Kate Bush y esas cosas extrañas que suceden

“If only I could
I’d make a deal with God
and I’d get him to swap our places
Be running up that road”.
—Kate Bush.

Kate Bush, con todo su genio artístico y sus aires mitológicos, permanecía desde hace tiempo en el ostracismo. Tuvo que ser una serie televisiva la que volviera a sacarla a la luz y no sólo eso: la puso prácticamente en el sitio estelar que tuvo a finales del siglo pasado.

En efecto, la cuarta y última temporada de la serie Stranger Things, específicamente en su último capítulo, utilizó la canción “Running Up That Hill (A Deal with God)”, de la propia Bush, y sorpresivamente el tema se convirtió en un éxito entre los seguidores de la emisión, en su gran mayoría millennials y centennials.

Revisemos el disco de la cantautora y productora inglesa del cual salió este tema: Hounds of Love (EMI, 1985).

Un trato con Dios

Desde los primeros acordes rítmicos de la abridora “Running Up That Hill (A Deal with God)” el escucha queda atrapado por la magia de una música enigmática, etérea y neblinosa como las colinas de la Gran Bretaña mítica, la de los héroes del medioevo o la de los amantes de las cumbres escalofriantemente borrascosas. Es Kate Bush y su obra más esplendorosa, la que retrata a esos sabuesos del amor que son como unos amores perros en la mejor/peor acepción de la palabra, esos canes desalmados que muerden, lastiman y atrapan a su víctima y no la sueltan hasta dejarla exánime. Tal como hace el amor cuando es intenso, doloroso, desesperanzado, sangrante.

Sensual como su persona toda, la música de Kate Bush es capaz de transportar a territorios oníricos llenos de majestad. Hounds of Love no sólo es el mejor trabajo de esta compositora e intérprete nacida en Kent, sino uno de los más inquietantes álbumes hechos por una mujer. Y no se trata de una distinción sexista. Es que el disco resulta extremada, radicalmente femenino. Ningún hombre hubiese sido capaz de alcanzar tales grados de sensibilidad y sutileza, pero a la vez de mostrar esa fuerza que únicamente las mujeres son capaces de poseer. Kate Bush es como la madre universal que canta con voz sublime a todos sus hijos bastardos.

No te rindas

Producido por ella misma en su propio estudio, Hounds of Love es el quinto álbum de la artista, quien se diera conocer a los veinte años con su también excelente The Kick Inside (1978). A lo largo de los doce cortes que lo conforman, el plato ofrece un viaje a lo profundo del misterio y nos envuelve con las nubes sonoras que crea Bush y que nos transportan a mundos de ensueño y pesadilla; porque es ella una compositora capaz de pasar de la ternura a la violencia, de la dulzura a la dureza de manera impactante.

Si “Running Up That Hill”, con su compás persistentemente hipnótico, es un constante y eterno ascenso en la inútil búsqueda de Dios, “Hounds of Love” juega, con una ironía casi popera, con la crueldad del amor y desemboca en “The Big Sky”, una canción de aires petergabrielanos (no olvidemos la cercanía incluso amorosa que en determinada época hubo entre Peter Gabriel y ella y la participación vocal de Kate Bush en esa maravillosa pieza que es “Don’t Give Up”, del propio Gabriel), con extrañas percusiones tribales. “Mother Stands for Comfort”, en cambio, es un tema tranquilo e implorante, cálido como el interior del seno materno pero a la vez tenso y falto de sosiego. El agridulce estilo de la artista, considerado por algunos críticos como pop gótico, culmina el primer lado del disco –en su versión original en vinil– con una de las más extraordinarias composiciones de Bush, la hermosísima “Cloudbusting”, con ese andante continuo de los cellos –una figura casi minimalista que parece repetir un mantra– y esa historia fantástica sobre un niño que sufre un gran desengaño respecto al mundo de los adultos..

Las novena ola

El lado B (intitulado “The Ninth Wave”) está conformado por siete piezas que conforman una suite de enorme belleza. El concepto de esa segunda parte del disco está constituido por las impresiones, sensaciones, angustias y alucinaciones de alguien que está a punto de ahogarse y comienza con la ensoñadora “And Dream of Sheep”, la cual da lugar en seguida a la casi macbethiana “Under Ice”. Por su parte, “Walking the Witch” es un sobrecogedor descenso a los sofisticados y contradictoriamente atractivos infiernos de la compositora, un corte difícil de describir, con esos coros que parecen cantados por el mismo Lucifer, un tema absolutamente oscuro y mucho más aterrador que lo que tocan tantos grupos que se hacen pasar por diabólicos. “Jig of Life” tiene mucho de Peter Gabriel, sobre todo en el uso de los ritmos, mientras “Hello Earth” es una casi macabra incursión en el folk noringlés. “The Ninth Wave” (y con él Hounds of Love) culmina con la mística “The Morning Fog” y con ella concluye un álbum que llevó tres años para ser producido.

Dicen que si Kate Bush hubiese sido literata en lugar de música, de seguro habría escrito una obra equiparable a la Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll. También se dice que es una mujer que escribe canciones infantiles para adultos. Como sea, Hounds of Love es un trabajo impresionante por el impacto que su música y sus letras provocan en el escucha. Un disco imperecedero, una obra maestra.

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Publicado en: Discos