No es música convencional. Nada tiene que ver con la aburrida costumbre del gran bostezo en el círculo vicioso de lo fácil en tiempo de cuatro por cuatro, abierto o disfrazado. No poca gente incluso dirá que esto sólo es ruido, puras ganas de molestar y llamar la atención con escándalo. Dirán que es música fantoche, pura payasada.
Tampoco es música popular. No busca agradar a la masa, no les da por su lado dócil a las ovejas del montón con audífonos. No es un mero recuerdo del pasado que regresa con máscara de novedad predecible. No es moda pasajera ni automatismo de repetición de lo ya sabido y digerido.
Es música contracultural, música en contra de la catástrofe tranquila; por la forma como incomoda y enoja a los normalizados y voluntariamente atados a la yunta del desorden establecido como espectáculo de las habladurías de siempre. Es música que se plantea subversiva, música rebelde que le lleva la contraria al súper-mercado del ruido corporativo.
Y entonces la grabación de que hablo es más que nada música de vanguardia, aunque sea la grabación de una presentación en concierto ocurrida hace cuarenta años. Música experimental, música arriesgada. Música que aún hoy va en busca de lo desconocido de la música como vivencia de libertad. Asombro y otredad. Distancia y conciencia.
Es una obra musical de un grupo muy poco conocido y de efímera existencia. Hay poca información accesible sobre él en Internet. Aquí yo dependo para informar en mucho de lo aparecido en un artículo escrito en lengua inglesa por el crítico Nick Metzger, en enero de este año, para el espacio virtual de The Free Jazz Collective, cosa que aquí le reconozco y le agradezco.
Corresponde a la grabación informal de una presentación en vivo del insólito grupo Bergisch-Brandenburgisches Quartett, durante su gira de 1982 por los Estados Unidos, donde los acompaña en dos piezas el músico Fred Frith. La grabación fue puesta en circulación el año pasado por la pequeña empresa disquera alemana JÄV, propiedad de uno de los miembros de este cuarteto.
Me los encontré de repente en YouTube, mientras revisaba la amplia obra de Fred Frith, un músico importante por muchas razones y motivos, muy especialmente por su modo de estar dentro de la música del futuro y dentro del rock esencial todo el tiempo por cosa de medio siglo, dejando predominar siempre su lado rocanrolero, en el que Frith es un creador tan importante como Frank Zappa o Robert Fripp, aunque siempre se le ha situado más dentro del orden minoritario de las élites intelectuales de la música contemporánea y lejos de los estadios y las ventas millonarias de discos (prometo dedicarle una de estas “Expectativas” muy próximamente, pues en ello trabajo con ahínco ya).
Pero aún más excéntricos y experimentales que Frith son lo cuatro artistas alemanes que integraron por un momento este Bergisch-Brandenburgisches Quartett (BBQ). Fueron una combinación alquímica trascendental de los dones musicales e imaginativos de las mentes creadoras de Rüdiger Carl (saxofón, acordeón y performance), Hans Reichel (guitarra eléctrica), Ernst Ludwig Petrowsky (sax alto, clarinete y flautas) y Sven-Áke Johansson (batería, acordeón y voz). Los cuatro venían trabajando juntos en diversas agrupaciones musicales antes de conjuntarse como cuarteto, para empezar a presentarse en público en Rostock, Alemania, en 1980. Según la información aportada por Metzger, en ese tiempo Petrowsky vivía en Berlín Este y Johansson en Berlín Oeste, mientras que Carl y Reichel vivían en Wuppertal. Así, resulta que Berlín está en el condado de Brandenburgo y Wuppertal en la región de Bergisch y de allí viene el nombre del grupo.
En 1982, la banda se embarcó en una gira por la Costa Este de los Estados Unidos, para lo cual tuvieron que resolver obstáculos nada triviales. Primero, Petrowsky tuvo que obtener un pasaporte de Alemania Oeste, lo que pudo conseguir con el pretexto de que tenía que realizar una extensa gira por esa Alemania. En segundo lugar, ninguno de los miembros del grupo contaba con tarjeta de crédito, así que un amigo en Nueva York tuvo que rentar por su cuenta el transporte terrestre para realizar la gira. Fred Frith, quien vive en Nueva York y aparece tocando en la parte final de esta grabación, les ayudo para arreglar algunas de las presentaciones del cuarteto.
La grabación que aquí comento documenta una parada en la ciudad de Allentown, Pennsylvannia, con el ya mentado Fred Frith uniéndose a este grupo alemán de músicos en la interpretación de las últimas dos piezas de la presentación grabada.
El título del disco, Free Postmodernism (“Postmodernismo libre” que también se puede entender como “Liberen al postmodernismo”), quiere ser irónico de principio; es el inicio de los años ochenta, cuando la etiqueta de “postmodernismo” se ha puesto de moda y se le aplica a todo lo del momento. Pero también define el tipo de música que produce este cuarteto: jazz libre (free jazz) en interpretaciones estructuradas de acuerdo a la voluntad de vanguardia experimental del grupo, el cual desea llevar el dadaísmo y el situacionismo a hechos correspondientes a lo que ya en ese momento era el comienzo del olvido de la revolución cultural maoista sesentaiochera. Música postmoderna, música pura, el sonido y el silencio cifrados en forma inteligente, de acuerdo a las estridencias y rupturas de la época. Voluntad de poder como arte, contra la oscuridad del nihilismo y su espectáculo hueco, su espejismo.
