JAZZ
Entre quienes saben roer el duro hueso del JAZZ se dice que el buen jazz, para ser de veras buen jazz, tiene que ser interpretado en vivo; porque ya puesto en disco o en grabación, del tipo que sea, el jazz está ya sólo medio vivo y medio más bien muerto. También se dice entre las iguanas cuerudas de la síncopa que el JAZZ en y para sí está contenido en el swing y solamente en el swing. Lo hot y lo cool y lo be-bop y lo fwzyon o lo que sea sólo otra etiqueta, únicamente suenan como onomatopeyas ante la poesía esencial del swing como JAZZ, porque en el swing luce como divinidad la síncopa de la gran orquesta y hace más activa y asombrosa la improvisación, clave del jazz.
Entonces…
Tal vez ésta sea la mejor pieza de JAZZ de la historia del jazz, cosa válida tanto por el arreglo y su ejecución por parte de esta gran orquesta del sin igual Duke Ellington, como también por la improvisación de Paul Gonsalves en el sax tenor. El piano de Ellington lo confirma compás por compás, hace que luzca poder escucharlos con unos buenos audífonos.
https://www.youtube.com/watch?v=kNCvtVvqRAQ
Que sea una grabación de una presentación en vivo en el Festival de Newport, en 1956, y que las imágenes visuales no correspondan al momento exacto de la interpretación de la música, hace que el JAZZ aquí se nos presente como un espectro viviente que arrastra melancólico sus cadenas chirriantes en esta región aplanada de las momias y los memes babosos de la telaraña de las redes sociales. También cuenta mucho para considerar este momento grabado como el culmen del JAZZ, el hecho de que en este momento de su historia a Ellington los hipsters del bostezo existencialista gabacho ya lo consideraban pasado de moda; pero con esta sublime presentación y más en concreto con esta interpretación de “Diminuendo and Crescendo in Blue”, Ellington les tapó la boca igual que todos los demás orificios del cuerpo a esos hipsters de a peso, los convirtió en imbunches y comenzó a hablarse de tú con las almas nobles de la pradera salvaje del blues alambicado, como tú comprenderás.

El cante no se crea ni se destruye
La música que llamamos flamenca es algo profundo, “jondo”. Sus orígenes son los de la música de cuerdas, la música que se convertirá en la guitarra, y en la geografía proviene de esa amplia zona donde se unen y separan Asia, África y Europa. Viene de los gitanos, los flamencos y los andaluces, pero también viene de la música que llamamos “árabe”. Son más de mil años de historia.
Hay espectros de música flamenca en buena parte de la música que hoy día existe como popular dentro de la globalización; dentro del blues lleva un hilo muy propio lo flamenco, a través de la presencia de la guitarra española. Y de una forma trascendental todo esto se concentró en España, en cierta España, la España del cante jondo, la España que no está dentro del orden puritano del capitalismo de marca inglesa todavía hoy.
Desde los años sesenta, digamos que por efecto de los Beatles, el flamenco se ha conectado bien con el rock, como antes lo hizo con el jazz. Y no faltará la gente muy conocedora que diga que no encuentra diferencia profunda entre el flamenco y el blues. Hoy día ya hay paradigmas del flamenco-rock, como la asombrosa banda Triana, creadora de un elevado y ardiente rock progresivo en tono flamenco más que correcto, como para animar a bailar en el tablao al espectro de Federico García Lorca.
Y dentro de lo más actual de esta música –que no es exactamente de fusión, sino, mejor, de mezcla o, todavía mejor, de choque criollo–, me he encontrado, al surfear en YouTube, con dos artistas singulares, dos artistas de vanguardia total en ambos campos musicales, en el del pop-rock y en el del cante jondo. Ellas son Rosario La Tremendita y Rocío Márquez. Dos estallidos de rebelión meta-punk en el cante jondo, pues igual recurren a la pureza de cantar a capella, sólo con el acompañamiento de palmas, que recurren a lo más radical de la música neo-electrónica, para tratar de explicarlas por afuera de los cánones del flamenco, ya que éste por regla tiene como canon el no tener canon, de allí su complicidad con el rock.
Rosario La Tremendita se presenta como “blanquita, paya, boyera, experimental, hija de Triana y de familia flamenca”, todo esto ella lo reúne en situación de siglo XXI, sin necesidad de cargar con el pasado como rémora de usos y costumbres carentes de sentido, sin futuro. No oculta su deseo lésbico ni su personalidad rara, sin molde previo. Se reconoce como una artista siempre en devenir, con cambios constantes, de imagen y de estilo; pero nunca deja de tener el suelo firme y seguro del cante jondo y el ángel del flamenco. Si no le has llegado antes a la música flamenca, te recomiendo que ingreses en el mundo de La Tremendita escuchando y viendo su interpretación en concierto de “Tremenda Valeriana”. Oye cómo hace sonar el bajo eléctrico, luego ponte a bailar al modo “ocho millas de alto” con la melodía de los teclados. Y si te cuadra la experiencia o al menos te mueve la curiosidad, entonces ve y escucha su versión también en concierto del cante “Dime”, una joya flamenca que hizo brillar en su hora a su autora, Lola Flores; por ello, la versión de Rosario La Tremendita es temeraria, se enfrenta con la memoria de una artista excepcional y te puedo asegurar que pasa con éxito la prueba y se pone a la altura de La Faraona misma. Y si ya te agarró el duende y no puedes dejar de vibrar, atiende al arreglo de la pieza “Romance del Silencio”, una deriva de la voz de Rosario por el cielo azul del jazz.
