No existe algo así como un “ruidoso silencio” en el mundo de Sleater-Kinney. Por lo general, no ha habido un período de silencio en sus vidas. Como escribió la cantante, guitarrista y una de las fundadoras del grupo, Carrie Brownstein, en sus memorias de 2015: “Puedo escuchar canciones suaves, pero no puedo tocarlas. Incluso las canciones más ligeras de Sleater-Kinney se sienten espinosas o frágiles; no son dóciles y tienen una música de fondo aterradora”.
Path of Wellness (2021) es el décimo álbum de esta agrupación del noroeste de Estados Unidos. En él no hay baladas poderosas. Incluso más que el polarizador The Center Won’t Hold de 2019, este Path of Wellness presenta a unas Sleater-Kinney más suaves y groovies, como unas mujeres renovadas que se contonean en shorts encima de una tabla de esquiar a la orilla del malecón. La canción homónima con la que arranca el LP no cobra vida al estilo de clásicas del grupo, como “Dig Me Out” o “The Fox”, sino que tartamudea y suena con un estruendo polirrítmico; se convierte en el ritmo de fondo de las súplicas de la también cantante, guitarrista y fundadora del cuarteto, Corin Tucker.

Ese corte representa el primer indicio de que Path of Wellness es un álbum arraigado en un anhelo de amor y estabilidad en tiempos tremendamente inestables y que los dos miembros restantes de Sleater-Kinney no pretenden replicar el sonido que tenían con la ex baterista Janet Weiss, cuya salida en 2019 arrojó una fuerte sombra sobre el nuevo álbum.
Path of Wellness no es una reinvención del todo triunfante, pero está muy lejos del fracaso que esperaban algunos leales a Weiss. El resultado es un esfuerzo óptimo, ocasionalmente desigual, que descubre a Tucker y Brownstein incursionando en el pop azucarado, la sordidez del rock de los 70 e incluso algo de R&B, mientras reemplazan a Weiss con un puñado de músicos del área underground de Portland.
Para Tucker y Brownstein, el proceso de grabación durante el verano pasado proporcionó un respiro, cuando su ciudad natal se vio sacudida por violentos enfrentamientos entre manifestantes y la policía, devastadores incendios forestales y, por supuesto, la interminable pandemia. Existe una curiosa desconexión entre la música (riffs ligeros que se escribieron antes de la pandemia y estaban destinados a una gira de verano al aire libre en 2020) y las letras que, como dijo Tucker: “Se terminó cuando entendimos que definitivamente no íbamos a salir de gira”.
El sencillo principal, “Worry with You”, podría ser una canción sobre salir en cuarentena, pero su entusiasmo de new wave se siente débil, como un homenaje a los B-52 que no se logra del todo. La contradicción funciona mejor en “Down the Line” que conmemora la pérdida colectiva del año pasado. Aquí Brownstein canta sobre unos acordes de guitarra conmovedores, inspirados en Tom Petty y Bruce Springsteen.
Path of Wellness tiene una progresión sorprendente, desde la alegre y ligera exuberancia de sus temas iniciales. Sleater-Kinney agudiza su habilidad para la crítica cultural sobre el subdesarrollado con “No Knives” y la cáustica “Complex Female Characters”, piezas que se burlan de los idiotas-literarios-feministas-falsos, antes de sumergirse en el dolor y el malestar social en la ya mencionada “Down the Line” y la conmovedora “Bring Mercy”.
Estas canciones quizá no serán del agrado de los seguidores del grupo que anhelan otro álbum como The Woods o No Cities to Love, lo cual está bien. Pero Tucker y Brownstein han dejado muy en claro que no están interesadas en complacer a esos fanáticos. En este disco, Tucker canta a un volumen razonable, la ausencia de Weiss se siente profundamente y el sonido minimalista del cuarteto se llena con teclados. Todo suena correcto, aunque en ocasiones tal vez un tanto contenido.
Lo que le falta a Path of Wellness en agresividad y crudeza sonora, lo compensa con la elegancia de un rock vintage que anima considerablemente el material. La agrupación nunca había hecho canciones como la poderosa, seductora y muy sixties “High in the Grass” o esa joya de aires setenteros que es “Method”.
Path of Wellness no patea traseros de la manera en que muchas de las canciones anteriores de Sleater-Kinney solían hacerlo, pero patea traseros de todos modos.