Cjantal: un colectivo y sus razones de ser

Cjantal es un colectivo de música experimental y una net label, formados apenas en mayo de 2022 por Mateo Alán Arreola con la idea de “generar una comunidad de artistas con las mismas ideas sobre improvisación libre y mezcolanza de técnicas de músicas experimentales”. Si bien se trata de un colectivo abierto, los integrantes oficiales son, además de Arreola, Ranaxólatra, attentiongore, Tablanu33, Nami232, Rabasarana y Liquescens y aunque no hay estatutos establecidos y la hermandad se abre a toda Latinoamérica, para formar parte del colectivo los artistas deben comprometerse a realizar “experimentos/álbumes y ser publicados a través de Cjantal”, lo cual no implica la existencia de exclusividad con el sello, pues son libres de publicar su material en otros sitios.

Hay muchos colectivos en el mundo y de hecho es una idea que no sorprende, aunque en Cjantal llama la atención la juventud de la mayoría de sus integrantes, quienes, dice Alán Arreola, “rondan entre los 18 y 22 años de edad” y buscan “retomar un formato de improvisación libre que no se deposite en un lenguaje tradicional ni se corresponda con alta calidad de grabación. Un buen ejemplo sería la primera música de improvisación libre de Jean Dubuffet, la cual sólo tenía como meta hacer art brut en la música. Sin embargo, no todo en Cjantal es improvisación libre. Se involucra también música electrónica que no necesariamente es improvisada pero mantiene la misma intención de crear absurdos, repeticiones, disonancias, ruido, mala calidad, etcétera. Los géneros/estilos que más queremos desarrollar son harsh noise, turntable music, free improvisation, onkyo, glitch, drone, field recordings, sound art, tape music y plunderphonics, rompiendo barreras entre ellos y saltando entre uno y otro, haciendo así música bruta, sin pulir, sin límites”.

Imagen: cortesía de David Cortés
Imagen: cortesía de David Cortés

Al hablar acerca de esa “mala calidad” en las grabaciones, Arreola recupera a una de sus influencias, Otomo Yoshihide, y comenta: “Es un elemento más del formato de la música, la calidad de grabación más el contenido en sí. ¿Por qué la calidad de grabación no podría ser también un elemento para componer? Así como en el arte pictórico, en el que el lienzo puede ser cualquier cosa, acá queremos tallar música en calidades que cuestionen el por qué se debería de escuchar en alta definición. La idea viene desde estilos musicales en los cuales no existe buena calidad, como el hypnagogic pop (pop o sicodelia que evoca una memoria cultural o nostalgia por el entretenimiento popular del pasado); también viene de escuchar miles de ripeos de mala calidad que, en lugar de hacer quedar mal, hacen brillar aún más la música con un giseo de cassette, un salto en el LP o una mala conversión que dejó la música en mono o con distorsión”.

El colectivo debutó con un compilado llamado Musique brut, inspirado en un viejo álbum de igual nombre del pintor y escultor Jean Dubuffet, editado en 1961, quien fue, comenta Arreola, “un precursor de la improvisación libre, libre de lenguaje e influencias del free jazz y música académica contemporánea. Nos interesa retomar ese acercamiento a la improvisación libre para generar una nueva música bruta. Sin filtros, sin purismos restrictivos y sin ese esnobismo latente” (hay diez producciones más en el bandcamp del colectivo, pero seguro si son curiosos, cuando entren habrá más).

Ese disco, ahora visto como una obra pionera, prácticamente es una exploración sonora en la que Dubufett se regodea al pulsar diversos instrumentos por el placer de extraerles sonido únicamente, ninguna melodía. Es una obra aparentemente carente de objetivo, especialmente si se piensa que, en los años sesenta y más en la música académica, el canon era el de una prístina y melódica belleza, aunque las tendencias experimentales ya habían surgido años antes con Pierre Schaeffer, quien publicó en 1952 En busca de una música concreta.

Dubuffet, cual si fuera una declaración de principios, comentaba: “Uno señala una grabación como correcta cuando los tonos son claros y evidentes. Pero en nuestra experiencia auditiva cotidiana, no sólo existen esos, también, y en una mayor medida, otros muy impuros, confusos y diluidos que provienen de más lejos o son más difíciles de entender. Cuando decides ignorar éstos, te lleva a algo parecido al arte, sólo permitiendo ciertas categorías tonales. Mi apunte contra esta música no está basado en la selección, sino tomando los tonos, especialmente aquellos que uno escucha casi inconscientemente”.

Como muchos compilados, el de Cjntal tiene sus altibajos, pero una cualidad que despide de inmediato es la de propiciar preguntas. Los géneros representados son variados y van desde el dark ambient (una tétrica “Ocaso desteñido”, de El Eco de los Batanes, más la excelente “Cuna de concreto y sangre”, de Eonta), a un ambient más inmersivo (“Ouroboros”, de Rabasarana), harsh noise a cargo del experimentado Árboles Mentirosos (“Sigilo infinito”) y de Hitori Kakurenbo (“Estridencia restringida”); también algo de improvisación libre de la mano de Fiasco (“Free Improvisation” es probablemente el único corte en ser extraído de un álbum, pues pertenece a Train to Fiasco) y de la dupla Oumuama & Mateo Alán Arreola (“07:56”).

Varios de los proyectos albergados en este álbum tienden más a la experimentación, como el caso de Sense Datum (con el único track sacado del baúl, pues está datado en 1995), attentiongore (“Logout Media”), Mateo Alán Arreola (“Suplicio”) y Estérico (“Ferrocarriles Nacionales”), pero aunque los otros parecen alojarse en géneros aparentemente más establecidos, toda la música contenida en Musique brut se antoja una provocación.

De ninguna manera se trata de cortes sencillos o melódicos; al contrario, la melodía ha sido proscrita de este acoplado y si lo que se busca es disfrutar, no puede haber una peor elección. Entrar a Musique brut es un reto, incluso puede ser una experiencia incómoda para quienes no están acostumbrados a los terrenos aquí visitados; pero aun aquellos familiarizados con la experimentación y otras expresiones extremas lo encontrarán difícil de asimilar.

¿Cuánto es intencional, cuánto obra del azar? La mayoría de lo incluido por momentos se antoja inconcluso, como si la forma no se hubiera completado y por ende el fondo se viera afectado; pero es innegable también señalar que en esa indefinición radica uno de los principales atractivos de este puñado de irreverentes, porque al final lo que queda son varias posibilidades.

Sí, tal vez algunas de ellas apenas se han insinuado, pero así es como se logra el avance, el movimiento. Y en Musique brut hay momentos logrados y un gran potencial.

P. S. Por sus influencias los conocerás, dice el refrán, y al momento de citar las suyas, Alán Arreola fue claro: “Los principales músicos que me llevaron a crear esta idea de música libre y bruta fueron John Coltrane, Anthony Braxton, Kaoru Abe, Germán Bringas, Aristeo (Heriberto Montes de Oca), Sun City Girls, Pere Ubu, Otomo Yoshihide, Ground-Zero, The Mothers of Invention, John Zorn, Kang Tae-hwan, Hanatarash, Oxomaxoma, The Residents, God Is My Co-Pilot, Cecil Taylor, AMM, etcétera”.  Ese etcétera también suena a provocación.

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Publicado en: Disco de la semana