Fela Kuti: un rebelde ejemplar

Fue una mujer afroamericana la que convirtió a Fela Anikulapo Kuti (1938-1997) en un rebelde radical. Ella, en ese entonces, hace más de medio siglo, se llamaba Sandra Smith (ahora se llama Sandra Akanke Isidore); era y es una cantante de música popular, comprometida en la lucha por los derechos civiles, interesada en el socialismo del Islam y militante del grupo político de las Panteras Negras.

Se conocieron durante la primera gira de Fela Kuti por los Estados Unidos, cuando él formaba parte del grupo Koola Lobitos, hacedor de música versátil en Nigeria.

El encuentro concreto ocurrió en Los Ángeles, California, el año de 1969. Los presentó un músico de jazz, amigo de Sandra. De inmediato sus espíritus congeniaron, tanto así que ella lo invitó a vivir en su casa; allí, vueltos amantes, la estadounidense educó al nigeriano en la historia de la colonización europea de África y de la esclavitud negra en América. A cambio, él la puso al tanto de las costumbres y creencias religiosas de la gente yoruba, tribu a la que pertenecía.

De ese encuentro, más que amoroso, brotó lo que ahora conocemos como música “afrobeat”.

Estatua de Fela Kuti en Ikeja, Lagos. Fotografía de Mark Amone bajo licencia de Creative Commons.
Estatua de Fela Kuti en Ikeja, Lagos.
Fotografía de Mark Amone bajo licencia de Creative Commons

Mientras Fela le hablaba a Sandra de los santos del monte africano y los significados simbólicos de los toques de los tambores batá, ella lo ponía al tanto del pensamiento de Martin Luther King, Eldrige Cleaver, Angela Davis y Malcolm X. También lo hizo escuchar la música de Miles Davis y Ornette Coleman, pero sobre todo la de James Brown. Asimismo, le hizo saber de la nueva poesía juglaresca de Bob Dylan y de los múltiples aportes libertarios de la contracultura norteamericana de ese momento histórico, justo después del mayo parisino de 1968.

La mujer fue quien inició a Fela Kuti en fumar mariguana y tomar LSD. Desde entonces, él fumará ganya toda su vida y no dejará de buscar con respeto la experiencia interior por medio de los alimentos que nos divinizan.

De esta manera fue como Fela Ransome Kuti, nacido el 15 de octubre de 1938, en Abeokuta, una ciudad situada  unos noventa kilómetros al norte de Lagos, la capital de Nigeria, descubrió que la conquista de América comenzó un siglo antes en África, de donde él venía. También por este medio fue como supo de la trágica suerte de los negros esclavos en EE. UU.

La familia de Fela pertenecía a la clase media acomodada. Su padre fue un importante ministro protestante y su madre una importante feminista comprometida en el movimiento anticolonial del país.

Sandra Akanke Isidore no fue una de las veintisiete esposas del polígamo yoruba Fela Anikulapo Kuti, pero sí fue la musa feminista que inspiró la comuna que él integró, hasta que les cayó el rayo del sida que le quitó la vida a Kuti. Por eso éste pudo estudiar jazz en el Trinity College de Londres, Inglaterra. Allí, sin embargo, no se interesó por la política y las cuestiones sociales.

En 1976, para fortalecer su conciencia panafricana, Sandra pasó varios meses viviendo en la “República Kalakuta", la comuna tribal de Fela en Lagos. Allí grabarán a dúo la canción “Upside Down” (“La parte de arriba abajo”) y la cantarán juntos durante sus presentaciones en el club propiedad de Kuti. Ella será la única persona en cantar de tal modo con el legendario músico.

Como sucedió con el Sócrates de los Diálogos de Platón, a quien dos mujeres, Diótima y Aspasia, le revelaron los secretos y misterios del pensar libre como amor por la sabiduría, del mismo modo sucede con Fela Anikulapo Kuti, pero las dos mujeres para él se unen en una sola: Sandra Akanke Izsidore. Luego él explicará en una entrevista que Sandra le dio la educación que le faltaba, porque fue la que le abrió los ojos a la realidad de la historia y sus contradicciones. Esto lo conducirá a tratar de crear en Lagos su república de la liberación, su utopía personal. Una aventura que lo llevará a querer ser presidente de su país, lo que le provocará muchos choques con la dictadura militar y las instituciones reaccionarias de Nigeria que no pocas veces lo mandarán a la cárcel. De todo ello brotó poderosa la rebelión de la música afrobeat.

