La ingenuidad es una fuerza que
los astutos hacen mal en despreciar
—Arturo Graf
Cuando Fernando Obregón (guitarra y voz) se reunió en 2020 con Arturo Escoto (bajo) y los hermanos Antonio (guitarra y voz) y Sergio (batería) Vázquez, difícilmente imaginaron la poderosa sinergia sonora que producirían. El primero ya contaba con experiencia a lo largo de una década como miembro fundador del notable grupo poblano Joliette, además de haber sido productor y colaborador en diversos proyectos, mientras que la tercia angelina, aunque rebosante de lozanía, llevaba en su cuenta algunos años cobijada bajo el membrete Leñadores. Así, del afortunado encuentro surgió una nueva propuesta que hoy alimenta a la escena del post hardcore, el screamo y el post rock con el curioso título de Naïveté (palabra de origen francés que se traduce como “ingenuidad” o “inocencia”) y que en meses recientes lanzó su primer álbum homónimo vía Tormentas Records.

“En abril de hace dos años, justamente a comienzos de la pandemia, yo estaba viviendo en Ciudad de México y por cuestiones laborales tuve que regresar a Puebla”, cuanta Obregón. “Durante esos meses todo se paralizó y la gente se encontraba guardada en sus casas y demás. Después de un rato, me buscó Sergio y dijo que estaría bueno reunirnos para jammear y ver qué salía de todo eso. Por aquel entonces yo seguía en Joliette, pero me junté con los hermanos Vázquez y Arturo, quienes tenían su propia banda y me pareció atractivo el hecho de que la sección rítmica ya estaba consolidada. Las cosas fluyeron de manera muy natural y orgánica. Desde el primer ensayo empezamos a hacer las canciones que están en el disco. Existe algo mágico cuando tocas por primera vez con algunas personas, al no haber pretensiones sobre cómo hacer las cosas. En realidad, ha sido una sorpresa muy grata para mí y creo también para el resto”.

Los cuatro músicos ya se habían codeado tiempo atrás, debido a las numerosas coincidencias con sus respectivos grupos en los circuitos regionales de música pesada, y quedaban a la vista sus afinidades, pero no fue sino hasta el encierro forzoso —que lejos de minar sus talentos técnicos y creativos, los potenció— cuando pudieron entregarse con soltura a la composición.
El resultado de ese proceso son doce cortes que entreveran eficazmente los sonidos violentos y apabullantes de la batería, el robusto bajeo, los punteos delicados y los acordes estridentes de las guitarras con las letras sumamente introspectivas y melancólicas.
Asimismo, los títulos de algunas composiciones destacan por su desenfado al evocar o distorsionar nombres de personajes pertenecientes a la cultura popular como Charlie Sheen, (“The Charlie Sheen Experience”), Lady Gaga (“Lady Gaga Goes to Londres”) o Walt Disney (“Dalt Wisney”), lo cual denota el hábito del conjunto por abordar los temas serios o formales de maneras inverosímiles y absurdas.
“Ballena oxidada” es la pieza que inaugura el disco. En ella, los guitarristas y la batería inician sus fragorosas maniobras a manera de preludio, en tanto Escoto aguarda algunos instantes y señala con una pesada nota el tránsito al grueso de la canción. Entonces, a un tiempo el cuarteto arremete y los vocalistas se intercalan partes del verso: “Enciende la máquina / Y comienza la simulación / Nada cuesta tu propia libertad / Siente el aire, imagina que nada existe en verdad / Es un juego, sólo somos peces de madera / Un señuelo pintado de rojo intenso que sólo existe para ser atacado”. Le sigue un ligero respiro armónico y de nuevo vuelven a la carga para terminar toscamente.