Con la obra de Rocío Márquez, la rebelión de este nuevo rostro del cante jondo camina por terrenos más vanguardistas, del mismo modo como puede llegar a momentos de inmersión profunda en lo más puro y preclaro de la tradición. Para ingresar ahora en su otro mundo, recomiendo su colaboración con el músico experimental Bronquio que alcanza la excelencia tecno en su versión del tema “El corte más limpio”. Te aseguro que hará bailar tus pies y tu mente, hasta alcanzar la experiencia mística de lo jondo proyectado al porvenir más deseable. Porque si has llegado hasta aquí escuchando esta música definitivamente española, lo que te recomiendo que escuches a continuación es “Exprimelimones (Bulerías)”, para confirmar la fuerza creativa de esta cantante acompañada por Bronquio, en un terreno donde ya todo viene del futuro, como la promesa invencible de que vendrá, tiene que venir, un mundo mejor para todo mundo. Luego regresemos a lo más puro del flamenco eterno, escuchando a Rocío Márquez interpretar “El Café de Chinitas”, una canción compuesta por Federico García Lorca, acompañada a la guitarra por Stephen Marchionda. Si no lo habías vivido antes, con estas canciones ya has experimentado la iniciación en el flamenco. Ahora ponte a surfear por tu cuenta y te asombrarán los hallazgos y te iluminará el espíritu libre de esta música.
Grand Funk Railroad Forever
Y para no quedarnos esta vez sin abrevar en las fuentes del rock, hablemos de un grupo que será perdurable como pocos, aunque en su momento se le vio como una moda efímera. Hablo de Grand Funk Railroad (GFR), un trío de poder que alcanzó difusión masiva en los años setenta del siglo pasado. No era Cream, por supuesto, y mucho menos era Led Zeppelin; pero sus integrantes no se presentaban como virtuosos, sólo hacían rock y lo gozaban. Por eso llenaban estadios y vendían discos por miles de miles, hasta llegar a escucharse por todas partes, sin dejar de sonar siempre rasposos y chirriantes, como el buen rock de garage, el rock bueno para todo mundo.
Sus miembros básicos fueron Mark Farmer (voz pricipal, guitarra, teclados y armónica), Don Brewer (voz y batería) y Mel Schacher (bajo). Brewer había tocado antes con Terri Knight and The Pack, agrupación que solamente tuvo un éxito regular con su versión de “Yo (uno de tantos)”, y Schacher también provenía de otro grupo de solamente un éxito, Question Mark and The Misteryans, los de la canción “96 lágrimas” que todavía hoy pone a bailar a los tatarabuelos hasta en los funerales, je je. Con el tiempo se les agregaron más músicos y vocalistas, pero la clave del embrujo rockero está en el trío original.
Hoy día no puede haber una historia del rock pesado de los años setenta que no haga mención de GFR. Sin ser los mejores, fueron los que todo mundo escuchaba, porque llegaron a sonar por todas partes. No tenías que comprar sus discos, siempre había alguna amistad que los tenía todos. De manera que se convirtieron en el pecado secreto de todo mundo rockero, pues nunca faltaba alguien que los consideraba como los Monkees del rock pesado o metalero o duro o como te guste decirle al verdadero rock.
Para mí, la grabación que mejor los representa es el álbum doble, grabado en directo, Live Album. Es la síntesis alquímica de su poder rockero para llenar estadios con música ensordecedora y es una obra conceptual que no se estructura como ópera o novela o película de Hollywood, porque todo lo organiza y dispara el concepto de tocar rock y nada más que rock, plural y diverso, uno y el mismo y en cada instante diferente: El Rock. En el que el punto focal es la pieza “Inside Looking Out”, un tema original de Eric Burdon and The Animals, desde la cual se extienden los hilos de la trama creativa de esta obra de arquitectura musical con duración de una hora y cuarto. Para medir la calidad de la melcocha, nomás oye los gritos de “más.. más… más…” al final de su interpretación. También este álbum incluye la poderosa “Heartbreaker” y la asombrosa “Into The Sun”. Lo mejor es poder escucharlo todo de corrido, sin cortes y gozar.
A diferencia de los divos de Cream, ninguno de los integrantes de GFR se consideraba la divina garza envuelta en huevo; por eso podían tocar juntos de modo muy contento e inspirado, sin querer robarle cámara a los otros dos, haciendo rock pesado en gran trenza de bajo, bataca y lira. Y a diferencia de los monstruos de Led Zeppelin, los tres de GFR sólo querían hacer música para que la gente cantara y bailara sin parar, sin tener que seguir la pieza con la partitura impresa en las manos para ver las florituras de los solistas y bla bla bla.
Si ya tienes a GFR como una de las más importantes agrupaciones de rock de la historia, ¡felicidades! Ya estás en la neta del planeta, sigue así, no cambies. Pero si todavía no los conoces, es hora de romper el cascarón y comenzar a escucharlos a todo volumen, con o sin audífonos, para entender lo importante que es viajar por el cielo del rock con ellos de Estrella Polar. Suerte.