Su nombre legal era Olufela Olusegun Oludotun Ransome-Kuti. Luego eligió como su nombre de artista Fela Anikulapo Kuti. En yoruba, la palabra anikulapo significa “aquella persona que ha tomado a la muerte en su puño y que por tanto es inmortal”. También solía denominarse como Abami Eda, lo que en yoruba significa algo así como “el extraño misterioso”.

La clave o médula del afrobeat proviene de la música de James Brown y de Miles Davis, pero el cuerpo se lo dan los tiempos africanos de la música yoruba; de allí su nombre: “ritmo afro”. Más bailable que lo que hacía Davis y menos acelerado que lo de Brown, con cadencias funky pacheconas y la constante armonía chispeante de los metales y las voces como coro. El espíritu rebelde se lo dan las letras, especialmente las de Fela Kuti, porque hay muchos otros intérpretes de esta música africana.

Kuti nunca cantó sobre el amor romántico de pareja. Lo consideraba una de las cadenas del capitalismo. Sus letras más bien hablan de graves cuestiones políticas, desde una perspectiva local y global a la vez; de allí su vigencia duradera. No hizo propaganda proselitista ni sometió su arte a un dogma político, porque su inquietud era la justicia, una justicia socialista o más bien comunal. Un magnífico ejemplo de la poesía rebelde de este músico activista es la pieza “Teacher Don’t Teach Me Nonsense” (“Maestro no me enseñes cosas sin sentido”). Otro buen ejemplo de sus letras es la canción “Zombie”, dirigida a los militares necios y la gente torpe que sigue a ciegas las órdenes de un superior, sin ejercer su propia conciencia.

La creación del afrobeat por parte de Fela fue resultado de un proceso de asimilación y de síntesis que cuando menos se llevó una década y que en buena parte reflejó otras tendencias de la música popular de África Occidental, en el momento en que la música soul ganaba popularidad entre la juventud. Kuti no se convirtió en avestruz y trató de encerrarse en el pasado de su tradición. Por el influjo de Sandra, se puso a experimentar con el porvenir de la música africana en diálogo con la música del mundo. Sus experimentos dieron como resultado una nueva forma de arte musical en la que al menos, aunque minuciosamente integradas, tres tendencias musicales no se encuentran homogeneizadas y mezcladas al punto de desaparecer: una de ellas es la música highlife (un tipo de jazz africano) y otras modas y tradiciones afro (junto con su absorción previa de la música latina y caribeña), de modo que la presencia del jazz y la música soul se conserva distinguible por completo para quien escucha.

Mientras que esas tres tendencias base ya estaban presentes en otras formas contemporáneas de música popular del occidente de África, un ingrediente que distinguió la mezcla afrobeat de Fela Kuti fue la perdurable raíz del jazz. Lo rebelde del afrobeat fue saber ser vanguardia global jazzera, saber improvisar con formas de largo aliento y no sólo ser un archivo arqueo-pop de la memoria nigeriana, por la forma como él se dejó llevar por la imaginación libre de la música pop de la globalización como aventura por la libertad, sin que por ello dejará de manifestar su subjetividad regional, su memoria africana concreta, la subjetividad de su cultura yoruba, nigeriana.

Las improvisaciones de los músicos de las orquestas de Fela Anikulapo Kuti son imaginativas y diversas. Él tiene momentos sublimes con el teclado del piano eléctrico y también destaca la participación como solistas de Tony Allen en las percusiones y de Igo Chico en el sax tenor. Sin duda, los aportes de Allen fueron decisivos para la confección definitiva del ritmo afrobeat. Esto me hace reconocer como chiste de humor negro surrealista que ninguna banda de las del rockcito mexicano fue capaz de alcanzar tal originalidad y destreza con la cumbia.

Fela Kuti hizo que el jazz regresará a la danza y el guemilere. Le dio de nuevo la noble antigüedad de religión orgiástica del monte africano. Transformó los mitos de la tribu en el discurso crítico de la justicia universal, lo que nos une en esencia como humanidad, al considerar en serio que la estética debe ser antes que nada una ética. La ética de la liberación humana, un camino interminable para mantener vivo y activo el sueño de la comunidad ideal, sin violencia y sin muertes absurdas.   Porque la belleza más deseable hoy día es la plena libertad política para todos los seres humanos.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Expectativas