Cardiel y su Armagedón Afterparty

Cuando se habla del power dúo Cardiel —integrado por el guitarrista y vocalista Miguel Fraíno y la baterista Samantha Ambrosio—, es acertado describirlo como un potente maremoto sonoro que arrastra entre sus estruendosos torrentes trazas de skate rock, fuzz punk y dub psicodélico. Oriundos de Valencia, Venezuela, pero asentados en Ciudad de México, Fraíno y Ambrosio iniciaron su proyecto a mediados de 2010, con la finalidad de musicalizar videos para sus amigos practicantes del skateboard, aunque rápidamente se transformaron en una mancuerna granítica a la que sus primeros seguidores bautizaron como “el dueto de la muerte”.

Con doce años de trayectoria, dos álbumes (Local solo, 2014 y En vivo en Canal Once, 2016), un disco EP (Aloha from Fuzz, 2017) y una extensa lista de presentaciones nacionales e internacionales (por mencionar los más recientes, el SonicBlast, 2019, realizado en Portugal y el MonkeyBee Festival, 2021, en México), el dueto regresa a la palestra discográfica bajo una nueva entrega titulada El Armagedón Afterparty (LSDR Records y Vesubio Grabaciones).

Al igual que en sus trabajos previos, los cuales se rigieron según el dictado punk del “Do it yourself”, para este disco la pareja utilizó sus destrezas y conocimientos en el tratamiento y registro del audio dentro de su propio estudio, ubicado en la capital mexicana. El producto final son nueve temas colmados de un fuerte y concentrado fuzz guitarrero generado por Fraíno, los cuales discurren paulatinamente entre algunos pasajes de dub psicodélico y se sostienen mediante los beats de batería apabullantes, veloces, limpios y sumamente vigorosos de Ambrosio,   una combinación explosiva y dinámica que los ha llevado a ganarse espacios en diversas escenas musicales.   Asimismo, los argumentos de la placa distan de ser complacientes o banales y mantienen una visión crítica e incisiva; por ejemplo: el confinamiento tanto físico como mental (“Que el cautiverio no te cautive”); el abuso de poder, la xenofobia y el credo religioso (“Control de plaga”); la migración (“El papel”); la explotación y destrucción de los mares (“La muerte del nacimiento”) o el falso apropiamiento cultural y su comercialización (“Rapiña cultural”), entre otros.

Fraíno cuenta: “El nombre del disco está inspirado en el despertar de la conciencia humana y el identificar todos los estragos de la sociedad y su ‘programación’. Habla sobre salirse del sistema en sus diferentes aspectos: la alimentación, los medios, la educación, etcétera. Por lo que El Armagedón Afterparty sería como la bienvenida a esa salida o ese nuevo despertar. Los temas tratan sobre las conveniencias fatales con las cuales convivimos y aplicamos todos los días, pero en vez de obtener beneficios, simplemente ocurre lo contrario y terminamos favoreciendo a las grandes corporaciones que destruyen nuestro entorno”.

Fotografía: cortesía Cardiel
Fotografía: cortesía Cardiel

Probablemente, para aquellos que aún no conocen a Cardiel (apelativo inspirado en la leyenda deportiva viviente del skateboard y el snowboard John Cardiel), los posibles decibeles que genera este par de músicos les pudieran parecer en principio un tanto exiguos o difuminados; sin embargo, no hay nada más equivocado, pues en el corazón sonoro del grupo, además de la vehemente batería, también se alojan múltiples pedales de guitarra que construyen, mediante diversos efectos (loops, distorsiones, delays, rangos de frecuencia, etcétera),  numerosas capas sonoras que se sobreponen unas a otras o se entrelazan para formar un muro acústico agresivo e infranqueable. Todo aderezado con las entonaciones ferales y directas de su cantante.

“Control de plaga”, es el corte inaugural del álbum y empieza con calmos pero pesados punteos de guitarra, los cuales son acompañados durante más de un minuto por la batería; juntos adquieren paulatinamente más presencia y contundencia hasta convertirse en una especie de marcha rítmica imparable. Entonces, Miguel exclama: “Hospitaliza / Hospitaliza / Tu xenofóbico local / Préndele fuego / Préndele fuego / A tu capilla local / Control de plaga / Control de plaga / Control de plaga”.  Posterior a este culmen, el ánimo del tema desciende como al inicio, para terminar sosegadamente.

