Cambian los tiempos. Todo cambia. El periodismo también, sobre todo en este siglo. Ya nada es como cuando yo empecé a escribir de rock en la prensa y la radio, allá por 1969.
Entonces no era nada fácil conseguir la música y la información sobre ella. Había que buscar por muchas partes y eso no salía muy barato que digamos; los discos importados costaban el doble de los nacionales y no los podías comprar en cualquier parte; las revistas norteamericanas especializadas en rock, como Rolling Stone o Creem, costaban sus buenos pesos y las revistas inglesas, como New Musical Express o las de otros países, eran el doble o triple de caras. Pero lo más complicado era que nada se encontraba cerca de uno.
Ahora lo que no está en la internet, no existe y todo lo puedes consultar desde tu ordenador y con unos cuantos clicks. No es importante dar notas periodísticas, porque cualquiera puede hallar esos datos en un instante. Lo que resulta valioso hoy es aportar la opinión y experiencia de quien comunica. Se revalora la subjetividad crítica, porque lo objetivo es fácil de encontrar y manejar, todo es cosa de googlearlo.
Por eso aquí, en estas “Expectativas”, compartiré mi memoria de lo mejor de la música popular liberadora. Mi punto de vista.
Dinosaurios metabólicos
Es una idea interesante, por eso la comunico aquí.
Hoy día, de los cinco Rolling Stones originales sólo quedan vivos y/o tocando música en público el guitarrista Keith Richards y el vocalista Mick Jagger (Nota de la redacción: Bill Wyman, el bajista original de los Stones, también continúa con vida; actualmente tiene 85 años de edad y hasta hace poco seguía tocando con su propia agrupación de música retro, The Rhythm Kings); mientras que de los cuatro Beatles originales, sólo quedan vivos el bajista Paul McCartney y el baterista Ringo Starr.

Por ello, resulta deseable imaginar que se reúnan estos cuatro músicos para formar una nueva-vieja banda musical: La Súper Banda Ideal de los adultos mayores del rock. Sería emocionante verlos echar la polilla en una grabación de doce o quince canciones y una serie de conciertos en gira mundial. Pienso que será mejor que sean piezas del pasado clásico del rock y no nuevas composiciones insípidas. Me gustaría que no sólo tocarán algunas de las grandes piezas de ambos grupos, como “Satisfaction” y “She loves you”, sino que también nos dieran una breve selección de rolas de los buenos tiempos de la Ola Inglesa, con el debido homenaje a Chuck Berry. El título del álbum podría ser algo así como Vuelve-a-la-vida o ¿No que no? Para el nombre de esta agrupación considero que podrían ser Los Insectos de Piedra o Los Escarabajos Rodantes. Sueños locos del abuelo mascatuercas que ni qué, pero no dejan de resultar interesantes.
Boris Vian, mi ídolo
Desde que lo leí por vez primera en sus reseñas de jazz, quise escribir mis reseñas de rock y música popular como las de él. Pero yo no puedo hacer música real como la hizo él, sólo soy un rockero de papel; o sea, un casposo crítico ruco que como músico práctico no llega ni a diletante. Sin embargo, me considero tan enamorado de la música como lo estuvo él toda su vida. Por ello estoy aquí y por ello mismo ahora intensifico mi estilo personal de opinar sobre la música y la contracultura rockera. Para estar a la altura de los tiempos. Transmito lo que me hace sentir y pensar la música como arte liberador que me ha dado sentido por cosa ya de setenta años. Hablo de las grabaciones y temas musicales que la vida me ha dejado conocer y gozar, lo que considero no debe ser ignorado por la gente joven ni olvidado por la gente ruca como acá tu cuate, la música que me libera.
Para nosotr@s
Está por cumplirse medio siglo de la aparición en 1973 del primer capítulo de una obra sublime del saxofonista de jazz Leandro “Gato” Barbieri. En total, serán cuatro capítulos con su idea de la música latinoamericana. Música fuera de serie en todos ellos. Una creación trascendental, inigualable e imposible de imitar.
Seré breve. Porque hoy les quiero recomendar esta obra excepcional. Grande, muy grande, porque la integran, ya digo, cuatro LP y por lo efectivamente original de la música puesta en ellos. Rebeldía e imaginación en jazz son los cuatro capítulos sobre Latinoamérica que produjo el genio creativo de “Gato” Barbieri (1932-2016). Una creación que descoloniza nuestra música sin aislarla en el vacío nacionalista, que sería un gris regresar a la colonia como encierro, porque de la música del mundo mesoamericano en realidad no se sabe nada de cierto. Y la música del “Gato” en estos discos nos comunica al jazz más libre con la música diversa de nuestra América diversa. Barbieri ganó fama y reconocimiento mundial con la música que compuso e interpretó para la película El último tango en París, de Bernardo Bertolucci. Con ello obtuvo la producción necesaria para intentar su experimento más radical con estas cuatro grabaciones publicadas en vinil. Llama la atención que cuando Barbieri pasa lista a los países de Latinoamérica, en los primeros dos capítulos no incluya a México. Pero se le perdona por el título y la temática grabada en el tercer capítulo que tiene por título ¡Viva Emiliano Zapata!
