Los epitafios inéditos del Capitán Reyes

Delgado, de apariencia desgarbada, franco en el trato y listo para entregar una sonrisa en cualquier momento, la figura de Eduardo Reyes cambia de matiz una vez que sube al escenario. Allí se convierte en magneto, en una hélice propulsora. Algunos lo conocen por ser el fundador-cantante-compositor de Barcos D’ Papel, trepidante cuarteto que borda un rock pop de polendas y propositivas letras. Saben también, quienes han visto a la banda en directo, que son una descarga de dinamita, un combo que bien puede ser infernal en un momento, para luego descender con suavidad a tranquilos páramos, estados de gracia que comanda su cantante, unas veces con una potente voz que es un grito que exige atención, otra casi con un susurro, cual si fuera una íntima plegaria.

Ahora, bajo el apelativo de Capitán Reyes (“en mi mente algo desequilibrada me veo como el capitán de un barco que siempre está al borde del naufragio. Me autodenominé así, me gustó, siento que hace juego con mi apellido”), ha lanzado su debut como solista titulado Epitafios inéditos, precedido por el EP Bahía langosta volumen 1 (que incluye “Madre tierra”, original de Barcos D’ Papel, un hermoso lamento por la destrucción que hemos hecho de nuestro planeta).

Fotografía: Angélica Rentería

Epitafios inéditos es un disco que podríamos calificar como minimalista, se tejió con piano, guitarras, voz, la colaboración de algunos amigos, pero su tono es las más de las veces reposado e incluso reflexivo. En él encontramos líneas o sampleos que una vez pasado el asombro llevan al ensimismamiento (en “De colores”, la voz de Al Pacino, extraída del filme Perfume de mujer dice “yo he llegado a las encrucijadas de mi vida y siempre conocí cuál era el camino correcto, sin ninguna excepción, lo juro, pero jamás lo seguí. ¿Saben por qué? Porque era demasiado duro. No hay nada tan cruel como un espíritu amputado”). 

El álbum nació en la pandemia, cuando su autor se vio aquejado de Covid: “Encerrado no tenía mucho que hacer y vi mis cosas y pensé que era el momento porque probablemente no habría otro. Así que saqué las maquetas que tenía empolvadas y comencé a grabar. El momento más crítico fue cuando perdí el olfato, entré en pánico. No exorcicé, sólo quería hacer algo más que estar postrado en mi cama esperando no morir o que no se complicara”.

El trabajo abre con “Sol”, tema en el que Federico Tello (“un gran pintor, un poeta singular y un libre pensador al que admiro muchísimo”) lee un poema y marca el tono general de la obra, porque una característica de ese tono es la de propiciar una sensación de que todo se encuentra conectado: los poemas, las letras, las colaboraciones de los invitados (LSNCHZ le pone toque de hip hop a “No se puede volver” y Daniel Díaz un tono ácido-progresivo con su guitarra a “Prisionero”) y los fragmentos de narraciones (“Recaer” de Julio Cortázar) que funcionan como transiciones. “Siempre he tenido esa idea y fue creciendo. Es un concepto, es mi muerte inédita. Después de esto, creo que trataré de ser otro muy distinto al que se escucha en el álbum”, dice Reyes.

Él gusta del verbo, sabe cómo emplearlo y tiene ganas de decir cosas. En “De colores”, canta: “No me esperes ni me anheles que tal vez no voy a regresar / Son las cosas de la vida/ a veces vienes, luego vas / y esta vez / me ha tocado a mí y por el momento no pienso volver a entrar” y en “Perderte así”, elegante tema, dice: “¿Qué hice mal? / No lo sé /  Algo falló / Y yo quisiera saber  / Si fue por ti / O si fue por mí / Si yo fui la razón / Para que no te quedaras / Aquí / Para perderte así / Para perderte / Para perderte así”.

Hay un par de covers a “Av. Corrientes”, de la banda argentina Prieto Viaja al Cosmos con Mariano, y “El pendiente”, de Jaime Moreno Villareal. De esta elección, señala Reyes: “‘Av. Corrientes” es una rola que trata sobre un drogadicto que acepta que su único futuro es seguir haciéndose daño, que no tiene remedio y que sólo espera la muerte. Me encanta, porque tengo miedo de convertirme en eso… Yo soy un drogadicto en rehabilitación, así que por ahí va mi amor por esa rola; además, creo que le venía bien al álbum. ‘El pendiente’ es un homenaje al movimiento de la canción rupestre. Sé que Jaime no pertenece a esa movida, pero todos los rupestres admiran su trabajo. Y me incluyo. Es mi forma de pedirles admisión a su grupo de cantores y que me consideren un cantautor influenciado por su corriente”.

“Magia blanca” es probablemente uno de los mejores temas de la placa, una canción bordada con la guitarra en la que Reyes no se preocupa por la técnica (se escucha continuamente como jala aire al momento de cantar), porque la apuesta está en la belleza del texto y en ese tono, mitad triste, mitad resignado, con el cual la acomete (“He probado el amargo sabor de la derrota / Mirándote a los ojos detenidamente /  He escuchado delirante, dominado por la paranoia / El sonido angustiante de tus letras de diamante / Ahogado en el misterio de tus manos / Suplicándole al silencio / Por algo que no entiendo / Aspirando de tu magia blanca / Suponiendo que algún día te encontraré / Para no dejarte ir nunca / Para no dejarte ir nunca”) en el cual se intercala un fragmento de un texto perteneciente a El mito de Sísifo de Albert Camus.

“Vuelve al comienzo” marca el fin de Epitafios inéditos y le otorga circularidad porque, como en su inicio, encontramos un texto casi inteligible, porque se rodea por florituras electrónicas; es un corte breve que remacha el trayecto por el cual nos ha invitado su autor, un álbum debut en el cual no hay dobleces.

Capitán Reyes conduce esta nave básicamente por los meandros del amor, ese sentimiento del que Roland Barthes cuenta: “El discurso amoroso es puro discurso del sujeto enamorado (el discurso de uno solo)”. Y sí, probablemente no haya discurso más solitario que éste, pero lo cierto es que el guitarrista, con un puñado de canciones, ha conseguido hacer de esa experiencia unitaria una vivencia compartida de la cual, inevitablemente, cada uno tomará lo que más le toca, lo que más le mueve, para lamer sus heridas, cauterizarlas, gozarlas.

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Publicado en: Disco de la semana