Son pocos los guitarristas de blues que con un riff aparentemente simple (como el de “Dust My Broom”) impusieran parámetros tan influyentes. Uno de ellos fue el bluesman Elmore James, quien además fue un estupendo cantante.
Un riff es una frase musical distinguible y pegajosa que se repite a menudo a lo largo de la pieza y es normalmente ejecutada por la sección de acompañamiento. En el rock representa la introducción del tema a partir de la guitarra. Una herencia directa del blues.

James produjo uno de los riffs más reconocibles en ambos géneros. Con una técnica distintiva, hacía deslizarse por las cuerdas a la bottleneck y hacer gemir y aullar a su guitarra eléctrica como ningún otro hasta entonces. Fue su sello distintivo y su marca registrada.
Instrumentistas blancos que también han impuesto sus personalidades dentro de ambos géneros en las cuerdas, desde Duane Allman hasta Johnny Winter, pasando por Ry Cooder, Rory Gallagher, George Thorogood, Jeremy Spencer de Fleetwood Mac, Brian Jones de los Rolling Stones, Alan Wilson del Canned Heat, Stevie Ray Vaughan o John Mayall, entre otros, incluyeron el sonido del legendario bluesman dentro de sus repertorios. Una forma explícita de reconocimiento hacia el que fuera llamado “El rey de la guitarra slide”.
En tiempos más recientes, en el 2018, un puñado de intérpretes le rindió otro tributo en el disco Strange Angels in Flight with Elmore James, realizado completamente con técnica monoaural como la que utilizó James en sus propias grabaciones. En el álbum estuvieron Elayna Boynton, Betty LaVette, Rodney Crowell, Warren Haynes, Deborah Bonham, Keb Mo’ y Tom Jones, por mencionar a algunos de ellos.
En la lista de canciones aparecen títulos como “Person to Person”, “Shake Your Money Maker”, “It’s Hurt Me Too”, “My Bleeding Heart” y, por supuesto, la más clásica de todas: “Dust My Broom”.
En el origen de este tema, un hombre pretendía volver a casa para confesar a su mujer que le había sido infiel; si ella no estuviera ahí, la buscaría donde hiciera falta. A partir de ahí se forjó el tópico que recorrería varias versiones. La de Robert Johnson cambiaría el signo: ella sería la infiel, él se debatiría entre irse de la casa, dejándola libre para que maltratara a otro o buscarla por donde quiera y continuar a sus pies.
Con este giro nació “I Believe I’ll Dust My Broom” (“Creo que voy a pasar la escoba”). Johnson puso la silla en un rincón del cuarto del hotel que servía de estudio de grabación y tocó frente a la pared, en busca de un sonido más eléctrico.
De esta manera, la composición entró a formar parte del menú bluesero como uno de los cóvers más recurrentes; eso, debido a la adaptación que hizo Elmore James tiempo después, pero, sobre todo, debido a su riff inicial en la guitarra slide, uno de los más reconocibles de toda la historia del género.
El título primigenio se redujo a “Dust my Broom” (“Paso mi escoba”) y fue grabado por James el 5 de agosto de 1951 para el sello Trumpet, acompañado por Sonny Boy Williamson II en la armónica, Odie Johnson en el bajo y Frock O’Dell en la batería.
Pero Elmore James no sólo creó tal riff, también añadió una última estrofa para retratar al pobre engañado como un tipo obsesivo, atrapado por sus sentimientos, enganchado por ellos a una mujer infiel, un hombre que se debate entre marcharse ya (“dust my broom” se refiere metafóricamente a huir y abandonar a alguien) y reconocer su derrota ante la mejor mujer que ha podido y podrá encontrar, dejar el camino libre para otros, o buscarla por doquier. Al final, tras gritar a plena voz que ella no es buena y pedir que no la dejen pisar la calle, opta por seguir como estaba para no romper su dulce hogar.
James también quedó atenazado por esta canción, la cual grabó en diversas ocasiones (con el mismo u otros diversos títulos) y a la que buscó remedos burdos como “Dust my Blues (Trumpet, 1955). La pieza quedó plasmada como marca de la casa e incluso nombró a su grupo como The Broomdusters.
A la agrupación la adoptó cuando el éxito con sus canciones le infundió el ánimo necesario para viajar a Chicago con su guitarra eléctrica (se sigue especulando sobre si fue él quien la introdujo en el Delta, allá por 1945) y tocarla de manera ansiosa, furiosa, más que amplificada hasta su distorsión. Se convirtió en el pionero impulsor del poder que emanaría del instrumento en el blues de los años cincuenta.
Su estilo sin trabas (concreción de aquel muchacho que siendo campesino y animador en las juke joints locales, quedaría fascinado al escuchar a unos guitarristas hawaiianos) se convirtió en un flujo apasionado que se distinguía por el sonido característico del slide blues, así como por su enérgica y espléndida voz de falsete. De tal suerte, se autoproclamó soberano de aquella guitarra y padre de la bottleneck.
Elmore James había nacido en el Condado de Holmes, en Mississippi, el 27 de enero de 1928. Comenzó su carrera por aquellas localidades al lado del intérprete de la armónica Rice Miller (más conocido como Sonny Boy Williamson), con quien se mantuvo durante varios años, hasta que consiguió su primer contrato de grabación en 1951. Fue cuando se trasladó a Chicago.
Durante la Segunda Guerra Mundial y años posteriores, aumentó la migración de la población negra de los estados del sur de la Unión Americana hacia las grandes ciudades septentrionales. El blues también viajó, adaptándose a su nuevo ambiente. Esta adaptación se manifestó sobre todo en la transición del blues acústico al eléctrico y, en forma análoga, en el ascenso de los grupos a expensas de los solistas.
Se trataba de una música muy espontánea, con guitarras sobre amplificadas y en muchos casos con mucho swing, además de sentidos solos de armónica y mucha diversión (en este sentido, se recuerda la versión de treinta minutos del propio James del tema “Shake Your Moneymaker”, en la que, según los testigos de aquella ejecución, “no había pista de baile sino sólo baile”).
James se acomodó a su propio estilo y ahí permaneció y se mantuvo (también como un apasionado bebedor de whisky). Con sólo poner “Dust My Broom” y escuchar los primeros acordes, se sabe que la guitarra slide había llegado para quedarse, al igual que el rock and roll. Ambos aparecieron en el mismo año.
Sin embargo, no fue así con Elmore. La naturaleza –que le había dado el genio– también lo dotó de un físico frágil que finalmente lo llevó a la muerte, de un infarto, a sus tempranos 35 años de edad, el 24 de mayo de 1963, en pleno Chicago, la “Ciudad del viento”.