Expectativas
Freak Out: el asombroso comienzo de Frank Zappa

El sol es nuevo cada día y siempre el mismo.
—Heráclito

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Considero como un don de la fortuna el haber acompañado desde sus inicios, aunque de lejitos, desde acá, la producción de la obra de Frank Zappa (1940-1993). Su fama e importancia crecen y se consolidan mejor con cada día que pasa. Por eso, aunque nunca pude escucharlo tocar en vivo, me parece bueno comunicar algo de mi experiencia con su música.

El primer disco de Zappa que conseguí fue We’re Only in It for the Money, de 1968. Recuerdo bien que lo compré en la tienda de música y discoteca Do Re Mí que se encontraba en la calle de Puebla, de la colonia Roma, cerca de la esquina con Insurgentes. Fue en ese año tan especial, para el día de mi cumpleaños, en septiembre y en medio del desmadre del movimiento estudiantil. Solía comprar discos en ese lugar nada más por ver y leer la información de la funda, porque en esa discoteca no los probaban, por ser discos de importación. Y esa parodia genial de la portada del Sargento Pimienta de los Beatles me reveló la fuerza y profundidad del sentido del humor crítico de Zappa que en tal momento era The Mothers of Invention; una imagen subversiva en muchos sentidos para ese año de por sí subversivo y locuaz. Igual hacía reír del (des)orden establecido como normalidad que de la subcultura jipi; era una imagen situada dentro y fuera del mundo del rock.

Bastó con comenzar a escuchar el álbum en casa para conmocionar a toda mi familia. De inmediato preguntaron qué estaba pasando y brincaron cuando, al iniciar la segunda cara del vinil, se escuchó el chirriar de una aguja sobre los surcos de un disco. Esa música no se parecía a nada, era algo en verdad único, algo completamente inusual para mi experiencia musical y rockera. Mi padre, que entendía la lengua inglesa, me dijo que estaban diciendo muchas leperadas y que era bueno que mi madre y hermanos no las entendieran.

Pronto conseguí todo lo que en ese momento había grabado en discos de las Madres de la Invención: Lumpy Gravy, Absolutely Free, Freak Out!, Cruising with Ruben & the Jets e incluso Mothermania que era una recopilación proveniente de las otras grabaciones. Y así seguí desde la aparición de Uncle Meat, en 1969, hasta la llegada de The Yellow Shark, en 1993; de tal forma acompañé paso por paso y LP por LP la gran construcción de una obra musical totalmente fuera de serie, perfectamente personalizada y totalmente libertaria. Arte para ejercer la libertad política real y no sólo para la belleza o el espectáculo que la remeda. La Obra de Frank Zappa. Son creaciones que vuelan cada vez más y más alto como música pura; porque en este momento, casi treinta años después de su desaparición, Frank Zappa no es un ave fénix que renace de sus cenizas, sino un dragón alado y creciente que se transforma conforme más alto llega el poder de su vuelo. El monstruo incomparable de lo “freak” (un término, como se verá, por completo intraducible a nuestra lengua).

Ahora que escribo soy mayor que él por cosa de casi veinte años, pues él murió antes de llegar a los 53 y yo este año pandémico cumpliré 69. Comencé sintiéndome un niño ante un hombre grande y ahora soy un viejecito que llora la muerte de ese hombre joven. Loca es la vida, mis cuates, y más loca es la muerte y con don Quijote pienso que la fortuna es una persona ebria que lanza sus dardos con los ojos cerrados.

El muy alto vuelo de la obra de Zappa como música pura trasciende y supera, por supuesto, las fronteras del mundo del rock, del jazz y de la cultura popular de élite; porque se manifiesta como lo que llamamos música clásica o música de vanguardia, música intemporal y siempre mejor definible como música sin etiquetas. Porque es música en muchas formas experimental y arriesgada, música de agente provocador. Música para ser interpretada y escuchada con especial atención, para así desembocar de muchas maneras y por muchas razones en la carcajada de la luz de los budas. Música que nos produce la paradoja de ser muy seria, de compleja estructura e interpretación, y al mismo tiempo con un gran sentido del humor.

El humor negro es un distintivo profundo de la música de Frank Zappa.

