Hace sesenta años comenzó el ascenso de los Beatles a la fama mundial que ahora tienen. Un acontecimiento histórico. Aquí lo recuerdo más que nada para quienes empiezan a no saber quiénes fueron los Beatles y qué fue lo que hicieron.
Su primer disco de larga duración, titulado Please Please Me (“Por favor compláceme”), con catorce canciones, diez de ellas grabadas en un solo día, fue puesto a la venta el 22 de marzo de 1963. Para el mes de mayo de ese mismo año había llegado al número uno de ventas en Gran Bretaña, sitio que ocupó durante treinta semanas seguidas. El álbum que lo sustituyó en el número uno de la lista fue el siguiente LP de la banda, With The Beatles, hecho público el 22 de noviembre, y en la primera semana llevaba vendido medio millón de copias.
Tal efecto de mercado fue algo por completo inusual para la época en que ocurrió, porque en ese tiempo el público adolescente no consumía discos de larga duración en forma masiva y constante; el poder de compra de la juventud de los años cincuenta y sesenta estaba concentrado en los discos sencillos de 45 revoluciones por minuto, conocidos como singles (“sencillos”), con sólo dos canciones, una por cada lado, y en segundo lugar en los discos extended play (EP) de ese mismo tamaño y esa misma velocidad de giro, con dos canciones por cada lado; mientras que los discos LP (long play) incluían entre diez y catorce canciones y su precio llegaba a sextuplicar el de los discos sencillos, por eso su mercado base era el del público adulto con mayores ingresos e interesado más que nada en el jazz y la música clásica.

Para el mes de octubre de 1963, las catorce canciones de ese primer álbum de los Beatles sonaban en la radio y las rockolas de prácticamente todo el Reino Unido y al arranque del siguiente año, 1964, se habían agregado a tal difusión pública las catorce nuevas canciones del segundo LP de los Beatles. Nunca antes había ocurrido algo parecido en Inglaterra o en el mundo. El grupo integrado por John Lennon (guitarra y voz), Paul McCartney (bajo y voz), George Harrison (guitarra y voz) y Ringo Starr (batería) comenzó a llamar la atención de todo el mundo y no sólo por su música sino también por sus peinados, apariencia y actitudes ante los medios de la opinión pública.
Antes de la aparición de los Beatles, esos efectos de popularidad masiva eran cosa más bien de las grandes estrellas del cine, algo que había comenzado a principios del siglo XX, en sentido contrario, cuando Mary Pickford y Charles Chaplin visitaron Inglaterra, para continuar funcionando de modo ininterrumpido hasta ahora con una infinidad de luminarias del close-up hollywoodense que atraen a multitudes por su presencia física o metafísica.
Aunque en Estados Unidos en ese momento del inicio de los años sesenta las canciones de los Beatles no sonaban tanto en la radio y las rockolas y tampoco vendían muchos discos sencillos, hubo curiosidad por conocer y escuchar a estos cuatro melenudos que hacían rock de un modo novedoso desde la ciudad de Liverpool.
Fue en el mes de febrero de 1964 cuando los cuatro Beatles iniciaron en Nueva York una gira que fue calificada como el inició oficial de “la invasión británica”. Era el momento histórico en el que el rock inglés, afectado y educado por la presencia norteamericana en la isla durante la Segunda Guerra mundial y su posguerra, vino al Nuevo Continente e igualó y superó al rock norteamericano en su propia tierra. Un hecho del espectáculo musical de masas en el cual resultaron algo más que decisivas las presentaciones de los Beatles por televisión, dentro del programa que dirigía y conducía el maestro de ceremonias Ed Sullivan y que se transmitía en vivo durante las noches de los domingos para toda la Unión Americana.
La decisión de presentar a ese grupo inglés en el programa fue resultado de que uno de los buscadores de talentos musicales del show los vio tocar en Liverpool; por la reacción del público, de inmediato sintió que eran algo nuevo e interesante. Poco después, Ed Sullivan mismo vio en el aeropuerto de Londres cómo se comportaba una multitud ruidosa al recibirlos después de una de sus giras por el interior. Además, cuando Brian Epstein viajó a Nueva York para firmar el contrato por las tres primeras presentaciones, les aseguró que los Beatles crearían tumultos donde fuera, porque ya en ese momento crecía de forma notable el interés por ellos en Estados Unidos. El cobro total por las tres presentaciones del cuarteto fue de 2 mil 400 dólares, un monto equivalente a unos 18 mil dólares actuales.
Fueron tres las actuaciones de los llamados Fab Four de Liverpool en ese mes de febrero, las dos primeras se transmitieron en directo y la tercera estaba grabada. Con ello se dio el afortunado clic del carisma de cada uno de los integrantes del cuarteto con el oscuro objeto del deseo de la masa adolescente de la generación del Baby Boom en Estados Unidos y la “beatlemanía" comenzó a ser un fenómeno internacional que muy pronto desbordaría los marcos de la subcultura del espectáculo para los adolescentes blancos de clase media.
