Doreem, en la vida real conocida como Tania Pomar, acaba de poner a circular Iterations felidae (Static Discos), el trabajo número tres de una trayectoria que arranca en grabaciones en 2020 con Seelen, fecha cuando su actual compañía discográfica comenzó el lanzamiento de su música.
Pomar tomó clases de piano y fue oyente en el taller de jazz del maestro Francisco Téllez, en la Escuela Superior de Música, aunque se confiesa mayormente autodidacta, un proceso en el cual la música electrónica, por la que finalmente se decantaría, tuvo un peso importante desde temprana edad. Dice: “En casa de mis padres se escuchaba todo tipo de música. Me siguen pareciendo sobresalientes Wendy Carlos, Tomita, Tangerine Dream, Klaus Nomi y Kraftwerk; luego conocí el Spät-Europa (1982), de Asmus Tietchens, y se convirtió en un pilar central”.

Antes de iniciarse como solista, formó parte de Melamina Ponderosa y Duopandamix. Al desligarse de este último proyecto, comenzó a generar su propio trabajo y fue una casualidad la que llevó a Static Discos a añadirla a su elenco. Cuenta Ejival, uno de los responsables del sello: “Me encontré un demo que me había enviado hacía mucho tiempo. Ni ella se acordaba de él, estaba traspapelado en mis cosas y esa fue su primera realización bajo el nombre de Doreem”.
Ella agrega: “En 2020, Seelen estaba próximo a publicarse en Static y yo no tenía seudónimo. Esa obra la produje en el 2005, bajo el proyecto Mecsa Droid. Después de tantos años, ese alias ya no resonó en mí. Fue un proyecto de MiamiBass-IDM y Seelen que entonces se titulaba Poltergeist. Se alejó mucho de ese estilo, pues fue concebido para una puesta en escena de danza contemporánea. Doreem delimita mejor el estilo cinemático, es un nombre propio”.
Parte de la música de Seelen se compuso hace más de tres lustros, para una coreografía de la compañía de danza de Pilar Gallegos llamada Sin título (cuya historia habla de un árbol que se convierte en mujer y enfrenta sombras y apariciones). Es un paseo por un entorno misterioso, a veces lúgubre y en ocasiones siniestro, una música en la que fuegos fatuos, hadas, reptiles y elfos danzan, entran, salen y desaparecen intempestivamente a placer, en un jugueteo en el cual las sombras también desempeñan un papel importante.
Seelen, además de alumbrar a Doreem y dar a conocer un trabajo guardado en el baúl, despertó nuevamente el deseo creativo de su autora y al año siguiente apareció Nocturnina, descrita ambiciosamente como una ópera gótica en cinco actos. Como su predecesor, es un trabajo cargado de misterio, bello a pesar de sus momentos ominosos y, a mis oidos, mas cinemático que Seelen.
De esta segunda producción, dice Doreem: “Tiene poco que ver con el género de la ópera, más bien es como cuando ves o lees una historia de ciencia ficción y la catalogas como una ópera espacial. Imagino la música de Nocturnina representada con vestuarios, maquillajes y escenarios al estilo Lindsay Kemp. En ese sentido, el término clásico de ópera es un poco más afín y más afín también a una ópera muda. Fue muy automático hacer Nocturnina. El proceso fue de gran entusiasmo por el tardío pero feliz aterrizaje de Seelen. Todo se fue dando casi sin darme cuenta; de pronto aparecieron las canciones, seguidas por la historia de Nocturnina ya contenida en sus títulos”.
Armada con Ableton live, FM7, Propellerhead Reason y Oxygen 6, entre otros instrumentos, Tania Pomar hace llegar ahora Iterations felidae, su más reciente producción, la cual desde su portada, más luminosa, parece incluir sonidos menos lúgubres; pero inmediatamente nos damos cuenta de que no es así. Se trata de un trabajo minimalista, orquestal, terrible, dramático por momentos, profundamente misterioso.
“Es sobre la devoción y la admiración por los gatos. Una iteración gatuna. Un fractal de felinos. Una repetición que muta a cada paso y al mismo tiempo sigue siendo la misma. La portada la diseñó Rubén Tamayo (FAX). Fue sorprendente que siempre esta música la oí de color rojo y sin decir nada a Rubén, se le volvió a manifestar el rojo en su diseño; al parecer él también tiene sinestesia. Es un homenaje a los gatos que se manifestó poco después de terminar las canciones. Al principio fue un escape del confinamiento de la pandemia. Estuve encerrada con mi música y mis gatos. Al final, ellos me dieron la clave”, comenta.
Música nacida en estudio la de Doreem. Ondas sonoras que bien podrían presentarse con una laptop, pero cuyo efecto se diluiría. Ya están los discos, ahora sólo falta darles vida en directo.
“Deseo mucho presentar a Doreem en vivo, con un ensamble de músicos con sus instrumentos. La configuración laptop no entra en la ecuación. Quiero encontrar la forma de reunir los recursos necesarios para que suceda”, concluye.