Escuchamos free-jazz puesto en son latino, sin tener que sonar como salsa “neoyorikan” o como rumba cubana. Del primer capítulo, titulado Latinoamérica, la pieza trascendental es la de largó título “La China Leoncia arreó la correntinada y trajo entre la muchachada la flor de la juventud”, dividida en cuatro partes y muestra fundamental del genio del saxofonista y la eficacia del grupo de músicos que lo acompaña con una interesante mezcla de instrumentos folclóricos y de jazz. Este disco cuenta también con una rara pieza final, titulada “To Be Continued” (“Continuará”), en la que el “Gato” anuncia que después de grabar este disco en Buenos Aires, viajó a Brasil y allí grabó el siguiente capítulo, dando un ejemplo auditivo de los instrumentos brasileños con que compuso la música. Del segundo capítulo, Hasta siempre, sobresale el arreglo que hizo Barbieri de la canción “Juan Azurduy”, compuesta por Félix Luna y Ariel Rosales, en la que se despliegan las alas de cóndor de la rebelión musical de este músico fuera de serie, un punto donde la vanguardia del jazz se introduce en la música latinoamericana de carácter comprometido con la revolución y la independencia; el resultado pone a bailar nuestra voluntad de ser libres. En el tercer capítulo, el de tono mexicano sin mariachadas, “Gato” colabora con el director de orquesta y arreglista cubano Chico O’Farrill y el clímax se encuentra en la versión que ambos nos entregan de una de las piezas mexicanas de bolero con más fama mundial: “Cuando vuelva a tu lado”, de María Grever. También de este disco luce la pieza “Lluvia azul”, compuesta por Barbieri, un cha-cha-cha intervenido por el calor del sax tenor y el paso tanguero de este felino. Alive in New York (“Vivo en Nueva York”) es el nombre del cuarto capítulo, en el cual el jazzista argentino nos asombra al superar y sublimar lo logrado en los tres capítulos anteriores. Es una grabación hecha durante las presentaciones en vivo de “Gato” Barbieri y seis músicos de jazz en el club Bottom Line de la ciudad de Nueva York. Las piezas elegidas pertenecen al repertorio de los tres capítulos anteriores. Quizá sea su mejor grabación. Aquí lucen las versiones que da de la canción “Milonga triste”, de Homero Manzi y Sebastián Piana, como también la de “La China Leoncia”. El punto culminante se encuentra en la forma más que exacta con que interpretan “Lluvia azul”. Este es el capítulo que todo mundo tiene que escuchar con atención, pues da una síntesis exacta de lo mejor de lo mejor del jazz de Leandro “Gato” Barbieri.
Georgina Meneses
Este disco es importante por muchas buenas razones. Aquí mencionaré sólo algunas, las que considero más valiosas y duraderas. Hablo del álbum Con todo el corazón, de la cantante Georgina Meneses, acompañada por la Banda Filarmónica de Santiago Zacatepec, Mixe (Oaxaca). Una obra cargada de sabiduría antigua, duradera; el espíritu del pueblo mixe, los nunca conquistados. Sabiduría que se sabe expresar en español y con melodías de estructura europea, sin por ello dejar de ser sabiduría de un pueblo originario de América. Sabiduría hecha música. Todo viene de un encuentro inesperado entre la cantante y esa banda. El asombro causado en ella la movió a producir este disco. De pronto, su corazón encontró la magia de la música de Oaxaca. Al escuchar los acordes de esta agrupación, Meneses reconoció que se encontraba frente a un compromiso inquebrantable con los 28 músicos que la forman, representantes creativos de un pueblo invencible. Por ello aportó su voz y creatividad para comunicar tal verdad en forma amplia, entre su público, el público interesado en la buena música mexicana. Son trece piezas musicales tradicionales, razón de que resulten conmovedoras. Los arreglos y la voz corresponden a esa voluntad de verdad: poder recibir y transmitir la fuerza liberadora de la memoria, el fundamento de la tradición. Un paradigma lo constituye la versión de “Naila”, composición de Chu Rasgado. Pero los ejemplos brillantes son “La Llorona”, “Dios nunca muere” y los “Sones y jarabes mixes”. Pero donde luce la interpretación de la banda, como toda una orquesta sinfónica, es en la “Obertura Tempestad”. A mí me pone la piel de gallina “Silencio y olvido”, un momento en el que la voz de Georgina Meneses transmite un auténtico feelin’ de valor universal que seguramente es el mejor motivo para escuchar completo este disco, prestando atención a todas las canciones y el orden en que se presentan, porque nos darán un concepto de lo mexicano como suma de regiones diversas, esta vez la de Santiago Zacatepec.