— suena cada vez mejor; el grupo directamente influenciado por Ian Dury And The Blockheads; los amigos de Tito Larriva (Plugz), Circle Jerks, Black Flag y Fear; los de los hoyos funkies, los gallineros, los estacionamientos al aire libre y los “solares baldíos de amor” (como diría Rockdrigo); los que cambiaron el rumbo de la música en México para siempre y construyeron los cimientos del punk y el rock en México; los pintados al óleo por el artista plástico Mario Catalá (un auténtico vampiro); la banda sobreviviente al Rohypnol de los años ochenta; alineación de la que estaban enamoradas Alejandra Guzmán, Arianne Pellicer, Viridiana Alatriste Pinal y todas las Cachunes; la agrupación de la que escribiría José Agustín (Guadalajara, 1944) en su libro de ensayos La contracultura en México (1996); por la que pasaron músicos como Eduardo “Mangosta” Ávila, Fernando Nava, Diego García, Pablo Rascón, Jorge Bautista, Rafael Espinosa, Marcelo Aramburu, Johnny Danger, Cándido Neria y Carlos Warman; la que opacaría el concierto de Carlos Santana en León, Guanajuato, el 5 de noviembre de 1988 en el Nou Camp, donde más de treinta mil personas corearon al unísono: “Es el a a a del afecto / Es el e e e del amor”, coro del himno “La guerra acaba”; la misma de la que Chepito Áreas, percusionista del mismo Santana, tras escuchar la presentación de Piro y compañía, manifestó haber tenido una revelación divina en la que se le indicaba que aquel grupo iba a ser el mejor del mundo; la que estuvo presente en el Festival Chateau Rock de Córdoba, Argentina, el 16 y 17 de marzo de 1985, al lado de grupos y solistas como Fito Páez, G.I.T (quienes secuestraron a Avi Michel J.), Juan Carlos Baglietto, La Torre, Posdata, Zas, David Lebón, Raúl Porchetto, Los Enanitos Verdes y Soda Stereo; el conjunto que encendió el Teatro Metropolitán el 25 de agosto de 2012, donde coverearon temas de los Sex Pistols y Bob Marley, secundados por Sax de La Maldita Vecindad y Sabo Romo de Caifanes; el germen protozoario de la anarquía en México: Dangerous Rhythm que en su sagaz evolución —latinización— musical, se convertiría en lo que hoy conocemos como Ritmo Peligroso, bastión del post-punk, el rock latino y la conga.

Ritmo Peligroso presenta su más reciente material discográfico, Pachanga peligrosa (Vivo Musika, 2023), después de haber grabado En la mira (Comrock, 1985), Ritmo Peligroso (Melody Internacional, 1987), Cortes finos (Opción Sónica, 1998), Matacandela (Espiral, 2002) —producido por Sabo Romo, con esa hermosa obra de arte que es “Abandono”— y 40 años: pa’ lante hasta que tu body aguante (Dragora / Medios Mania, 2018).

En esta nueva producción, misma que corrió a cargo de Mosy Bit y Emiliano Aquino Ticó (Mexi-Latin), la banda con más de 45 años de trayectoria colabora con artistas como Cecilia Toussaint en el tema “Dejen a los niños en paz”, ‘El Gran Silencio’, en la canción “Un minuto de silencio” y el trompetista de ‘Panteón Rococó’ Yoanny Pino en el track “Culpable o inocente”. Pachanga peligrosa fue grabado en Discos Ciudad y Estudios Mosy.

Según la RAE, el término “pachanga” refiere a un alboroto, una fiesta; el ominoso diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define como una “diversión bulliciosa” en términos de coloquialismo, pero en cuanto a lo femenino, su significado se centra en una danza originaria de Cuba que tiene sus orígenes en el son montuno y el merengue. Fue Eduardo Davidson quien creó el concepto, junto a la Orquesta Sublime. La canción homónima se convirtió al instante en un éxito musical el mismo año en que Fidel Castro tomaba el poder en Cuba  y los artistas de la primera ola de emigrantes llevaron su música a otras islas y naciones.

Al ser cubano y líder de Ritmo Peligroso, Piro Pendás (La Habana, 1957) lidera la batuta de esta zambra estrepitosa y convierte la pachanga en algo mucho más clandestino, ya que su marca ha sido siempre la metamorfosis. Convirtió ese ritmo afrocubano en un peligro auditivo, algo completamente expuesto, como una fractura en la eufonía, un hueso roto que se vence por el baile, un movimiento de pogo y slam intrépido en medio de una pista de baile ofrendada a la salsa, el mambo, la rumba y el chachachá más dieléctrico y enfadado.

Ritmo peligroso, con su nueva alineación (Avi Michel J., Mosy Bit, Jorge Arce alias “Gato”, Armando Pinaca y Manny Murillo), celebra los términos de libertad, justicia y paz; el salirse de las cosas, de los ritmos y las vagancias de las etiquetas musicales: el ser extravagantes. La originalidad del Ritmo Peligroso de Piro Pendás consiste en la diligencia de la electricidad sonora. Esta aplicación instrumental, con base sólida en Pinaca (heredero de la tradición Santanera), abre una dimensión musical absolutamente nueva. Con este álbum, El Ritmo vuelve a dar cátedra, justo como lo hizo a finales de los ochenta, por el modo de concepción y apropiación sonora, ya que implica una renuncia a los carismas o dones conferidos anticipadamente por los dioses del Olimpo del punk, para entregarse de nueva cuenta a la semilla rítmica y original. En Pachanga peligrosa se escucha más a Cuba que en la mismísima Habana. Esta vocación (invocación) insólita, llevada hasta el límite extremo en la prestranza o ejecución de los instrumentos, es lo que ha convertido en una leyenda a Ritmo Peligroso, banda madre de un país sin hijos.

La agrupación presentará en concierto su más reciente álbum, Pachanga peligrosa, este 15 de noviembre, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Los boletos están disponibles en Ticketmaster México. Además, se ofrecerá un meet and greet en el turibús dedicado a Ritmo Peligroso, una pachanga previa a su concierto. Para esta fiesta, el registro debe realizarse por medio de Oye Digital.

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Publicado en: Discos