Greco Bastián, un prog desde las palmadas y los silbidos

2022 fue un buen año para el rock progresivo hecho en México, debido a la aparición de varios discos del género; pero la sorpresa, indudablemente, fue el lanzamiento de With a Little Hell from My Friends (Azafrán Media), primera placa en formato físico de Greco Bastián.

Se trata de una obra impresionante, vanguardista, de altos vuelos, cuyo compositor confiesa “literalmente no tocar nada” y en la que encontramos colaboraciones de importantes personalidades de la escena progresiva mundial, entre ellos Tatsuya Yoshida (Ruins), Jean-Luc Plouvier (Univers Zero), Matt Lebofsky (Secret Chiefs 3) y Emmet Elvin (Guapo).

Bastián radica en Acapulco, Guerrero, y cuenta con varios álbumes –los cuales pueden encontrarse en su página de bandcamp– que si bien presentan detalles en lo referente a la calidad de su grabación, dejan ver una imaginación desbordada, una asombrosa musicalidad y un irreverente sentido del humor, plasmado en los títulos de sus composiciones.

Sin embargo, quien esto escribe no estaba preparado para lo que With a Little Hell from My Friends develó a sus oídos; así que ¿cómo explicarse que en los créditos del álbum sólo aparezca como compositor y ejecutante de los vst effects (instrumentos virtuales computarizados)?

La historia es interesante. Cuenta Bastián: “Desgraciadamente, nunca estudié música. Como a los dieciséis años me di cuenta de que no a todos los jóvenes de mi edad les pasaba lo mismo que a mí en el sentido de poder ‘escuchar melodías en la cabeza’. Por destino o por suerte, mi círculo inmediato de amigos tocaba instrumentos y decidí unirme con un teclado barato para formar una banda que sirviera de vehículo a esas primeras ideas musicales. Sólo aprendí acordes naturales y me limitaba a tocar bases muy escuetas, recargando la complejidad técnica en los que sí contaban con años de práctica. Mientras mi curiosidad y estilo se fueron tallando, llegó también el punto en que nos vimos imposibilitados de ejecutar las nuevas canciones y cuando la internet comenzó a proveer de herramientas digitales para la composición, opté por dar el paso al frente: aprender notación musical básica, con el fin de escribir y escuchar en un software, aunque fuera de manera primitiva, mis ideas en su forma más fiel y estricta. Eso es todo lo que sé sobre música. No conozco ninguna escala, modo, regla o concepto de los que rebosa la teoría musical que se enseña en los conservatorios”.

En el mismo tono confesional, prosigue: “Hace más de diez años me deshice del único teclado que tuve en la vida, de manera que sólo compongo de oído, lo paso a partitura como Dios me da a entender y lo hago sonar hasta que se parece lo más posible a cómo se oye en mi cabeza. Así compartí las composiciones con todos los involucrados en With a Little Hell from My Friends por e-mail y recibí sus partes ya grabadas vía links de WeTransfer”.

With a Little Hell from My Friends es una especie de “catálogo reducido” del trabajo de Bastián, pues incluye composiciones que van de 1998 al 2022 y posee un tono ecléctico, con temas –dice su autor– “diferentes entre sí, para de alguna manera saludar este debut con un ‘muestrario’ de estilos, géneros y recursos”.

No es la primera vez que una obra del rock progresivo hecho en este país incluye músicos de otras latitudes, pero en este caso particular llama la atención la abundancia de talento proveniente del exterior. De cómo se dieron estas colaboraciones cuenta nuestro entrevistado: “Sinceramente, en un inicio jamás pensé en armar el proyecto con esta clase de monstruos musicales. Todo comenzó cuando, buscando una especie de ‘validación’ de la idea del disco, envié maquetas de las canciones a algunos de mis ídolos del avant-prog. Mi sorpresa fue enorme cuando su respuesta no sólo fue un ‘suena bien, deberías hacerlo’, sino que se ofrecieron a ayudarme con un ‘si quieres, yo puedo grabar tal guitarra, tal bajo, tal batería’. Cuando esto se replicó con varios exponentes internacionales, aceleré este proceso de hacer llegar la idea a más y más de mis músicos admirados. Al final, sus agendas y disponibilidades permitieron tener dentro de With a Little Hell from My Friends los nombres que ya conoces”.

