Expectativas
Alabanza de “Mil horas”

A Humphrey Inzillo

La canción “Mil horas”, interpretada originalmente por Los Abuelos de la Nada, seguramente es una de las más perdurables y afamadas del rock argentino. Además de ser todo un éxito de las discotecas del mundo en los años ochenta del pasado siglo, esta pieza ha perdurado a través de un buen número de covers, entre los cuales destaca la interpretación cuambiambera que le hizo la Sonora Dinamita.

Con estas versiones, efectivas y duraderas por sí mismas, se sanja, creo yo, la cuestión de si este tema es o no es un “rockcito” bajero o sudaca. Porque de muchas formas, en los cuarenta años que lleva vigente, “Mil horas” se ha convertido en un acto de resistencia contra la enajenación del rock como mercancía privilegiada de la sociedad del espectáculo global del gran mercado del dólar que da órdenes en lengua inglesa, pero también puede ser considerada como una divertida rebelión juvenil en contra de la música folcloroide conosureña de cajón y, por otro lado, contra la monotonía salsera que impuso el negocio “latino” de discos Fania.

“Mil horas” puede caracterizarse como todo un poema popular urbano. Un poema que recupera la tradición heterodoxa de los trovadores provenzales y juglares de la legua de tiempos del Arcipreste de Hita. No es arte culto, no es poesía de academia, no es canción de concierto en Bellas Artes. Tampoco es canción de lo fácil, ranchera o de la tierra. Es música urbana, con letra cosmopolita y cosmopolítica. Sus efectos de alegre sabiduría existencialista no dejan de aumentar y mejorar los resultados liberadores de la imaginación con el paso del tiempo, es una obra que sabe volverse mejor día con día.   Porque cada vez que se escucha, “Mil horas” provoca resonancias nuevas, diferentes, sin dejar de iluminar la memoria de todas las otras ideas que haya provocado antes. Y si es la primera vez que se le escucha, de inmediato captura la atención y el gusto, porque es pegajosa, hace no dejar de escucharla por un rato, querer volver a escucharla, cantarla, bailarla, compartirla y en ello estamos aquí.

Ser ambigua y multívoca es la primera virtud trascendental que se le encuentra a esta canción compuesta por Andrés Calamaro, en lo público; porque en realidad, la hizo con la ayuda de Marcelo “Cuino” Scornik, un músico que no aparece en los créditos de la grabación de Los Abuelos, ya que se dice que le caía muy pero muy mal al productor del estudio donde la grabaron: Charly García. Lo cierto es que música y letra tienen que ver con muchas cosas diferentes y ninguna de ellas se nos queda fija como la definitiva. Las interpretaciones fluyen todo el tiempo. Pero se cuenta que en un primer momento esta canción no le gustó a García y a los demás miembros de la agrupación, así que estuvo a punto de no ser grabada y quedarse fuera del álbum.

Los Abuelos de la Nada fue un grupo argentino de rock de larga historia, con varias etapas creativas y diversas alineaciones. En un principio, a finales de los años sesenta, el combo osciló entre el músico, poeta y cantante Miguel Abuelo y el guitarrista Pappo Luca; pero no duraron mucho juntos y nada importante dejaron grabado. Quienes los escucharon en ese primer momento los calificaron como una mezcla folclórica bonaerense de The Mothers Of Invention, Cream y Bob Dylan.

Durante los años nefastos de la dictadura militar en Argentina, los setenta del siglo XX, Miguel Abuelo emigró a Europa. Regresó diez años, después a Buenos Aires, cuando las cosas empezaban a calmarse, e integró de nuevo a la banda, ahora incluyendo en los teclados al divo Andrés Calamaro. En 1982 grabaron su primer álbum homónimo, producido por Charly García, con su primer éxito de público, la canción “Sin gamulán”, compuesta por Calamaro. Por cierto, el nombre de este grupo musical viene de la novela El banquete de Severo Arcangelo, de Leopoldo Marechal, en el que uno de los personajes dice: “Algún día tendré que llamarlo a usted padre de los piojos y abuelo de la nada”.

Su segundo disco, Vasos y besos, de 1983, es el que les dio la fama por la que ahora escribo aquí de ellos, pues incluía la canción "Mil horas" de Calamaro, junto con grandes momentos de la poesía musical de Miguel Abuelo, como “Yo soy tu bandera”. Luego grabarían dos obras más: Himno de mi corazón y Cosas mías. Calamaro abandonó el proyecto en 1985 y Abuelo murió en 1988. Desde entonces, algunos de los diversos integrantes se han seguido reuniendo para “ruqueanrolar” en conciertos y toquines con lo que les queda de buena fama, pero ya sin las dos luminarias: Miguel Abuelo y Andrés Calamaro.