Sólo creadores de jazz como Thelonious Monk o Miles Davis se le pueden comparar en esa situación de vanguardia musical, aunque no resulten tan versátiles y creativos como él o con un humor tan corrosivo y sarcástico. Lo que entonces hace que su música resulte comparable con la de compositores tales como Jacques Offenbach, Erick Satie, Edgar Varèse, John Cage o Conlon Nancarrow.

Lo definitivo de Zappa es ser música americana moderna.

Más de un cuarto de siglo después de su pase a la muerte por culpa del cáncer de próstata, las composiciones de Frank Zappa no se interpretan sólo como covers o revivals por cuenta de bandas que intentan imitarlo en espejo “retro” para la “nostalgia” del público momia o zombi, como ocurre con la música de los Beatles y los Doors, por ejemplo. Las composiciones de Zappa las interpretan cada vez más músicos de conservatorio y academia en salas de concierto de música culta; músicos de atril y partitura y no sólo grupos de estadios y bares o teatros. Hoy día, la música de Frank Zappa muchos grupos orquestales la interpretan como música sinfónica o como ejecución de virtuosos de su instrumento. Es música que se estudia con respeto en los conservatorios y las escuelas de música.

Fotografía: Heinrich Klaffs bajo licencia de Creative Commons

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Esta vez quiero comentar en concreto la trascendencia del álbum debut de Zappa con las Madres de la Invención: Freak Out! (“¡Desmadre!”), de 1966. Por cosa de días, este no es el primer álbum doble de la historia del rock, le antecede Blonde On Blonde de Bob Dylan. Y de todas maneras es un álbum debut muy importante, excepcional, una obra que merece ser escuchada con atención, para ser comentada e interpretada de todas las formas que sea posible, dado que su contenido aún sigue siendo transgresivo y emancipador para la persona que desee ser libre de verdad aquí y ahora, sin importar su edad, sexo, género o raza o el lugar del mundo en que se encuentre. Porque Freak Out! contiene y expresa la médula de las utopías razonables: una crítica mordaz del presente y un sentido del humor imponderable.

Un álbum con dos discos de acetato, de los grandes de 33 rpm, tal es la primera grabación pública oficial de Zappa; son catorce piezas musicales con una duración total de una hora y cincuentaicinco segundos. El primer disco y primera parte de Freak Out!, lados 1 y 2, se compone de once canciones relativamente normales dentro del mercado de ese momento del rock; pero el segundo disco y segunda parte de la obra, lados 3 y 4, se constituye de tres piezas vanguardistas, improvisadas directamente por cerca de cincuenta personas en el estudio. El productor fue Tom Wilson, el mismo que en esa hora producía los discos de Bob Dylan; pero Wilson dejó lo decisivo de la producción en manos del mismo Zappa, pues de inmediato entendió que lo superaba en conocimientos de ingeniería de grabación y de trabajo musical. La compañía que se arriesgó a tanto experimento arriesgado fue Verve, una subsidaria de MGM, que hasta entonces se centraba en realizar grabaciones de jazz y música folk; era su intento “serio” para tratar de ingresar al mercado juvenil, donde estaban ya las grandes ganancias disqueras y radiofónicas. Cosa que este experimento no alcanzó de inmediato; aunque con el paso del tiempo Freak Out! ha sobrepasado todas las expectativas de ese entonces, dado que sigue teniendo buenas ventas aún hoy día, en la era de la música por Internet.

Lo que considero en sí trascendental de este debut de Zappa con las Madres de la Invención se expresa entero ya desde la primera canción, “Hungry Freaks, Daddy” (“Monstruos locos hambrientos, papito”), una crítica irónica a la superficialidad de la sociedad de consumo norteamericana resultado de la segunda guerra mundial del siglo pasado y sus escuelitas y universidades que no enseñan nada, un mundo donde todo es fraude y fingimiento, mera comedia de enredos, superficialidad egoísta dogmática y habladurías como hipertexto. Es el tiempo revoltoso cuando la Internacional Situacionista critica la miseria esquizofrénica del medio estudiantil universitario, cuando todo mundo se cree un Che Guevara justiciero, ya sea de la ciencia o las humanidades, o un guapo y sano héroe deportivo bueno para el baile en las fiestas y el ligue en los amores; pero la inmensa mayoría únicamente se está educando para ser dóciles siervos del orden establecido, proletariado con anteojos y sin conciencia de clase real.

