US Rails y la gesta cotidiana del mito

Los mitos forman parte de todas las culturas. Son relatos que se trasmiten en forma oral o escrita y que narran acontecimientos, sobrenaturales o no, que sirven como explicación para distintas cosas.

Esas narraciones pueden ser tomadas como verdaderas  por entero o en algunas de sus partes, ya que surgieron para dar respuesta a las interrogantes sobre el origen y la permanencia de distintos fenómenos. Por ello existen variados tipos de ellos, entre otros los teogónicos (narran el origen de las deidades), los etiológicos (que lo hacen con el de otros seres y fenómenos, rituales y costumbres) o los fundacionales (sobre la edificación histórica).

Los mitos fueron y son creados con el fin de comprender cómo las diversas sociedades percibían o perciben al mundo, además de ser una fuente importante para entender la cosmovisión de las civilizaciones. En la nuestra, la historia de uno de sus grandes fenómenos sociales se fundamenta también en sus mitos y me refiero a la historia del rock & roll.

Los mitos de esta música se sitúan en tiempos determinados, ubicados en las continuas décadas de su desarrollo. Los protagonistas que los comprenden son personas que, con el devenir de acontecimientos y corrientes, se transforman en personajes heroicos (en algunos casos fatales o elevados a la categoría de dioses o semidioses) de narraciones orales que se transmiten de generación en generación y algunas incluso pasan a convertirse en textos escritos (biografías, autobiografías, ensayos o investigaciones), con explicaciones a diversas cuestiones como sus orígenes, batallas existenciales,  hazañas estéticas, aventuras escénicas y discográficas, su vida y su muerte, la fundación de estilos y su legado.

El objetivo de tales relatos es explicar el porqué de determinados sucesos, su contexto, su normatividad artística, costumbres y rituales o servir como referencia frente a preguntas que no tienen respuesta sencilla. Por lo general, en tales textos los mitos no aparecen contados de manera completa (siempre faltará algo), sino que se van encadenando con otros en el tiempo, como el work in progress sociocultural que corresponde a toda cultura viva.

Así pues, la historia del rock son sus mitos y la del subgénero de raíces es una de las más importantes. De la misma manera que el garage o el rockabilly, este subgénero (roots-rock o americana) posee una definición tan sencilla como de intrincado desarrollo. Por lo tanto, hay que ir por partes en su explicación.

En primera instancia, se debe decir que al igual que los mencionados, se trata de un estilo emblemático, un representante de las esencias del rock and roll, cuyos ejecutantes son lo mismo una comprobación constante de la revelación de tal arcano como avatares que aparecen y desaparecen a discreción, a modo de llamadas de atención.

Esto significa que son historia y guardia pretoriana al servicio de un Santo Grial sonoro. Su existencia se lee como novela negra y se mira como una road movie. Es flexible en su ubicuidad y firme en su propósito: mantener viva la llama de un sonido que, estoicamente, invita a la amalgama intergeneracional, mientras combate con su sola presencia a aquellos que intentan disolverla.

Asimismo y de manera paradójica, cada uno de sus intérpretes es tan contundente y su obra tan sólida que por lógica elemental deberían ser considerados y tratados como superestrellas y, sin embargo, no lo son. Por el contrario, la mayoría de ellos continúa en el primer circuito de la escena: en el camino. Con sus bares y moteles, con sus historias fugaces de pérdidas y soledades, de amores y ocasos.

Obviamente, hay quienes han trascendido esa barrera y hacen constar en grandes conciertos de estadio su importancia, pero son los menos (Bruce Springsteen y la E Street Band, John “Cougar” Mellencamp o Bob Seger & The Silver Bullet Band, por mencionar a algunos).

No obstante, los más permanecen en sus campers, en sus camionetas, transportándose ellos mismos, a sus instrumentos y quizá con un roadie al volante (al que incluso pueden utilizar como músico en caso necesario).

Entre los entendidos (músicos, productores, relatores de la historia del género), su moneda es de alta cotización; su obra, fuente de admiración y placer y sus discos, objetos de colección. La mayoría posee el reconocimiento y una razonable lista de seguidores.

Dentro de este conglomerado selecto se encuentra US Rails, un grupo experimentado, oriundo de Filadelfia, que ha tocado en infinidad de bares a la orilla de las carreteras y en salas pequeñas de muchos lugares. Son un verdadero compendio del rock, ese que contiene en su haber raíces del blues, del folk, del rock californiano o del rhythm and blues y en cuyas alforjas líricas se encuentran buenas composiciones sobre sueños que acaban rotos, amores insospechados y palabras que pueden servir de compañía.

La agrupación tiene en su haber siete discos de estudio (desde el US Rails, con el que debutó en el 2010, hasta el Live For Another Day, del  2023, pasando por Southern Canon, Heartbreak SuperstarIvy, We Have All Been Here Before y Mile By Mile, más tres discos en concierto: Live Europe, Right Where We Left It y Last Call at the Red River Saloon), y un bagaje que va de “Love in Vain” de Robert Johnson a “Loving Cup” de los Rolling Stones y, en medio, los ecos de Atlanta Rhythm Section, Eagles, Crosby, Stills, Nash and Young, Jackson Browne o Tom Petty, entre otros.

Todas estas influencias emergen en cada uno de sus álbumes, a los cuales habría que describir como atmósferas de noches de bar en que los tonos y armonías vocales son como experiencias sonoras de primera vez y en los que a cada canción le proporcionan saber, vida y pasión, se trate de un tema de amor fugaz y su celebración o un recuerdo que reclama por mantenerse vivo. La existencia cotidiana, sus dudas y cuitas. En esencia: el mensaje eterno del rock.

US Rails se formó tras la desbandada del grupo 4 Way Street, primeramente, como quinteto, con Ben Arnold (guitarra acústica, piano, órgano y voz), Scott Bricklin (bajo, guitarra acústica, órgano y voz, multiinstrumentista, productor, ingeniero de sonido, cantante y compositor), Matt Muir (batería), Tom Gillam (guitarra eléctrica, slide y voz) y Joseph Parsons (guitarra y voz).

Luego de la salida de Parsons (que se fue a vivir a Alemania), han continuado como cuarteto hasta la fecha. Así produjeron su reciente álbum Live for Another Day (2023), un compendio de canciones forjadas durante la pandemia, con el objetivo de plantarle cara a la desgracia colectiva. Son historias de desafíos, caídas y nuevos retos, impulsadas por sus guitarras y voces errabundas y los sentimientos a flor de piel.

Sus armonías vocales se funden en las diez piezas que lo componen: desde la que da título al disco, “Can’t Let it Go”, “Too Much Is Never Enough” y “What Did I Do?” hasta “End of Time”, mientras la guitarra slide enfatiza cada palabra y da a entender que como lo veteranos que son, continuarán evolucionando, persistiendo y haciendo ese rock icónico con las raíces bien puestas, convertidos también en compañeros solidarios y de nocturnidades, en verdaderos guías para la educación sentimental frente a las adversidades, a cualquier edad, en cualquier momento.

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Publicado en: Sonidos de Babel