Los nuevos tiempos buscan la liberación en las voces. Se abre así la posibilidad de advertir la existencia de una heterogeneidad ya irreductible y acorde a formas distintas de percibir al globo terráqueo por medio de la música.
Las prácticas del jazz del siglo XXI han creado un desdoblamiento constante, el cual permite una escritura permanente en tal sentido, interminable, polifónica e intercultural. Esta es la experiencia de las ciudades contemporáneas en la cual la actividad sonora se ha enriquecido con las aportaciones cinemáticas, televisivas, de internet, de los juegos electrónicos, del ruido urbano, junto con la alternancia de movimientos, corrientes y géneros. De esta forma, los territorios musicales se diferencian y se asemejan en una imaginería que se despliega efectivamente con una producción rica, intrincada, transversal y alternativa.

Fotografía: Hreinn Gudlaugsson bajo licencia de Creative Commons
Para ejemplificarlo está el grupo sueco-noruego Atomic, cuyos diversos modos de utilizar a la música ya no son un simple acto productor de placer estético, sino de un uso entendido como práctica de política cultural. Se trata de un modo de interactuar entre géneros, para crear nuevas sonoridades y modificar al mundo conocido. Es una proyección muy destacable de la música contemporánea, una sonoridad que apuesta por el cambio al utilizar toda suerte de improvisaciones cuando graba en concierto (conjuntamente en el estudio) los masters originales. Se trata de una música que se escucha y que se imagina.
El jazz europeo, por medio de su vía, se convierte en un depósito de diversos estilos musicales que van del be bop al free style, mientras pasa por el free de los años sesenta y setenta (lleno de funk y soul), el modern post bop, la libre improvisación y el rock (en varias de sus vertientes, como el hard, el punk o el indie), todo ello mezclado y compuesto.
La fusión de todos estos géneros ha requerido una profunda búsqueda con dos objetivos fundamentales: la creación artística de nuevos sonidos y la de públicos que aprendan a escuchar de manera distinta. Estos músicos, inmersos en tales conceptos, estaban hartos de la estandarización de las producciones de jazz, así que se pusieron a trabajar de forma intensa y luego de una década de actividades en Escandinavia, lograron permear en toda Europa con una paleta musical que supo consolidar uno de los proyectos más interesantes y propositivos en lo que va del presente siglo.
Atomic ha producido con un eclecticismo que es material de goce para las más recientes generaciones de escuchas del mundo entero, para quienes la hibridización de los sonidos es parte inherente de su vida cotidiana.
Los integrantes del grupo son Håvard Wiik (piano), Ingebrigt Håker Flaten (contrabajo) y Paal Nilssen-Love (batería) en la sección rítmica. Los tres proceden de Oslo, Noruega, y como compañeros de aventura tienen a dos músicos de la capital de Suecia, Estocolmo: el trompetista Magnus Broo y el saxofonista Fredrik Ljungkvist.
La banda se inició en 1999. Originalmente era un cuarteto con el sax tenor noruego Håkon Kornstad (miembro también del Kornstad Trio y de Webutee). Él fue quien le puso el nombre por esa época y todos estuvieron de acuerdo en que sonaba muy bien y daba una idea clara de su música. Tan fue así que el famoso sello Jazzland los contrató.
En cuanto a éste, desde el principio su idea básica fue la de presentar buena música improvisada, la mayor parte con origen en la escena de Oslo, a una audiencia amplia, independientemente del tipo que fuera (hasta ese momento los parámetros musicales del nu-jazz así como del jazz electrónico, atmosférico y bailable, lo identificaban). Sin embargo, la mezcla de influencias estilísticas del grupo (mismas que incluían experimentos con los nuevos territorios explorados por los compositores de fines del siglo XX), combinada con el sonido único de cada miembro del mismo, impactó a los dirigentes de la compañía.
A partir de 2001, comenzaron a grabar y desde entonces han sacado doce discos: Feet Music (2001), Boom Boom (2003), The Bikini Tapes (2005), Happy New Ears! (2006), Retrograde (2008), Coming Up from the Streets (2008), Theater Titers Vols. 1 y 2 (2010), Here Comes Everybody (2011), There’s a Hole in the Mountain (2013), Lucidity (2015) y Six Easy Pieces (2017). Además, en el 2004 el sello de Chicago Okka Disk editó Nuclear Assembly Hall, un compacto doble para el encuentro de Atomic con el grupo School Days).
Son muchos los músicos y los estilos que los han influenciado, pero la más importante ha sido la tradición del free jazz. Entre sus mentores están Jimmy Giuffre, Steve Lacy, Ornette Coleman, Anthony Braxton, Evan Parker, Morton Feldman, Keith Jarrett, John Coltrane o agrupaciones de rock como Radiohead (de la cual ha destacado la versión que hicieron de “Pyramid Song”).
Pero lo más importante es que cada miembro del grupo está abierto a nuevas influencias y continuas aproximaciones a la música del siglo XXI, lo que hace que la suya suene siempre fresca, en constante progreso y evolución. Tras 22 años de existencia y 20 desde la grabación de su primer disco, su calidad y propuesta los avalan.