Producida por el propio Greco Bastián, el disco contiene nueve cortes en una vena del rock en oposición, con cambios de tiempo vertiginosos, secciones diferentes, demostraciones de virtuosismo nada gratuitas, solos expansivos, imaginación delirante, paradas y arranques intempestivos. Nueve composiciones complejas, pero en las que, no obstante el eclecticismo señalado por su autor, se advierte esa línea de búsqueda, vanguardia, exploración que se da en ráfagas de explosiones (“Zidane Racist”) o en complicadas estructuras que producen una especie de caleidoscopio de abigarradas y caprichosas formas (“Zeuhlito Lindo”).

Sí, vértigo es la mejor palabra para describir el trabajo de Bastián, aunque también hay espacio para ciertos momentos de remanso (la parte media de “Oniontown”), pero éstos son los menos, porque la sensación predominante en el trabajo es la de ir por una desquiciada roller coaster (“Aclowntrenos”) en donde a cada momento hay un reto, una nueva sorpresa que supera a la anterior, llega a tonos cinemáticos (“Exit Filming for a Muse”) e incluso alcanza un toque hilarante (“Don’t Open Till Christmas”).

Poco después de la aparición del disco, Bastián también subió a su sitio de bandcamp una deconstrucción del corte llamado “Naked Zeuhlito Lindo”, en la que señala que les dio las indicaciones a los músicos con silbidos y palmadas, lo cual, a los ojos y oídos de quien esto escribe, se antoja inverosímil. ¿Cómo reaccionaron Tatsuya Yoshida y Jean-Luc Plouvier ante esto?

Dice el guerrerense: “Es la forma en que compongo. Tengo una idea y la ‘traduzco’ usando palmadas para descifrar su compás y silbando para descubrir qué notas laa conforman. Pero este cavernícola proceso termina siempre en una partitura y es esto último lo que compartí con los músicos del proyecto. Decidí subir esa especie de ‘making of Zeuhlito Lindo’ porque realmente la consideraba una mera chaqueta mental que nunca se podría tocar por su complejidad, velocidad y la enorme cantidad y variedad de las secciones que la conforman. Sentí necesario hacer de acceso público la epopeya sonora que emprendieron Tatsuya Yoshida, Jean-Luc Plouvier, Matt Lebofsky y Patrick Shiroishi para lograr traer ese tema al mundo real. Yoshida es un extraterrestre al que nunca tuve que decirle dos veces nada. Por más compleja que fuera la tarea que le solicité, siempre obtuve un escalofriante ‘aquí lo tienes’ en menos de 48 horas. Jean-Luc Plouvier es un flemático maestro que en un principio me tachó de atrevido por buscarle con mis intenciones, pero terminó accediendo entusiasmado y me honra citarlo escribiéndome un ‘lo hice porque eres una mente especial’”.

Pero las colaboraciones no se detienen allí. Dice Bastián que “aún siguen en proceso para un segundo y tercer volúmenes nombres como Dave Kerman, Bob Drake, Furio Chirico, Mike Keneally, Ángel Ontalva, Marc Ducret, Emannuel Borghi y otros más, así que este 2023 pinta muy interesante para el proyecto”.

Greco Bastián ha dejado de ser el secreto mejor guardado de la escena mexicana para convertirse en una de las promesas a nivel mundial del género. With a Little Hell from My Friends cerró el 2022 entre los tres mejores discos del rock progresivo en diferentes listas en distintos países; sólo aquí, en su lugar de origen, como era de esperarse, apenas y logró ser conocido.

Revierta usted el efecto, lector, y una vez que haya llegado hasta aquí, abandone la lectura y vaya a buscar la música de Greco Bastián.

Al final, no me lo agradezca, sólo dese la oportunidad.

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Publicado en: Disco de la semana