A partir de ese momento, las vocalizaciones desmesuradas, los cambios de ritmo, las frases depresivas y los pasajes ominosos se entremezclan en diferentes formas durante varias de las potentes composiciones. Tal es el caso de “Chamaco espíritu”, la cual se interna por territorios plagados de miedos infantiles e irreales (“Quiero escapar de mis recuerdos / Antes que enfrentarlos / Salidas fáciles / Que aumentaron el terror / Todos mis enemigos eran imaginarios / Mis laberintos no tenían fin”) y lo mismo ocurre con “Freud pimienta”, en la que los músicos se precipitan furiosamente y sin reservas con el ritmo de la batería, a la vez que lanzan enunciados acerca del suicidio: “¿Qué es este vacío que siento? / Sentimientos muertos / Daños inconsecuentes / ¿Qué es este vacío que siento? / Quiero dejar este mundo / Quiero dejar este mundo”.
No obstante, frente al abundante estruendo se contraponen cortes ligeramente más reposados. Para la pieza “Dalt Wisney”, los ímpetus sonoros se aterciopelan y una melodía parsimoniosa proveniente de la guitarra se repite durante gran parte del tema, al tiempo que los demás instrumentistas mantienen la tensión hasta el momento de introducir unos versos breves y concluir gradualmente (“Musicalmente es muy bonita o melódica. Es una especie de despedida para la mayoría de las figuras sentimentales que tuvieron un impacto en mi vida a través de la música y que curiosamente se perdieron a causa de la misma”, cuenta nuestro entrevistado).
En “El lobo de Wal-Mart”, Sergio marca con su platillo un compás pausado y regular que sirve de soporte para el arpegio taciturno de Obregón. Esta vez no hay celeridad o rudeza excesiva desde el comienzo, su intención es desarrollar la composición progresivamente hasta hacerla estallar. De a poco, los restantes ejecutantes se integran y alcanzan su plenitud. Entre las vociferaciones destaca un fragmento del libro La ciudad ausente, del escritor argentino Ricardo Piglia: “Huir hacia los espacios indefinidos de las formas futuras / Lo posible es lo que tiende a la existencia / Lo que se puede imaginar sucede y pasa a formar parte de la realidad”. Languidez y soledad discurren entre graves ejecuciones instrumentales, para retornar al arpegio introductorio y cerrar intensamente.
Le continúa “Un fantasma disperso en Montenegro”, en la cual nuevamente la cuarteta irrumpe al unísono desde el inicio. Arturo y Sergio construyen la base en que los guitarristas levantan sus arpegios y sus cantos. Hay agresividad, pero también armonía y un hondo hálito pesaroso. Al respecto, Obregón dice: “Trata sobre el remordimiento y la superación de una etapa dura de la vida. Justamente el término “fantasma”, aunque no está mencionado textualmente en la canción, hace referencia a los sitios y los momentos donde uno cree que va a quedarse eternamente, pero en realidad siempre están cambiando y nos volvemos fantasmas de esos mismos lugares donde estuvimos y de quienes fuimos. Es mirar en retrospectiva nuestro arrepentimiento, pero al mismo tiempo saber que ya no estamos en esos instantes y sólo queda el espectro”.
La placa finaliza con “Corrosión / Levindæ”, en la que Antonio, los músicos ascienden vigorosamente hasta convertirse en un tropel rítmico y melódico. Entonces, los cantantes exclaman a la par: “Corriendo en círculos / Me cansa estar decaído, desesperado / Quisiera defenderme pero sería en vano”. De pronto los bríos menguan brevemente para luego retomar el paso. Segmentos de vehementes versos se intercalan con segundos de pretendida astenia instrumental: “Siento asco / Manos débiles / Siento asco / Quiero controlar mis miedos / Imploro por más tiempo / Antes de que muera / Corroen mis entrañas”. El tramo concluyente se extiende largamente, mediante un entramado producido por las guitarras, hasta perderse en el vacío.
Los integrantes de Naïveté han promovido su álbum debut (limitado a 500 copias en formato CD) durante sus giras por el norte y centro del país, aunque no descartan visitar nuevos destinos en el sureste y el Bajío. De igual modo, tienen planeado regresar próximamente al estudio de grabación para redondear los temas que conformarán su segunda producción discográfica con miras a estrenarse el próximo año.
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