El formato musical de esta primera canción de Freak Out! se integra en tres bloques; el primero lo articulan, a su vez, tres temas musicales y la primera presentación vocal de la letra; el segundo bloque tiene la misma forma del anterior, pero es sólo instrumental, lo que se conoce como “puente” de la canción, y se concentra en la melodía de la guitarra; y el tercero presenta de nuevo la letra entera y sin cambios. En la funda del álbum original, Zappa incluye la siguiente nota sobre esta canción: “Fue escrita para Carl Orestes Franzoni. Está zafado (‘freak’) hasta las uñas de los pies. Algún día vivirá al lado tuyo y tu césped morirá. Abandona la escuela antes de que tu mente se pudra por la exposición a nuestro mediocre sistema educativo. Olvídate del baile de graduación y ve a la biblioteca y edúcate a ti mismo si tienes agallas. A algunos de ustedes les gustan las manifestaciones de buen ánimo y los robots de plástico que les dicen qué cosa deben leer. Olviden que lo mencioné. Esta canción no tiene mensaje. Levántense para el saludo a la bandera”.   Junto con su compinche Vitautas Alphonsus Paulekas, mejor conocido como “Vito”, este Carl Orestes Franzoni, autodenominado “Captain Fuck”, era considerado uno de los primeros y más importantes jipis de San Francisco, California. En esos tiempos se presentaban con un grupo de treinta danzantes en los conciertos de la banda de Zappa y de otros grupos psicodélicos.

Todavía la estructura musical de las canciones de este disco no alcanza la complejidad que Zappa impondrá como su distintivo; pero todas se encuentran muy por encima de los estándares de composición e interpretación de la música comercial hecha para el mercado de los jóvenes. “I Ain’t Got No Heart” (“No tengo corazón”) parece de principio una balada sencilla, cuya armonía para el primer tema está compuesta en modo dórico de sol; pero de esa sencillez aparente, Zappa produce un desarrollo armónico y melódico excepcional, tanto en la instrumentación como en el arreglo vocal. Las notas que forman el segundo tema corresponden a una progresión do, re, mi; por tanto, una secuencia de tres triadas mayores. Luego al tema de modo sol dórico. La melodía cantada no es difícil, pero los pasajes instrumentales, como en los compases 4 y 8, agregan sabor a la canción.   La letra incluye: “Me siento y me río de los tontos enamorados, no hay… no hay tal cosa como el amor, no hay ángeles cantando en lo alto hoy”. Es una parodia del pop tipo goma de mascar y una burla de la idea boba de amor romántico entre dos personas. Su fuerza radica en cómo tuerce los lugares comunes y el estereotipo. Las notas de la portada dicen que está canción expresa los sentimientos de Zappa sobre la socialidad de las relaciones sexuales.

La tercera canción, “Who Are the Brain Police?” (“¿Quiénes son la policía de la mente?”), reafirma el humor negro de la comedia, es un cuestionamiento a la autocensura y el miedo a decir y pensar la verdad. Tal vez sea esta la mayor expresión de crítica social del álbum, por la forma en que se interrelacionan música y letra para mostrar lo incómodo y chirriante de las conciencias enajenadas en la servidumbre voluntaria al qué dirán. En el plano musical, es una tonada amable que de pronto desemboca en un ruidoso interludio. El tono dominante es sol mayor, pero las variantes en los acordes amplían mucho su espectro cromático. “A las cinco de la mañana –dicen las notas– alguien seguía cantando esto en mi mente y me hizo escribirlo de inmediato. Reconozco que me espanté cuando finalmente lo toqué a todo volumen y canté esas palabras”.

