Braulio Lam: cuando la fotografía y la música van de la mano

En Tijuana hace años que la fertilidad de la música electrónica es norma. El número de exponentes se multiplica y lo mejor de esta fecundación es que, lejos de ser una vulgar clonación, se ha convertido en un muestrario de la diversidad.

Braulio Lam nació en San Diego, pero estudió y creció en Tijuana  (“considero que es un mismo lugar con dos idiomas diferentes”) y forma parte de esa “familia” que ha encontrado en Static Discos la casa que los ha acogido para luego “expulsarlos” a encontrar nuevos caminos, como es el caso de Balance de blancos (Ediciones Éter, Colombia), su más reciente producción.

Lam forma parte de esa pequeña grey que combina las artes visuales con la música. Es una historia con fuertes raíces en la infancia y que nos cuenta en esta entrevista. “Para mí, fotografía y música van muy bien de la mano”, dice. “Cuando veo imágenes, no necesariamente fotografías, me inspiran directa e indirectamente al momento de hacer música y viceversa. Recuerdo perfectamente cuando tuve la inquietud con la fotografía. Fue poco antes que la música. Ambas las terminé descubriendo en la primaria, inicios de secundaria. Me llamaba mucho la atención ver películas de guerra con mi padre, en especial películas sobre la guerra de Vietnam. Veía soldados que utilizaban cámaras Nikon de 35mm. Me llamaba más la atención ver soldados con cámara tomando fotos, en medio de disparos y explosiones, que los soldados con sus M16. Poco después, a mis doce años, justo entrando a la secundaria fue mi encuentro con la música. Tuve clases de guitarra en la escuela. Afortunadamente, mi padre, también músico, me enseñaba en casa sus acordes de bossa nova y canciones que él tocaba de joven. Poco después tuve mi primera banda con los mismos compañeros de clase, tocando temas del rock en español y clásicos en inglés”.

 

Fotografía: Dagoberto Martínez

Como otros de sus contemporáneos, Lam tuvo su iniciación con grupos emblemáticos del rock inglés (Led Zeppelin) y latinoamericano (Soda Stéreo) que luego puso en práctica con las diferentes agrupaciones de las cuales ha formado parte, la mayoría de ellas desconocidas (Perra Galga, Siberium –“ahí fue cuando empecé a utilizar laptop y guitarra”–, Slares y Miel). “Eso fue en 2016, justo cuando me encontraba produciendo Soundtrack for Vision” (su primer álbum ya inscrito en la vena electrónica).

Lam cursaba la preparatoria cuando comenzó a interesarse más en la electrónica: “Me pasaba horas navegando en blogs y forums, descubriendo y descargando álbumes. Descubrí un montón de música electrónica: minimal techno, dub techno, ambient, IDM, pero quien me indujo de lleno a la electrónica fue Gustavo Cerati. Siendo fan desde secundaria, descubrí sus proyectos Ocio y Plan V. Gracias a ello, por nerd comencé a toparme mucha música electrónica de Argentina y Chile. Sellos, productores, bandas muy interesantes. Conocí más música argentina que mexicana, pero poco después conocí productores mexicanos y sellos nacionales como Static Discos, del cual actualmente formo parte”.

Antes de llegar a Balance de blancos (2021), Braulio Lam grabó el ya mencionado Soundtrack for Visión (2016), obra que aún le gusta: “Es un trabajo en el cual experimenté mucho. No sabía hacia dónde iba mi sonido, pero están muy claras mis influencias del momento:  Porter Ricks, Experimental Audio Research, David Hykes, Miles Whittaker, Vladislav Delay, por mencionar a algunos”.

A esa primera producción siguieron Kinetic (2018), un trabajo más experimental, y Long Exposure (2019); este último “lleva todo un concepto fotográfico, es más polirrítmico, más marcado el estilo ambient y el dub.   Dream Lens (2020) salió poco después del comienzo de la cuarentena. Tenía la inquietud de un trabajo más limpio y ambiental, logré obtener ese sonido atmosférico combinado con algunos sampleos de viniles que hice de Joe Pass, Shakti con John McLaughlin y el soundtrack de 2001 Space Oddisey”.

El reciente Balance de blancos nace de un interesante concepto. Escribe su autor en la contra del álbum. “Una experiencia cinematográfica a través de la temperatura de la luz de color que explora la potencia plástica del sonido, moldeando cuerdas por medio de la dilatación y reverberación de guitarras, un ukulele y una citara colombiana”.

Cada uno de los cortes lleva el título de un momento del día o de un instante climático del mismo, lo que significa que Braulio Lam compuso esos temas en un momento específico del día. Tomó las cuerdas, las expuso al medio ambiente para que con éste se dilataran y después las tocó.

