Vilna, Lituania. Maria Alyokhina, una de las líderes del controvertido grupo femenino de punk de origen ruso Pussy Riot, escapó de su país a principios de mes, para eludir la persecución de la cual era víctima por parte de la policía y las agencias de seguridad del Kremlin. La actriz y cantante, mejor conocida como Masha, estaba en el radar de los cuerpos de represión de Rusia desde 2012, cuando efectuó una llamativa protesta civil contra el presidente Vladimir Putin, en la catedral moscovita de Cristo Salvador.
Por aquel acto fue arrestada y condenada a dos años de prisión, acusada de vandalismo. Sin embargo, no claudicó y siguió en su lucha contra el dictador, por lo que en 2020 fue encarcelada seis veces más, cada una por 15 días, siempre con cargos falsos que buscaban menoscabar su activismo político.
Las cosas empeoraron a partir de que Putin determinó invadir Ucrania e impuso medidas para reprimir a los ciudadanos rusos que criticaran esta decisión. Como Masha la cuestionó públicamente, los jueces le anunciaron que sería recluida durante 21 días en una colonia penal. Ante ello, la artista pensó que había llegado el momento de huir del país y se disfrazó de repartidora de comida, con el fin de evadir a la policía de Moscú, la cual la mantenía bajo vigilancia. Para despistar aún más a las autoridades y evitar ser localizada, dejó su celular en el apartamento donde vivía con una amiga.

Un camarada la trasladó hasta la frontera con Bielorrusia y tardó una semana en cruzar ese país, siempre a escondidas, hasta llegar a Lituania, donde ahora se encuentra refugiada.
Durante una entrevista en Vilna, la capital lituana, con The New York Times, Alyokhina, de 33 años y gran defensora de la libertad de expresión y los derechos humanos en Rusia, comentó: “todavía no entiendo del todo lo que hice; pero me alegro de haberlo logrado, porque fue una impredecible y gran despedida de las autoridades rusas”.
Desde 2013, Masha y otra integrante de las Pussy Riot fundaron un medio independiente de noticias llamado Mediazona, además de que la primera escribió el libro Riot Days, en el que narra sus primeros diez años con la aguerrida agrupación político-musical.
Lejos parecen los días de aquella “toma” de la catedral de Cristo Salvador, donde interpretaron su tema “Una plegaria punk”, el cual se burla de la estrecha relación entre la Iglesia ortodoxa rusa y el Kremlin que si hace un decenio era notoria, hoy lo es aún más, ya que el máximo jerarca ortodoxo de Rusia, el patriarca Kirill, bendijo a las tropas que invadieron Ucrania y que actualmente libran una guerra tan absurda como sin futuro.

Pussy Riot se ha convertido ahora en un colectivo cultural que va más allá de lo musical. Son diez sus integrantes actuales, entre ellos la novia de Maria, Lucy Shtein, según se puede leer en la entrevista del New York Times. Ahí se cuenta que Shtein había decidido irse de Rusia un mes antes y evadió las restricciones de movimiento a que las que la tenían sometida las autoridades policiacas, “al escabullirse usando el uniforme de un servicio de entrega de comida. Tomó la decisión después de que alguien colgara un letrero en la puerta del departamento que compartía con Alyokhina, en el que se les acusaba de ser traidoras”.
Desde la seguridad que da estar en Lituania, a donde llegó luego de una serie de peripecias en las que logró burlar peligrosamente a la policía bielorrusa (recordemos que Aleksandr Lukashenko, el dictador de Bielorrusia, es fiel aliado de Vladimir Putin), en lo que ella describe como haber estado “en una novela de espías”, Masha dijo al afamado diario neoyorquino: “Nos tienen miedo porque no pueden controlarnos”.
Su idea, como la de miles de rusos opositores al régimen que han huido de su patria a raíz del conflicto en Ucrania, es regresar a Rusia, aunque no sabe cuándo ni cómo lo hará. Por lo pronto, Pussy Riot ya realiza una gira por Europa que comenzó el 12 de mayo en Berlín, luego de una visita de la activista punk a Islandia, donde contó con el apoyo de la mismísima Björk.
Maria Alyokhina no se deja amilanar. Está acostumbrada a vivir bajo el acoso de su gobierno. Es por ello que exclama: “Si tu corazón está libre, no importa dónde te encuentres”.