La primera manifestación de que algo fuera de lo normal estaba ocurriendo se dio el 7 de febrero de 1964 en el aeropuerto de Londres, cuando los cuatro Beatles abordaron temprano por la mañana un Boeing 707 de Panam para volar directo a Nueva York. Porque allí se reunió una ruidosa multitud de muchachas y muchachos para despedirlos y desearles un buen viaje, lo que provocó grandes embotellamientos en torno al aeropuerto y que todos los vuelos de ese momento se suspendieran. La noticia de esa despedida apoteósica, al ser transmitida por la radio norteamericana, provocó la curiosidad de los medios y movió a una nueva multitud de adolescentes gritonas al aeropuerto para darles ahora la bienvenida. Con los Beatles venía en el avión una docena de periodistas que los acompañaba con el fin de cubrir la gira para los medios de Inglaterra, donde la agrupación era tema constante de las noticias. Además, los cuatro muchachos de Liverpool estuvieron muy divertidos y brillantes en su primera rueda de prensa con los agresivos periodistas norteamericanos. Esto provocó gran interés por verlos en televisión.
Se vendieron más televisores de lo normal en las semanas previas a cada una de sus presentaciones en el programa de Ed Sullivan. La nación americana entera quería ver con sus propios ojos la rareza y supuesta novedad de los Beatles. Algunas personas lo hicieron para confirmar la admiración que ya les provocaban con su música y sus personalidades y otras, las más, para criticarlos por greñudos y afeminados y, sobre todo, por ser “monárquicos ingleses” y querer hacer música considerada como “norteamericana”.
Un día antes de su primera presentación con Ed Sullivan, hicieron un ensayo de lo que interpretarían. George Harrison estaba afónico y con temperatura, por los efectos del viaje y el cambio de clima, de frío a más frío todavía, por eso no estuvo presente en ese ensayo y se quedó a descansar y medicarse en el Hotel Plaza, donde estaban alojados. Nadie sabe cuáles fueron las medicinas que le recetaron para que al día siguiente se mostrara tan sano y completo ante las cámaras de la tele; en la ruda industria del espectáculo no hay antidoping ni cosa que se le parezca, más bien suele haber todo lo contrario (por las “medicinas” químicas, los Beatles tendrían más problemas a la larga que por los alimentos psicodélicos y la ganya). Durante el ensayo, tocó ocupar el lugar de Harrison a Neil Aspinall, amigo y secretario de los Beatles, y al asistente de producción del programa, Vince Calandra.
https://www.youtube.com/watch?v=s9HXjuTE9Uk
El día de la primera presentación con Sullivan, domingo 9 de febrero de 1964, había una entusiasta multitud rodeando la manzana donde está ubicado el estudio de televisión, todavía hoy en funciones, aunque esas personas sabían bien que no podrían entrar al pequeño teatro en que se hacía el programa, sí esperaban poder ver en persona y de cerca a los cuatro greñudos de Liverpool. Los Beatles esa vez rompieron todos los récords. Hubo más de cincuenta mil solicitudes de boletos para entrar a un estudio-teatro con un aforo de algo más de setecientos asientos –cuando Elvis Presley hizo allí mismo su primera presentación, en septiembre de 1956, sólo fueron siete mil las solicitudes, pero esa vez él cobró nada menos que 50 mil dólares.
El país literalmente se detuvo durante la hora que duró el programa en el que se presentaron por vez primera los Beatles. Se calcula que tuvieron una audiencia de setenta y tres millones de personas, un récord todavía impactante más de medio siglo después y algo pocas veces superado en el debut de una estrella del espectáculo musical en televisión.
Sullivan los presentó diciendo que habían recibido un telegrama de Elvis Presley y el Coronel Parker dándoles la bienvenida y deseándoles buena suerte. En realidad, Presley no firmó el telegrama, sólo fue una ocurrencia del Coronel. Presley nunca sintió gran simpatía por los Beatles, a los que siempre consideró como unos advenedizos del rock y unos invasores británicos de la escena donde él era El Rey.
A continuación, el cuarteto interpretó en vivo tres canciones de su primer LP: “All My Loving” (“Todo mi amor”), “Till There Was You” (“Hasta que llegaste”) y “She Loves You” (“Ella te ama”). Durante la segunda canción aparecieron unos carteles en pantalla bajo el rostro de cada Beatle: “Paul”, “George”, “Ringo” y “John”, éste con un letrero que decía: “Perdón, muchachas; pero él está casado.” De esta forma, el gran público norteamericano comenzó a conocer a cada uno de los cuatro Beatles por su nombre propio y sobre el efecto público de la imagen que proyectaron, más la información del documental de los hermanos Maysles sobre esa gira, se construyeron sus personalidades para las primeras dos películas que filmaron. Después de la primera parte del programa, el grupo volvió ante las cámaras para interpretar “I Saw Her Standing There” (“La vi allá”), de su segundo LP, y “I Want to Hold Your Hand”, (“Quiero estrechar tu mano”) del primero.