“Go Cry on Somebody Else’s Shoulder” (“Vete a llorar en el hombro de cualquier otro”) es un oasis de aparente “normalidad” después de lo áspero y disonante de las primeras tres canciones. Una vez más, estamos en tono de sol y es una canción de amor convencional; de hecho, se trata de una parodia de la música doo-wop de origen afroamericano, puesta de moda durante la segunda guerra mundial. Pone en acción cinco voces distintas: dos tenores cantan la letra, acompañados por un bajo (el mismo Frank Zappa), y dos falsetes cantan la letra cada vez de forma más exagerada, ridiculizando el estilo de este tipo de grupos vocales. En las notas de la funda, Zappa nos dice: “Es muy grasienta o envaselinada. No la debes escuchar. Debes llevarla mejor en tu pelo”.

Sigue “Motherly Love” (“Amor maternal”), seguramente la mejor pieza de esta primera cara del disco primero. Tiene la sensibilidad pop necesaria para convertirse en un éxito; pero esto lo impide lo “sucio” de la letra, con sus dobles sentidos y sus no muy veladas referencias a las groupies y el exceso de sexo promiscuo en las giras de las bandas de rock. En un principio, la banda se llamaba The Soul Giants; pero cuando, precisamente en un día de las madres, empezaron a tocar composiciones originales, casi todas de Frank Zappa, se cambiaron de nombre por The Mothers y cuando se habló de grabar un álbum, los ejecutivos de la compañía de discos les hicieron notar que ningún locutor de radio se atrevería a decir “acabamos de escuchar a Las Madres interpretando…”. Por ello Zappa agregó “de la invención”. Por todo esto la canción se convirtió en algo así como el himno de la banda y sus seguidores. La información de la funda nos dice que esta pieza es “un comercial de cuerpo para la banda. Se le canta durante las presentaciones en vivo para avisarle a la audiencia femenina los deleites potenciales que pueden derivarse del contacto social con nosotros, sus cuates. Es mierda (poop) trivial”.

Y este primer lado del disco concluye con “How Could I Be Such a Fool” (“Cómo pude ser tan tonto”). En lo esencial, es otra parodia de una canción de amor. Su tiempo es de ¾ y empieza en do mayor para de ahí modular a si bemol, fa y mi. La forman estructuralmente tres temas. “Está basada en un ritmo ñáñigo modificado. Nosotros le llamamos vals Motown. Se conserva en tiempo de ¾, pero cambia en los acentos”.

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El lado dos del primer disco incluye piezas más amables y menos experimentales, mas no por ello menos significativas y llenas de asombros. La primera es “Wowie Zowie”, la más ligerita de este álbum debut; pero también las más optimista y la más pegajosa. Corresponde a un sencillo rockcito de chicle de goma, por ello las notas de Zappa en la funda dicen: “Está cuidadosamente diseñada para absorber dentro de nuestro campo a los viejos escuchas adolescentes de 12 años de edad. Me gusta el acompañamiento del piano y el xilófono en el segundo estribillo. Es alegre. Es inofensiva. Bule bule. Little Richard dice que a él le gusta”. Al final, las voces remedan los coros de la canción “Sherry” de Las Cuatro Estaciones. Acerca del título de este tema, se sabe que “Wowie Zowie” era uno de los enunciados muletilla favoritos de Pamela Zarubica, mejor conocida como Susie Creamcheese por los fans de las Madres, una secretaria jipiosa y muy rockera que vivió con Zappa por un tiempo antes de que él conociera a Gail, su esposa de toda la vida.

Le sigue la excelente balada “You Didn’t Try to Call Me” (“Tú no trataste de llamarme”), una de las pocas tonadas de amor en el repertorio de Zappa, con toda la estructura clásica de las canciones de corazones rotos. Así que si te descuidas, te dejará con un nudo en la garganta y los ojitos llorosos. Los comentarios de la funda explican que la letra fue escrita para describir la situación en que se había encontrado Pamela Zarubica durante la primavera anterior, también dicen que la estructura no es revolucionaria, pero sí es interesante. Así que nadie se debe preocupar. Y tienen toda la razón. El resultado final contiene metales, maderas y vibráfono adicionales, también otras pistas de guitarra eléctrica interpretada por Elliot Ingber.