La alineación de Los Abuelos que grabó la versión original de “Mil horas” la formaban Polo Corbella, batería; Daniel Melingo, saxo, clarinete y voz; Cachorro López, bajo y voz; Gustavo Bazterrica, guitarra y voz; Andrés Calamaro, teclados y voz y Miguel Abuelo, voz y percusión. En un principio esta pieza era un bolero facilón, pero la imaginación creativa del grupo la transformó en la balada funky pop que es.

Ahora se sabe que el significado literal de la letra de “Mil horas” tiene que ver con una historia de amor romántico entre adolescentes. Se habla de una pareja heterosexual en la que la mujer deja plantado al varón en una de sus citas, lo hace esperar mil horas bajo la lluvia y nada. La anécdota es autobiográfica. En el momento en que la compuso, Andrés Calamaro estaba enamorado de la ahora periodista y escritora Cecilia Szperling, su compañera de bachillerato. Eran buenos amigos, pero nunca llegaron a ser novios, dice ella. Por eso a Cecilia se le olvidó esa vez la cita con el Calamaro adolescente, su amigo punk, mientras que él la esperó por mucho tiempo, llovió y se empapó y se quedó con su excitación de querer enamorarla más de cerca. Tal es la historia.

Pero los retumbes multívocos del texto con que se cuenta esa sencilla historia de amor parecen infinitos. De inmediato, en el momento histórico en que la canción llegó a la radio en Argentina, acababa de ocurrir la Guerra de las Malvinas, donde murieron en forma absurda e inútil miles de jóvenes. Entonces la letra tomó un sentido tétrico, al connotar la situación de los muchachos en el frío de las Malvinas con una pistola (“cohete”) en el pantalón para suicidarse, antes de que los capturaran los soldados ingleses y la frase “vos estás tan fría” se convirtió en una alusión a la “patria” que los dejaba morir de aquella forma. Todo dicho como en clave, sin que la pudiesen censurar.

La frase “como un perro”, en términos de esa guerra torpe y cruel entre Inglaterra y Argentina, refería al hecho de que se decía y dice que los conscriptos argentinos de élite recibían al inicio de su formación militar un cachorro de perro, al que debían cuidar y educar durante todo su período de capacitación; perro al que, cuando terminaba su entrenamiento militar, tenían que degollar en público de un tajo de bayoneta como muestra de su obediencia a “la Patria” y su entrega a las reglas de la guerra.

En otro campo semántico, la letra de “Mil horas” puede connotar una cuestión de adicción a las drogas, por la mención a “la blanca” y “la piedra”. El “cohete en el pantalón” puede ser un churro de marihuana, tal como lo ha declarado Calamaro mismo. Y “estrella roja” era el nombre de un ácido. Luego la letra de esta canción puede ser la alegoría de un acto sexual, en el que el “cohete” es una metáfora de la erección masculina y lo “mojado” remite a una eyaculación precoz. Más una irónica reflexión nihilista sobre la imposibilidad de la experiencia mística y la facilidad con que se le alucina.

Sin embargo, también puede entenderse como una burla punk sobre lo que ya se veía entonces como el fracaso económico total de la “estrella roja” del comunismo y su último empuje de locura maoista sesentaiochera cheguevarosa, con una infinidad de retumbes cardiacos en movimientos guerrilleros argentinos como los Montoneros Peronistas.

Aunque también todo en la letra de esta canción popular se puede interpretar como una historia gótica macabra, en la que un enamorado se encuentra con el cadáver de su amada, como en poema de Edgar Allan Poe. ¡Tantas ideas nos comunica!

Total. Andrés Calamaro, poeta joven, juglar inspirado, dejó que la poesía y no sólo su subjetividad hablara por la letra de esta canción. Por eso ingresó de un modo excepcional en ella el espíritu de la época, mediante las referencias a las drogas y la guerra de las Malvinas, a fin de hacer que todo estallara en los juegos y contrajuegos trágicos y cómicos del amor pasión y sus mil y una máscaras. Pero siempre es una canción melancólica que nos habla de la fuerza de la espera y la esperanza, del deseo de algo hermoso y grande que nunca llegará tal como lo deseamos. Los Abuelos de la Nada, como buenos músicos, le aportaron el arreglo musical perfecto y le otorgaron personalidad internacional, desde la forma hispanoamericana de hacer música pop ligera pero duradera.

Ojalá que con lo hasta aquí rememorado se entienda mejor por qué “Mil horas” será una canción perdurable y por qué nos atraen y seducen su letra y su música desde la primera vez que la escuchamos.

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Publicado en: Columnas

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