La lista completa de los grupos para los cuales el icono (artístico) llamado Velvet Underground ha sido referencial a lo largo de la historia del rock, desde los años sesenta (con su primer álbum, The Velvet Underground & Nico, de 1967) sería inabarcable e infinita, puesto que con el paso del tiempo se siguen agregando nombres tanto de bandas como de solistas, así como tributos a su obra.
El grupo neoyorkino, su discografía y sus miembros (Lou Reed, John Cale y Nico, de manera preponderante) han sido una importante fuente de inspiración para la cultura rockera (y con ella abarco todo su espectro rizomático) desde hace más de medio siglo.

A fines de los sesenta la influencia del Velvet Underground aún se hacía sentir muy poco, pero fue aumentando a principios de la década siguiente (tras su disolución), con el movimiento del glam rock, y llegó a uno de sus picos culminantes durante los años del punk y del postpunk.
A comienzos de los ochenta, su herencia parecía lejos de haber caducado y volvió con mayor fuerza al finalizar el decenio. Durante los años noventa, cuando se sintonizaba 120 Minutes de MTV, por ejemplo, parecía como si todos los grupos del estilo indie portaran el sello del Velvet.
Uno de los primeros grupos en seguir el ejemplo de los neoyorkinos fue el germano Can. Irmin Schmidt y Holger Czukay, sus fundadores y alumnos de Karlheiz Stockhausen, pudieron identificarse con el rompimiento que John Cale realizó con el avant garde clásico. “Los miembros de The Velvet Underground tocaban sus instrumentos como unos posesos. Fue muy liberador escuchar eso”, indicó alguna vez Czukay con tono de admiración.
Al poco tiempo, surgieron otros grupos que también reunieron los collages sonoros de la música electrónica y experimental con la simpleza estruendosa del rock, entre ellos Kevin Ayers and The Whole World (con quienes el compositor inglés David Bedford desempeñó el papel de Cale) y Roxy Music (dentro del cual esta tarea le correspondió a Brian Eno).
A comienzos de los setenta, la música de Velvet Underground adquirió otro significado. Los personajes esquivos y andróginos de las canciones de Lou Reed, propios del entorno de Warhol, y la sexualidad no del todo definible del cantante resultaron ser afines con una nueva moda, el glam rock.
Al poco tiempo fue cosa común ver a hombres con maquillaje y a estrellas de rock con trajes de travesti. Los New York Dolls, los Spiders from Mars de Bowie, Roxy Music, Iggy y los Stooges, Mott the Hoople: por doquier los grupos recorrían los escenarios encaramados en zapatos de plataforma.
A los pocos años se produjo otra reacción: el punk. El nuevo manifiesto dictaba: apréndete tres acordes y funda un grupo. Muy bien, pero ¿qué canciones se han de tocar? Desde luego los viejos éxitos del Velvet, cosas como “White Light/White Heat” y “Sweet Jane”. Joy Division, que dio inicio a la época del postpunk “industrial”, incluso se atrevió a realizar un cover de “Sister Ray”.
Llegaron los ochenta. Para R.E.M., con su actitud optimista y políticamente comprometida, el repertorio del Velvet Underground no necesariamente hubiera parecido ser el adecuado. No obstante, a Michael Stipe le gustaba cantar “Femme Fatale” y “Pale Blue Eyes” al término de sus conciertos y ambas piezas aparecieron en el álbum Dead Letter Office.
En el otro extremo del espectro, The Jesus & Mary Chain atacó los gustos y los canales auditivos con una amalgama de rock de garage y feedback, lo cual trajo a la memoria la estrategia del shock seguida por el espectáculo Exploding Plastic Inevitable del combinado Warhol-Velvet Underground.
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Nunca fue un secreto para nadie que la agrupación Birthday Party le debía mucho al Velvet Underground, pero el hecho acabó de revelarse cuando Nick Cave interpretó “All Tomorrow’s Parties” en su álbum como solista Kicking Against the Pricks.
Desde luego, uno de los muchos tributos que salieron a la venta en los años ochenta se dedicó a The Velvet Underground. En Heaven and Hell, las canciones del grupo corrieron a cargo de Echo and The Bunnymen, Bill Nelson, Fatima Mansions y Shelleyan Orphan, entre otros, quienes resultaron incapaces de mejorar el material, pero sí justificaron su estética.
Al finalizar la década, la escena del indie se hundió en la moda de la tristeza. Conforme a esta evolución, de repente cobró importancia el tercer álbum de The Velvet Underground. La falta de energía fue la característica más destacada que en él se comparte con los sonidos desganados de agrupaciones como Galaxie 500, Spiritualized, Spacemen o The Cure.
¿Y qué siguió? La vuelta al mainstream: Billy Idol hizo un cover de “Heroin” y Bryan Ferry interpretó “All Tomorrow’s Parties”; luego el rock gótico, el ambient, la dark wave y demás derivados dieron fin al siglo XX. Sin embargo, lo que era seguro fue que habría más velvetmanía a la vuelta del milenio.
¿Y cuál era la punta de lanza para tal convencimiento? The Velvet Underground & Nico. Un hito en la historia del rock, el cual se adelantó por años luz a su época. La obra se basa en material excelente; las guitarras rítmicas escandalosas, la viola atonal de Cale, la batería minimalista de Tucker y el canto frío de Nico se encargan de producir la atmósfera única de este álbum: destructiva y melancólica.
De todas las críticas que llovieron tras las primeras presentaciones del Velvet en 1966, al poco tiempo de su fundación, en el club Dom de Nueva York y posteriormente en el Trip de Los Ángeles (y esa fue otra historia) –críticas que el grupo tuvo el placer perverso de reproducir en la funda de su primer álbum y de las que realizaron su selección entre las más virulentas, y definitivamente tuvieron de dónde escoger–, la de Los Angeles Magazine fue la que más se acercó a la verdad: “Después de que el Titanic se estrelló contra un iceberg, no se conoció un choque semejante hasta que el espectáculo Exploding Plastic Inevitable estalló sobre los espectadores en el Trip”.
Independientemente de lo que pueda tener de fascinante relacionar de esta forma dos acontecimientos, así como la efímera visión de una versión de “All Tomorrow’s Parties” hundida bajo el hielo, dicha evocación de un choque sin duda ubica de la manera más justa el origen de lo que seguiría, como el portador de consecuencias trascendentes.
El siglo XXI los vuelve a evocar con un nuevo álbum de covers titulado I’ll Be Your Mirror: A Tribute to The Velvet Underground & Nico (Verve Records). Dirigido por el legendario productor Hal Willner, antes de su muerte en el 2020 y que continúa dejándonos herencias, el homenaje abarca las once canciones que se encuentran en el emblemático disco de 1967.
Entre los artistas que contribuyeron a esta compilación están Michael Stipe (“Sunday Morning”), Iggy Pop y Matt Sweetney (“European Son”), Thurston Moore (“Heroin”), St. Vincent (“All Tomorrow’s Parties”), Sharon Van Etten con Angel Olsen (“Femme Fatale”), Matt Berninger de The National (“I’m Waiting for the Man”), King Princess (“There She Goes Again”) y Courtney Barnett, con la que da nombre al disco. Todo un abanico de generaciones que parte de los años sesenta, cubre las primeras décadas del siglo y finaliza con la intérprete del mejor álbum de rock del 2020.
El Velvet Underground continúa irradiando su legado, su estética y su sonoridad.