Las constelaciones de Milo Tamez

Milo Tamez es un baterista de amplio historial y experiencia. Su más reciente propuesta es una obra titulada Constelaciones Orca, dividida en secciones (él las llama iteraciones), cada una de las cuales se subdivide en tres o cuatro sesiones siempre llevadas a cabo en directo.

En ellas presenta un fragmento de esa magna composición y cuando lo hace ya tiene en mente el siguiente (“todo este material lo recolecto, lo estudio, lo analizo y extraigo lo más interesante de lo que sucedió aquí y con eso construyo la música de la siguiente sesión, de manera que va creciendo el proceso”, explica). Una característica de esta obra monumental es que la batería –o las baterías– es el centro de la misma. A su alrededor convoca otros instrumentos, regularmente alientos.

Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta
Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta

El sábado 24 de junio, en Jazzorca, Tamez da inicio a la Iteración II. La pregunta de quienes se encuentran familiarizados con el sitio es: “¿dónde van a poner cuatro baterías?”. Porque para el primer set se anuncia a Milo Tamez, Gabriel Lauber, Darío Bernal y Miguel Francisco en los tambores. Si la conformación instrumental es extraña de entrada, la sensación se aligera un poco al saber que en el segundo set están Ernesto Andriano y Germán Bringas en saxofones.

“¿Qué esperar de cuatro baterías?”, es la otra pregunta que ronda nuestras cabezas. Primera y única respuesta: lo no-obvio: un festín rítmico no será, tampoco una batucada magnificada por el número de tambores y menos habrá de esperarse una noche de unísonos (aunque sí los habrá, pero serán excepción).

Cuando Milo Tamez sube al escenario, toma la palabra, presenta a sus compañeros y dice: “Vámonos recio”, la música comienza a desenvolverse y se establecen diálogos, conversaciones; cada kit de percusión hace algo diferente. Los silencios son pocos, inexistentes, aquellos que se suscitan se llenan con el golpeteo del compañero de al lado, pero si ustedes creen que por ello el concierto está perlado por la saturación, se equivocan. Hay espacios, la música tiene su propia respiración, su ritmo interno y los cuatro saben cómo manejarlo, cuándo montarse en la idea del otro, seguirlo o discrepar.

https://www.youtube.com/watch?v=mu1PS_yHBsg

Antes de iniciar la segunda parte del primer set, Tamez habla brevemente de Constelaciones Orca. Toma unas hojas de papel, mismas que tienen los demás sobre sus atriles y explica someramente de qué va…; aunque es imposible comprenderlo, porque ante nosotros despliega una sábana con complejas gráficas que serán ellos quienes traducirán en sonido: “Va así, sigue así… y luego la echamos a perder con un poco de teoría musical, pero la rescatamos”.

Una buena parte de esa segunda composición se desarrolla a partir de la utilización de los platillos, de cómo decida utilizarlos cada uno, y el resultado suena muy bien, el todo es armónico, incluso melódico por momentos.

Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta
Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta

Milo Tamez levanta la mano izquierda y es el anuncio del cambio. Cuando la deja caer, todos sin excepción se concentran en la totalidad de su instrumento, pero hay instantes en los cuales alguno de ellos calla o solo dos de ellos “hablan”. En más de veinte minutos tenemos una gran improvisación, un árbol en crecimiento al que podemos ver cómo germina.

El segundo set arranca con un feroz ataque del sax de Ernesto Andriano, a quien se le une poco después Germán Bringas. Ambos juegan con su instrumento, lo hacen hablar, gritar y es manifiesto que la aparente inconexión del coloquio está dotada de mucho sentido. Cerca de los seis minutos ambos disminuyen la intensidad, pero mantienen la plática: improvisan, extraen de sus saxos sonidos que toman desprevenidos a algunos –los menos–, hacen solos pero sin alternarse y de pronto, paulatinamente, junto con el silencio comienza a ascender el trémulo sonido de los platos, cual si fueran gongs que comienzan a ser golpeados con delicadeza y crean un drone que invade cada una de nuestras fibras pero logra mantener un volumen adecuado y encuentra su resolución once minutos después, cuando la mano siniestra de Tamez desciende y llama al ensamble a tocar a full.

Contra lo que pudiera pensarse y dada la instrumentación usada, hay matices, pero esta primera parte del segundo set se ve permeada por una tormenta sonora de la cual es imposible escapar. Es como si zozobraras en alta mar y luego de sobrevivir al embate de una ola, recibieras el golpe de la siguiente; así es el asalto a los sentidos que estos seis prodigan y que regresará al drone original en su conclusión para recuperar la figura inicial, pero ahora en sentido inverso.

Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta
Fotografía: Rafael Arriaga Zazueta

El cierre de la noche se mueve en la misma tónica: improvisación, técnicas extendidas, solo de alguno de los saxofonistas, embates de sonido intensos y prolongados. No hay calma, ésta ha sido erradicada. Apenas hay tiempo para recuperarse. Otra vez nos vemos sumergidos en un océano turbulento, generado en cada acometida de estos músicos que se han transformado en emisarios del Apocalipsis y momentáneamente nos arrebatan la tranquilidad.

Al caer la última nota queda ese sabor de la intriga, el misterio. Por hoy, la segunda etapa de Iteraciones es clausurada, pero dista mucho de haber concluido y habrá que regresar para la continuación en una próxima sesión que, émula de las novelas del siglo XIX cuyas entregas eran en folletines, promete sorpresas no exentas de altibajos.

 

Constelación Orca, Iteración II, 8 y 22 de julio, 20 hrs., Café Jazzorca, Municipio Libre 37-A, Col. Portales.

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Publicado en: Crónica