Con un poco más de 25 años de existencia a sus espaldas (su primer disco homónimo apareció en 1995), el siempre metamórfico cuarteto de rock alternativo Garbage no ha dejado de crear música. Este año lo vemos regresar con su séptimo álbum, No Gods No Masters (Infectious Music, 2021), con un sonido que se conserva fresco y propositivo.
Como siempre, el grupo entrelaza su synth-pop de influencias ochenteras con efectivos riffs de punk-rock, a lo que en esta ocasión añade canciones de angst adolescente (aunque ninguno de los integrantes de la agrupación sea ni por asomo un teenager) y una capa unificadora y conceptual un tanto grandilocuente, pretensiosa y políticamente correcta en las letras de los temas. Desde lo musical, los doce cortes resultan impecables, altamente emocionales y con un poderío que los hace perfectos para ser interpretados en directo, algo que sucederá en relativamente poco tiempo, una vez que los conciertos vuelvan a ser autorizados en el mundo.

Fotografïa: Justin Higuchi bajo licencia de Creative Commons
Salvo en dos de las canciones, el álbum mantiene una intensidad que sólo se ve aquietada en la desesperanzada y ominosa “Waiting for God” (un canto fúnebre que encuentra a la vocalista Shirley Manson en una escalofriante plegaria para los afectados por la brutalidad y la discriminación policiales) y la ondulante y engañosamente calma “This City Will Kill You” (con un sonido que recuerda por momentos, sí, a Pink Floyd).
El resto de No Gods No Masters posee un vértigo amenazador y hasta virulento, algo que resalta desde la retadora “The Men Who Rule the World” con que abre el disco, un funk digital cuya letra pregona la intención de acabar con el patriarcado (“Los hombres que gobiernan al mundo han hecho de él un jodido desmadre”).
Luego de la frenética “The Creeps”, la midtempo “Uncomfortably Me” y la muy à la Garbage “Wolves”, llega la sensacional (y quizá la mejor pieza del álbum) “Godhead”, en la que de nuevo se ataca a una sociedad que se centra en el ego masculino, el sexismo y la misoginia, con una letra llena de (por decirlo de alguna manera) coloridas imágenes fálicas (Would you deceive me? / If I had a dick / Would you know it? / Would you blow it? / If I had a dick / Would you know it? / If I had a dick / Would you blow it?) y una música que es como un improbable Depeche Mode encuentra a Peaches.

El resto del larga duración mantiene la misma alta calidad, con grandes composiciones como “Anonymous XXX” o “Flipping the Bird”, además de la furiosa “A Woman Destroyed” –una fantasía cuasi teatral de venganza amorosa, revestida con una producción atmosférica verdaderamente siniestra y un beat industrial palpitante (con saludos a Trent Reznor)– y la popera (y con cadencia de música disco) canción que da título al álbum, un canto con un mensaje esperanzador (aquí el encuentro musical es entre Missing Persons y Blondie). Con el siempre eficaz respaldo de Butch Vig, Duke Erikson y Steve Marker, Manson declara aquí, segura y desafiante: “El futuro es mío de cualquier manera / Sin maestros o dioses a quienes obedecer”.
Convengamos en que la corrección política vende y gana adeptos. Convengamos también en que la temática crítica del álbum es sólo engañosamente arriesgada. Con todo, No Gods No Masters representa un punto culminante en la discografía de Garbage. Se trata de uno de sus mejores trabajos, una potente muestra de lo que es el arte de la mezcla de géneros, un disco que nos devuelve a una agrupación que en realidad nunca se ha ido.