Como dije antes, allí se dio el clic de la fortuna. Hubo magia. Pasó algo asombroso. De un día para otro, estos cuatro muchachos de poco más de veinte años cada uno alcanzaron la fama mundial. De repente todo mundo estaba hablando de los Beatles, incluidos sus peinados (se decía que traían pelucas, que sólo eran unos cómicos y acá en México, obvio, los compararon con Los Xochimilcas).
También llamó la atención lo profesionales y amables que eran los cuatro músicos y toda la gente que los acompañaba.
La segunda presentación de los Beatles en The Ed Sullivan Show se dio una semana después, el 16 de febrero, desde el Hotel Deauville en Miami, Florida, porque desde allí se hizo la transmisión en vivo. Antes habían ensayado en el sótano del hotel, porque una multitud les hizo imposible acceder al escenario, lo que sólo pudieron hacer con ayuda de la policía a la hora de su presentación. Esta vez se quedó la audiencia en setenta millones de personas y ellos interpretaron seis de sus piezas: “She Loves You”, “This Boy” (“Este muchacho”), “All My Loving”, “I Saw Her Standing There”, “From Me to You” (“De mí para ti”) y “I Want to Hold Your Hand”.
En cuanto a la tercera presentación, había sido grabada antes de la primera. Allí cantaron: “Twist And Shout” (“Twist y gritos”), “Please Please Me” y “I Want To Hold Your Hand”.
https://www.youtube.com/watch?v=rkNWqJBxIP8
En general, fueron buenas presentaciones. Los muchachos dominaron bien los inevitables nervios y no mostraron miedo en escena, supieron actuar de acuerdo a lo esperado. Llenaron son su simpatía y carisma la pantalla televisiva. Quizás el único defecto de estas transmisiones está en el mal sonido de la televisión y en la falta de la importante producción de Georges Martin, pero también es verdad que los Beatles al tocar en vivo estaban por debajo de lo logrado en sus grabaciones.
Lo cierto es que de esta forma el cuarteto dejó de ser sólo un grupo de rock para adolescentes y se convirtió en un signo de los tiempos. Un fenómeno sociocultural interesante por la frescura que trajo a la sociocultura de la globalización del mercado del dólar y por la forma en que genera todavía acciones y conductas contraculturales, libertarias.
El montaje de las cámaras en las presentaciones con Ed Sullivan fue el usual para ese tipo de programas de espectáculos. Esto favoreció la sensación de proximidad con los muchachos y sus sonrisas, especialmente la de Ringo, en los constantes close-ups o primeros planos que les hicieron. Los otros encuadres utilizados sirvieron para determinar las imágenes o poses de lo que eran sus presentaciones tocando música en público y que de inmediato se transformaron en las figuras de sus representaciones icónicas en una infinidad de objetos comerciales, una comercialización bien dirigida por Brian Epstein como representante y negociador del grupo.
Después de esas tres presentaciones de febrero de 1964, los Beatles sólo volvieron a estar dos veces más en El Show de Ed Sullivan que los lanzó a la gloria. La cuarta vez fue el 24 de mayo de ese mismo año, en una entrevista pregrabada y también con la interpretación de una canción pregrabada: “You Can’t Do That” (“No puedes hacer eso”). El domingo 12 de septiembre de 1965 se presentaron por última vez en la emisión, tocando sus canciones en una pregrabación llevada a cabo el 14 de agosto. Allí, después de tres actos previos de otras personas, se presentaron ellos con “I Feel Fine” (“Me siento bien”), “I’m Down” (“Estoy apachurrado”) y “Act Naturally” (“Actúa natural”), para después cerrar el programa con “Ticket to Ride” (“Boleto para viajar”), “Yesterday” (“Ayer”) y “Help!” (“¡Ayuda!”).
Cuento todo esto de los Beatles en el programa de Ed Sullivan para refrescar los recuerdos de quienes han vivido como yo la beatlemanía desde sus ahora distantes inicios. También lo hago para despertar la curiosidad por los Beatles y su valor histórico en quienes, más jóvenes, sólo reciben los fantasmas de su fama y su mito. Un mito y una fama que tendrán altibajos sin duda, pero que también sin duda estarán vigentes por un largo tiempo. Porque no me cabe la menor duda de que la historia de los Beatles es algo digno de ser conocido por todo mundo de aquí para siempre, no necesariamente para admirarlos o despreciarlos, sino para reconocer que, por su trascendencia real en la historia universal, ellos cuatro señalan de modo efectivamente simbólico el momento histórico en que la cultura de élite (“Revolución 9”) y la cultura popular (“Todo lo que necesitas es amor”) dejaron de tener claras fronteras entre sí. Algo que favoreció más que nada al mercado corporativo –ni quien lo dude tantito–, pero algo que también permitió el avance subterráneo del deseo, en todo el mundo, de ser cada vez más libres y felices. Un gran logro libertario, la utopía de la paz perpetua y el gobierno correcto del planeta, un deseo transmitido en parte por los Beatles y su buena fortuna como comunicadores. El efecto de alegría y optimismo sinceros que provocaron y provocan desde las catorce canciones de sus primeros dos álbumes y las imágenes audiovisuales de esas primeras tres presentaciones de hace sesenta años en el programa de televisión de Ed Sullivan.