De los muchos álbumes que se hacen en este país y no se avisa o escasamente se hace mención, mostramos aquí un par de producciones que navegan en las aguas de la fusión.
Marked Sky (featuring Marco Rentería, Javier Leal y Louie Palmer, 2021)
No es sencillo hacer fusión, buena fusión. Es un territorio en el cual resulta fácil perderse en manierismos y demostraciones virtuosas, las más de las veces innecesarias; pero cuando el dominio técnico alcanza la contención y en el movimiento se favorece a la composición, los resultados las más de las veces no sólo son agradables, también alentadores. Eso pasa con Marked Sky el reciente álbum puesto en circulación por Marco Rentería (bajo), Javier Leal (guitarra, quien ha tocado con Marco Ferrigno y el pianista Vitalij Kuprij) y Louie Palmer (batería).
En nueve cortes, tenemos a una tercia de instrumentistas cuyo talento y técnica no es cuestionable y lograron hablar y establecer un discurso, a pesar de que Palmer, en los tambores, en realidad fungió como músico de sesión. Rentería, cuya habilidad en el bajo ha quedado asentada en diferentes proyectos (Madrefoka, Máquina Rorschach) echa mano de diferentes bajos y fretless y encuentra en la guitarra de Leal a un cómplice que teje hermosas melodías con su guitarra y ambos son respaldados por Palmer.

El resultado es una música que no se engolosina en la velocidad y prefiere construir emociones con temas a medio tiempo que repentinamente se ven sacudidos por el vértigo y la voluntad de hacer sonar al instrumento cual si fuera otra cosa (en la placa no hay teclados, aquello que suena como tal son overdubs de la guitarra o el bajo) como en “Kingdoms Will Fall”.
Grabado antes y durante la pandemia, Marked Sky presenta composiciones y arreglos de Rentería y Leal y, como dice el bajista, “se trata de un proyecto muy melódico en el que se privilegia el arreglo; siento que después de treinta años de estar tocando, ya empiezo a encontrar mi voz, siento que estoy empezando a ser yo para bien o para mal”.
Hay en Marked Sky influencias de rock progresivo y jazz, pero el todo se inclina más hacia la fusión, una fusión en la cual destacan las melodías (“Marked Sky”), y en la cual, afortunadamente, también se ha evitado caer en sonoridades asépticas. Probablemente la piedra de toque esté en los solos, los cuales en su mayoría son improvisados pero, como decíamos, evitan ir hacia un virtuosismo excesivo. En vez de ello, crean una música orgánica, fresca e incluso espontánea, en ocasiones con algún impulso dramático (“Lattitude Effect”) y otros en los que la existencia de una aparente tensión termina por darle al corte visos de vitalidad (“Rise Up”).
Alfredo Jiménez Project, Transmutación (Edición de autor, 2022)
Alfredo Jiménez es un guitarrista autodidacta que también puede tocar bajo, batería y un poco de sintetizador. En 2010, junto con el baterista Mauricio Garreta, formó Makar Sankranti, cuarteto con el cual grabó el álbum Sintocracia de los ojos mudos (independiente, 2013), una placa con un pie asentado en la sicodelia y otro en el rock progresivo y un poco de experimentación y actualmente trabajan en una nueva placa.
Dos años después formó Occhio, banda en la que mezcla trip-hop, electrónica, prog y dream pop y con la cual ha grabado Rivelazion in Resplandor (2016) y Aeternum (2020). En ambos proyectos, la guitarra juega un papel importante, aunque es en Makar Sankranti donde, dada la particularidad de la sicodelia, el instrumento de seis cuerdas encuentra más espacio para su desarrollo y expansión.
La inestabilidad mostrada por momentos en estas empresas, la pandemia y el aislamiento hicieron que el guitarrista finalmente se decidiera a mostrar su obra en solitario y recientemente puso a circular un par de trabajos: Echos of Nostalgia (al lado del multinstrumentista Alan Almaraz) y Transmutación, su debut como solista propiamente hablando.

Echoes of Nostalgia es un trabajo tejido a dos guitarras cuyo eje son las atmósferas, el despliegue de un tono sereno, quisiera decir que totalmente plácido, pero a pesar de ser una música envolvente, pasan muchas cosas en los cuatro tracks que le dan forma, porque esas dos guitarras se multiplican y entrelazan constantemente, dialogan, juegan y establecen pasajes oníricos, sicodélicos, creando una hermosa urdimbre sonora.
“Alan Almaraz es un multiinstrumentista que participó en la grabación del álbum de Makar como tecladista y tuvo varias presentaciones en vivo. Tenemos muchas similitudes en cuanto a gustos e ideas musicales y siempre hablábamos de hacer un disco juntos, pero nunca se dio hasta hoy. Nos encerramos en mi home studio y sólo nos dejamos fluir, así se dio Echos of Nostalgia, fue un proceso muy orgánico”, comenta Jiménez.
A diferencia de esa obra en colaboración, en Transmutación, armado con guitarras y acompañado de sintetizadores, batería y secuencias y ya como Alfredo Jiménez Project, borda una música más dinámica, menos atmosférica (“Lluvia galáctica”), pero construida a partir de impresiones. En esta búsqueda sonora, el guitarrista se interna por los caminos del jazz en una vena de fusión y sicodelia introspectiva (“Cielo carmesí”), mientras en “Mettamorf” se adentra en la pintura de paisajes cósmicos, espaciales y los extiende en “Fin de piel”, aunque la presencia de la batería pronto la devuelve a los territorios de la fusión en un corte en el que su guitarra brilla particularmente, porque si bien aquí nuevamente encontramos ciertos destellos de jazz, lo cierto es que en sus solos se advierte una tendencia al jam, a edificar paisajes ácidos con las seis cuerdas. Cierra el EP la versión mix de “Cielo carmesí” que no se podrá bailar –y no creo que fuera hecha con esa intención–, pero sí gana viveza con la adición de una percusión.