Le continua una historia sobre patinetas, viajes y compañerismo con “Destino bowl secreto” y, a diferencia del tema anterior, la dupla arremete con todo casi al instante (“Lesionado permanente” / Nadie es amigo de nadie / Motivado por la adversidad / Destino / Destino / Bowl secreto / Bowl secreto”). Los veloces golpes de Ambrosio son el timonel que señala las distintas fases estridentes de la composición, pero pronto se detienen para dar paso a un tendido episodio tonificante de dub, en el que profundos acordes se alzan como protagonistas.

Para la pieza que intitula al disco, es posible advertir durante la introducción algunas frases en japonés (cuenta nuestro entrevistado: “lo grabé una vez que fui de trabajo a Osaka y estaba platicando con unos amigos patineteros, quienes me explicaban sobre cierto spot legendario de patinetas que se encontraba ya prohibido; fue un extra que le pusimos a la canción”). Enseguida, los instrumentistas realizan algunas robustas maniobras conjuntas que se desarrollan hasta detonar en un flujo resonante y salvaje. La tensión se acumula y expande (“Armagedón / Afterparty / No nos olviden / No nos olviden”), para posteriormente refrenarse. Entonces, los efectos regresan con lo que parecieran fieros bramidos de alguna bestia que ronda las cercanías y desaparece.

Fotografía: cortesía Cardiel
Fotografía: cortesía Cardiel

  En la breve composición “El papel”, tras una fugaz seguidilla de punteos y beats, los músicos manifiestan, bajo un galopante ritmo, parte de su sentir sobre la migración: “El papel para vivir / El papel para sonreír / Ya peleaste suficiente por los dos / El papel me arruinó”. Al respecto, Fraíno insiste: “La canción trata sobre el conflicto psicológico e interno que tienen las personas cuando se van a otro lugar y hasta que no obtienen un pedazo de papel no se vuelven parte de este. Es una locura pensar que el ser humano dependa de eso para su estadía legal en cualquier lado. Las fronteras son un sinsentido,  porque la tierra es de todos. Sin excepción, todos somos extranjeros y el único lugar donde no lo somos es el sitio en el que nacimos.

Hasta este punto, sólo se han explorado el estrépito, la fuerza o el rigor, pero también hallamos melodías que invitan al trance, la cadencia y el desempacho. En el dub psicodélico “Sombra psycobólica”, un riff densamente reverberado abre y se sitúa como telón de fondo, para que poco después se incorporen la batería y una penetrante línea de bajo. Estos elementos se desarrollan junto con algunos otros efectos y luego descienden con vigor. El trecho final se adentra en distorsiones altamente condensadas de guitarra que van enmudeciendo tranquilamente.

En similar vena encontramos “Vesubio Dub”. Aquí son notorias al comienzo las locuciones nuevamente deformadas de otro lenguaje, junto con los grávidos trazos del bajo. A estos les suceden rítmicas ejecuciones en batería y los acordes reverberantes; las palabras introductorias regresan, pero más trastocadas en cada ocasión y su mensaje se intensifica. Cerca del cierre,  ocurre un silencio casi total, el cual da paso a sonidos de índole forestal (probablemente aves e insectos) y otros efectos apagados, para por fin acallarse completamente.

Para los coleccionistas, seguidores e interesados en adquirir alguna copia física en formato CD (limitado a trescientos ejemplares) de Armagedón afterparty, pueden hacerlo en el sitio bandcamp de Cardiel o durante alguno de sus muchos conciertos programados para este año a lo largo del territorio nacional, mismos que comenzarán por el sureste y culminarán en el norte del país. Por supuesto, las giras al extranjero no están excluidas. A esa forma de recorrer los caminos –tanto en la música como con las patinetas– el dúo lo llama “tourear”.

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Publicado en: Disco de la semana