Cuenta: “Justo así fue. En medio de la pandemia, cuando no se podía salir, en esos momentos de completo aislamiento y soledad, se me ocurrió experimentar con instrumentos acústicos, diferentes técnicas microfónicas, distinto orden de acomodar efectos de guitarra. Es un trabajo del cual estoy muy satisfecho. Es mi obra más orgánica hasta ahora, utilicé el software sólo para grabar y usar algunos eq’s (ecualizadores) y vst’s (instrumentos virtuales) para reducir el hiss. En mi habitación/estudio pasé gran parte del día, grabando ideas y experimentando con instrumentos; veía cómo la luz cambiaba. Al caer la tarde, hora mágica, se daban unas sombras increíbles en mi estudio. Eso me inspiró mucho al igual que el aislamiento. También, como lo he comentado anteriormente, me puse a ver mucho cine y analizarlo técnicamente. Miré la filmografía de Ingmar Bergman; películas de Andréi Tarkovski, Krzysztof Kieslowski, Terrence Malick, Emilio ‘Indio’ Fernández. Sobre todo la cinematografía y sus cinematógrafos”. 

Balance de blancos es lo que se hace con las cámaras antes de empezar a grabar y Lam detalla la génesis de ese título: “Es un control de la cámara fotográfica como de video. En el caso la fotografía análoga, el balance de blancos depende si es película de tungsteno (3200 K) o día (5200 K). Nunca pienso el nombre y/o el título de mis trabajos hasta después de tener la obra terminada. Con Long Exposure y Dream Lens decidí relacionar mi música con la fotografía. Aquí busqué un sonido completamente orgánico, utilicé instrumentos con los que nunca había experimentado, quise usar más efectos y equipo análogo, así como la Roland RE-201, una reel to reel. Jugué con un Casio SA-2. Utilicé la guitarra de cuerdas de nailon de mi padre, mi guitarra eléctrica, la electro acústica. También usé mucho un micrófono de contacto para la cítara colombina, al igual que para la kalimba y el ukulele de mi hermano. Ambos procesados por mis pedales de guitarras y mi reel to reel. En el track ‘3200K (Tungsteno)’, procesé las voces de Villiam Larrondo, un amigo músico también. Desde Soundtrack for Vision, en los temas ‘Lost at Sea’ y ‘Void’, están sus voces, por ejemplo”.

La apertura de Balance de blancos se da con “2700K (Incandescente)”. Es un sonido que crece, un drone que toma forma, se mueve, gana intensidad, es totalmente ambient, pero en él algo oscila, se mueve, como si fuera a quemarse. “3200K (Tungsteno)” es un corte delicado, sobre la parte ambiental un piano traza unas notas sueltas; ese fondo que crece nuevamente semeja una marea, cada vez más fuerte, más intensa. Una voz en la lejanía, como un llamado o una exclamación, se integra a este paisaje.

En “4000K (Fluorescente)” aparece el eco aplicado en sonido de algo que cae sobre otra plataforma de sonidos, como un goteo o un golpeo metálico ocasional. Es como la banda sonora de algo que sucede en la calle y que nuevamente crece de intensidad, volumen; un tema en el que particularmente se genera cierta tensión.  En “5200K (Día)” hay una acústica que comienza y marca el amanecer y crea una atmósfera nueva en el disco. La guitarra sólo ayuda a marcar el tono, la atmósfera, porque además hay otros sonidos (electrónicos) y procesos debajo que llenan el espacio. Es un corte luminoso, tal vez el primero del conjunto. En el siguiente tema, “6000K (Nublado)”, otra vez la atmósfera cambia mediante un sonido ominoso y en realidad el corte es un retrato del “movimiento” de las nubes que cambian y se mueven conforme avanzan las horas. “7000K (Sombra)”, de nuevo la acústica y otro cambio de atmósfera  efectivamente sombrío, frío, no necesariamente gélido, pero sí hay un cambio con el corte precedente.

El disco cierra con “10000K (Azul)”. Aquí otra vez la noche cae, se mueve con rapidez, a comparación de cortes como “Sombra” o “Día”, es un movimiento, un pulso que va creciendo, envolvente, lento, pero en el que se advierte (se siente) la hermosura.

Fotografía: Isa Guadalupe Medina

El todo es un conjunto de composiciones en donde la intensidad y el volumen aumentan conforme transcurren y con ello se ayuda a un cambio de sensación.  No es solamente el movimiento, es también la claridad de las formas, la cambiante metamorfosis de éstas e incluso lo que producen. Es el retrato sonoro de los cambios que se dan en el aire, en la atmósfera, lo que un individuo vería si contemplara el firmamento mientras transcurre el día.

Braulio Lam se considera a sí mismo “más amante de la música”, antes que músico. Hace unos meses, entrevistado por el SD Voyager, comentaba que para él la música no era un trabajo, “porque es tu pasión y la pasión no debe implicar ninguna lucha”; sin embargo, para alguien que se mueve en el underground y siendo éste una lucha constante en nuestro país, le preguntamos: ¿De verdad no crees llevar a cabo ningún tipo de lucha?

“Sigo teniendo la misma ideología sobre la música. Trabajo cómo fotógrafo y videógrafo, a eso me dedico. De pronto me invitan a tocar y en ocasiones hay paga y cuando no, todo bien. En algunas ocasiones me han pedido musicalizar cortometrajes y videos. Pero aún así, veo ese tipo de proyectos cómo colaboraciones, más que como un trabajo”.

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Publicado en: Entrevista