“Any Way the Wind Blows” (“En cualquier dirección que sople el viento”) es una composición que Zappa había escrito desde 1963. Corresponde al tipo de canción de amor que predominó como rock lento en los años cincuenta del siglo XX. Cuando el productor Tom Wilson escuchó esta pieza en el primer día de grabación en el estudio, de inmediato entendió lo excéntrico de esta banda tan rara y su extrema originalidad. “Es una canción que escribí hace unos tres años, dice Zappa en las notas, cuando yo estaba considerando el divorcio. Si no me hubiera divorciado nunca, esta pieza de sinsentido trivial jamás habrá sido grabada. Se le incluye en esta colección porque, en una palabra, chavales, ¿cómo lo tengo que decir? Porque es intelectual y emocionalmente accesible para ustedes. ¡Ja! ¡Tal vez incluso esté sonando ya en tu callejón!”. Y la voz del Zappa que canta en esta canción nos dice que se irá a donde sea que sople el viento, porque está hasta la coronilla de discutir y pelear con quien dice amarlo. Para que el mismo Zappa, ahora en la trivia bibliográfica de las notas de la funda, escriba: “Me casé cuando tenía 20 años… con una adorable muchacha: casi le arruiné la vida, llené los papeles para el divorcio”. No suele resultar mejor la suerte del amor-odio del sueño del amor en pareja.

En el siguiente momento del gran relato en canciones de Freak Out! se halla “I’m Not Satisfied” (“No estoy satisfecho”). La letra es de un pesimismo tan profundo y oscuro que desemboca en una rotunda carcajada; una vez más, Zappa hace burla de las canciones normales de amor frustrado. Contrasta con lo animado y optimista de la música, una seductora melodía rockera al estilo de los sesenta, con un fondo de metales muy imaginativo. Todo lo que dicen las notas de la funda sobre esta composición es que “está okey y es segura y fue diseñada de esa manera a propósito”.

“You’re Probably Wondering Why I’m Here” (“Probablemnte te estás preguntando por qué estoy aquí”) cierra el segundo lado del primer disco de este importante álbum doble. Es una letra compleja en la que quien canta se supone que es una aparición inexplicable para quien lo pueda estar escuchando dentro del relato. La música expresa una extensa melodía de 23 compases,  dividida en cinco secciones, con tiempos de 4/4 y 6/4; empieza en sol mayor, pasa a mi y regresa a sol.

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El segundo disco de Freak Out! es el más arriesgado y experimental. Aquí se manifiestan en pleno el ácido humor crítico social de Frank Zappa y lo vanguardista de su propuesta musical dentro del cuadro de lo popular y el rock de esos años sesenta del siglo XX.

“Trouble Every Day” (“Problema todos los días”) fue la primera canción que el productor Tom Wilson escuchó tocada en concierto por la banda y con ello fue suficiente para que les firmara un contrato de grabación como músicos de blues blanco. De hecho, es una de las pocas piezas de Zappa que fue publicada y puesta a la venta como lado A de un disco sencillo de los de 45 rpm, con “Who Are the Brain Police” en el lado B; aunque todo mundo estaba seguro de que nunca la transmitirían por la radio. Se tiene noticia de que Frank Zappa la compuso en 1965, en el número 1819 de la Avenida Bellevue de Echo Park, en la ciudad de Los Angeles, California, cuando se encontraba viendo por televisión la revuelta de los afroamericanos del barrio de Watts, en la residencia de un químico jipi, especializado en metanfetaminas, al que se le conocía en el ambiente subterráneo del rock como “Wild Bill the Manequin-fucker" (“Memo Salvaje el fornicador de maniquíes”). En efecto, esta pieza es un blues eléctrico y muy ácido, en el que sobresale el uso de la armónica ferrocarrilera propia de este género musical e interpretada por Ray Collins; hay varias pistas de guitarra y Roy Estrada toca el guitarrón mariachero. No faltan quienes, además, encuentran ya la presencia del rap en el modo como se dice la letra.