La primera pieza es la más extensa en el tiempo y comienza agitadamente con el frenesí de los saxos corriendo amok contra el ritmo estrangulado de la batería y la guitarra. Destaca entonces la guitarra adelgazada y contenida de Reichel que camina de manera controlada y con el paso de los otros instrumentos. Escucharla con atención la hace sentir una parte del conjunto, pero también una estructura perfectamente separada del estruendo de los otros músicos, como si fuera un diseño de hoja de oro adornando la llama de un grueso tronco encendido en la hoguera; sí, oro y fuego, luz dorada, luz brillante. La intensidad decrece, el estruendo de los saxos se suaviza hasta parecer un diálogo de murmullos, los ritmos de la batería se convierten en golpes discretos y timbres seseantes del metal de los platillos, la delgada hoja de oro se disuelve en un rocío de confeti ligero y de rasgueos tintineantes de las cuerdas, con armonías que se corresponden entre sí como la caída de pequeñas plumas blancas y por detrás de todo ello la danza ritual de los contrapuntos en las estridencias y resonancias de la batería. Reichel aporta más y más espirales de plumas, ahora de muchos colores de tono pastel translúcido con las melodías que insinúa. Es una corriente tornasolada para el lamento de los metales y la desintegración que genera la percusión. El acordeón se presenta a sí mismo de forma humilde, como amable acompañamiento para la prédica dadaísta con que Sven-Äke pontifica su credo estético a un público agradecido y cómplice efectivo de la experiencia, mientras que la pieza se disuelve en un ambiente fragmentado de notas y sus armonías.

La segunda improvisación escupe fuego de dragón y cobra vida medusa por medio de la interacción espasmódica y relumbrante de los instrumentos de Reichel y Johansson. Alrededor del punto medio de la interpretación, su extraño vehículo de fantasías grotescas se atasca en la sopa viscosa de la gente libre germánica alucinatoria de los tiempos antiguos, vertida por los instrumentos de Carl y Petrowsky.
La tercera pieza comienza con una ráfaga de tambaleante guitarra reicheliana, antes de continuar una vez más con el canturreo teatral y la avant-polka exploratoria de Sven-Åke. Una probada perdida de la canción “Moon River” y el grog hierve en una ráfaga ahora de percusión explosiva y las expresiones de clarinete de Petrowsky y las astillas de ello.
Las risas alegres y los aplausos dispersos de la multitud durante la cuarta pista insinúan algunos gestos cómicos inauditos del cuarteto durante los apagados comienzos de la música. Reichel alterna acordes cortados rápidamente con un arpegio mudo y tambaleante y técnicas de guitarra de doble puente, mientras que la percusión y las lengüetas aumentan lentamente la intensidad. Es difícil precisar hasta dónde finalmente llega de alto la ola, pero una vez que lo hace, la segunda mitad de la pista es un buen golpe de Carl y Petrowsky improvisando, quienes así aportaron un poco del viejo grito y lamento del folklor germánico para el deleite de una audiencia agradecida.
Desde la quinta pista en adelante, el señor Fred Frith se une al grupo con el violín, la guitarra y los efectos de música electrónica. Cosas realmente geniales las tres. Hay una maravillosa jovialidad nietzscheana impartida a la música (algo que en cierto modo se esperaba, dadas las partes involucradas en la experiencia), una jovialidad que se manifiesta tanto en una actuación más animada como en una fuerte revitalización de la olla creativa. Los saxos que rebotan uno contra otro se mueven entre un estruendo de escombros de acordeón, la guitarra rasgada irregularmente y el trabajo inflexionado de arco en el violín de Frith. A los siete minutos, Reichel toca un riff discordante de 4/4 que contrasta con todo lo demás que está sucediendo. Lo sostiene el tiempo suficiente para permanecer periférico y luego rápidamente lo deja desmoronarse.
La pieza final inicialmente empareja un acordeón con la guitarra, interpretando un falso-tango con el diálogo serio de la corriente de conciencia de la percusión de Sven-Åke, cuando la pieza estalla abruptamente en un caos comunal extático. El descenso es un lento cierre de fiesta de flauta, silbidos, cantos de pájaros y brillos de guitarra zumbadora.
Free Postmodernism, BBQ with Fred Frith – USA 1982 nos entrega una rica variedad de arte de la performance postmoderna, con una guitarra mutante, música folk y free jazz de un grupo cuyo sonido es tan único como parece. Este es solamente el segundo lanzamiento oficial de BBQ después de su debut homónimo en Amiga, en 1984, aunque hay un par de fechas en concierto flotando en la web para aquellos que estén interesados. Y si este único disco de este conjunto de free jazz europeo clásico recién desenterrado no es suficiente para entusiasmarte, Sven-Åke insinuó ya que hay más lanzamientos de archivos de BBQ por venir.
El grupo se formó sobre el acuerdo de que nunca iba a grabar su música como mercancía del espectáculo. Sus miembros siempre harían improvisaciones únicas e interpretadas directamente ante un público, sin posibilidad de repetición. Por eso, cuando los otros tres integrantes de BBQ se enteraron de que Sven-Äke había firmado un contrato con la disquera Amiga, para vender sus grabaciones, decidieron acabar con el cuarteto de modo inmediato y definitivo.