Por lo que dice, esta canción es la más política y de protesta dentro de todas las que forman las cuatro caras del álbum. Los disturbios de la gente de piel negra duraron seis días y dejaron 34 muertos, más de mil heridos y doscientos millones de dólares en daños. En ellos participaron más de treinta mil afroamericanos y se produjeron alrededor de cuatro mil detenciones. Esa vez ni siquiera hubo un simulacro de justificación para este atropello de carácter racial. Los disturbios fueron provocados por el arresto de un automovilista bajo sospecha de conducir en estado de ebriedad, sospecha que parece estar justificada. A pesar de los llamamientos a la calma por parte de líderes de la comunidad, el segundo día no sólo continuaron los disturbios, sino que empeoraron. Fue únicamente cuando se llamó a la guardia nacional y se implementó un toque de queda que cesó el caos.

En marzo de 1965, cinco meses antes de los disturbios, el propio Zappa infringió la ley en una operación de captura por un crimen sin víctimas; esto le dejó un sabor amargo en la boca por el resto de su vida y resultó en que escribiera muchas canciones anti-autoritarias, más notablemente su ópera rock de tres volúmenes Joes Garage (1979), sobre un mundo en el que la música se vuelve algo ilegal. Antiautoritario o no, Zappa nunca fue un liberal de corazón sangrante y “Trouble Every Day” claramente simpatiza con las víctimas inocentes de los disturbios.

Viene a continuación “Help, I’m a Rock”, una suite dividida en tres movimientos: I) “Okay to Tap Dance” (“Okey para el baile de tap”; II) “In Memoriam, Edgar Varèse”; y III) “It Can’t Happen Here” (“Eso no puede ocurrir aquí”). Este es el tramo más surreal del relato de Freak Out! También es la parte más ardua para quien escucha, pues el resultado no corresponde a los estándares de la música popular y está situado en la periferia de la música experimental, en la zona incómoda donde predomina la comedia. El primer movimiento llega a parecer un disco rayado por la forma como se repite o parece repetirse la melodía que semaja ser una burla de los cantos hindúes de moda en ese momento entre la generación de la flor; la repetición del enunciado “ayuda, soy una roca” es de carácter zen psicodélico; pero luego dice “ayuda, soy un policía” y todo deviene irónico y sardónico. El segundo movimiento está hecho básicamente con el acompañamiento de tambores y onomatopeyas y gemidos por parte de las voces. Para que el tercer movimiento lo constituya un largo segmento cantado a capella por unas siete voces masculinas y femeninas que todo el tiempo parecen estar improvisando lo que dicen. Las notas de la funda dicen que esta pieza está dedicada a Elvis Presley e invitan a notar su interesante estructura formal y la sorprendente parte de armonía a cuatro voces del estilo de peluquería hacia la parte final. También invitan a tomar nota de su carencia de “potencial comercial”. Sea.

El compositor de origen francés Edgar Varèse (1883-1965) fue la gran inspiración del joven músico Frank Zappa. Una vez éste lo llamó por teléfono para manifestarle su profunda admiración, lo que confirmó Zappa poco después, enviándole una carta que fue correspondida con un breve mensaje escrito a mano de Varèse. La música de este compositor siempre se ha conservado subterránea y contracultural, aunque se le considera uno de los creadores de la música electrónica.

“The Return of the Son of the Monster Magnet” (“El regreso del hijo del magneto monstruo”) ocupa todo el segundo lado del segundo acetato del álbum y tiene una duración de doce minutos. Es un ballet inconcluso dividido en dos cuadros: “Ritual Dance of the Child-Killer" (“Danza ritual del asesino de niños”) y ”Nullis Pretii (No Commertial Potential)” (“Precio nulo – Sin potencial comercial”). La segunda parte comienza en el minuto 08:11, cuando la gente empieza a decir “America is wonderful” (“América = EUA = es maravillosa”).

Realmente, “The Return…” es una pieza inconclusa. Lo que aparece editado en el disco sólo corresponde a la base rítmica de la idea de Zappa; porque la compañía grabadora no quiso gastar más dinero en su plena producción. Lo que existe es resultado de un happening de más de cincuenta personas presentes en el estudio de grabación, prácticamente todas ellas viajando en LSD y consumiendo no pocas drogas, marihuana y alcohol, según lo contó uno de los participantes: el tecladista Dr John. No es posible imaginar lo que Zappa esperaba crear con esta pieza tan en los límites. Quizás él mismo no lo tuviera muy claro, porque cuando pudo terminar de producirla por su cuenta y riesgo, como sucedió con otras de sus composiciones, ya no lo hizo. Aunque en “It Can’t Happen Here” se hace mención de una Suzie, es en este disco y en esta precisa canción que aparece por vez primera el personaje femenino Suzie Creamcheese, en las voces de la antes ya mencionada Pamela Zaburica y Jeannie Vassoir. A esta última se le escucha al inicio de la pieza y Zaburica redactó la nota que aparece en la contraportada.

(y 5)

Freak Out! es un álbum conceptual, un retablo de catorce imágenes o cuadros de resistencia en contra del (des)orden establecido como proceso de producción “americano” de sujetos serviles y mediocres, seres consumistas compulsivos; las masas dóciles del proletariado de la sociedad “global” del espectáculo. Fue un debut muy ambicioso y temerario, algo original por completo, una radiografía crítica de la vida superficial de los gringos normales y también de los jipis que la querían contradecir como moda.

Los cuatro lados de los dos discos de este álbum están producidos de una manera que hoy suena típica de los años sesenta. Está influenciado por los entonces populares efectos del “muro de sonido” que creó Phil Spector y es la única grabación de Zappa que tiene esto. Esta técnica de estudio es tanto un encanto como un defecto del álbum. Los instrumentos, más específicamente la guitarra rítmica, tienen una especie de eco hueco que para los estándares actuales suena anticuado. Hay instrumentos de metal adicionales tocando junto con la banda de rock. El estéreo tiene una fuerte división de izquierda a derecha, común cuando se introdujo este efecto para la música de rock. Más adelante, esta división se haría menos nítida, ya que una banda toca frente a quien la escucha y no a los lados.

Aunque muchos grupos hacían experimentos con música electrónica y efectos de música concreta, ninguno consigue un resultado tan personal como este Zappa del principio. Igual recurre a elementos de compositores como Igor Stravinsky y Karlheinz Stockhausen que a detalles chuscos de la subcultura de los pachucos y de los negros blueseros. Con referencias al gran contexto de los “media” y la nueva opinión pública de los sesenta, más la muerte del presidente Kennedy y lo pomposo y nulo de las universidades. Todo marcado por la excentricidad novedosa y profética de Zappa, quien sólo tiene como pares a grandes creadores como John Cage, Marshall McLuhan y Buckminster Fuller.

Incomoda pensar que medio siglo después todas las críticas de Zappa continúan vigentes en lo esencial, lo social cambia a paso lento y el egoísmo compulsivo no se derrumba con puro rock and roll; pero da calma entender que al mismo tiempo el mensaje de esta obra sirvió de aviso para que al menos una minoría se lanzara a tratar de vivir de otra manera, de acuerdo a la propia conciencia y con un intenso anhelo de libertad real aquí y ahora. Que tal ha sido, es y será la lección política de Frank Zappa. Y todo desemboca rotundo, siempre en una sonora carcajada.

Es verdad, no lo discuto para nada: Zappa no es el mejor guitarrista del rock y seguramente no está entre los diez primeros. Pero eso no impide que sea un guitarrista fascinante y con momentos de veras admirables, de un estilo inconfundible y de una complejidad técnica y sonora que lo hace llegar más lejos del jazz, por ejemplo. Escucharlo en la primera canción de este álbum, en “Hungry Freaks, Daddy”, es una muestra de ello. Sorprende el modo como juega con la melodía de “(I Can’t Get No) Satisfaction” de los Rolling Stones.

De aquí en adelante, Frank Zappa se moverá en muchas direcciones musicales durante más de 25 años, en una reacción creativa al mismo tiempo contra lo anodino y fácil de la música popular y también contra lo solemne y elaborado de la música culta. Porque Zappa es un artista excéntrico por voluntad, raro entre los raros y monstruo para los normales. Un enigma asombroso.

Ya lo dije al principio; y aquí, al llegar al final, lo repito con gusto: considero como todo un don de la fortuna para mi persona el poder haber vivido la construcción de la obra musical de Frank Zappa. Porque su música no será olvidada por mucho tiempo, ya que es música esencial, arte libre que en verdad transforma la vida de quienes lo escuchan y atienden con atenta pasión.

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Publicado en: Columnas