Una leyenda de los tipai-ipai, antiguos habitantes del suroeste de Estados Unidos y del noroeste de México, también conocidos como kumiai o diegueños, habla de que hace miles de años, en el mar circundante a la península de Baja California, vivía la serpiente Maija Awi.
No sólo era dueña de las aguas, también detentaba el conocimiento del mundo y su espíritu albergaba danza, canto, música, medicina, cacería, todo lo necesario para la supervivencia de los tipai-ipai.
Cada cierto tiempo, Maija Awi se acercaba a la costa para alimentarse y era esperada por los kumiai para que les compartiera su sabiduría; la alimentaban y le daban de beber y deseaban a cambio el canto y la danza.
Maija Awi comió en demasía, engordó y duplicó su ya de por sí enorme tamaño y exigió más comida a los kumiai quienes, temerosos de perecer bajo sus fauces, le llevaron todos los platillos disponibles. La serpiente se hinchó y murió empachada; los indígenas realizaron una fogata a su alrededor y la quemaron junto a unas ramas de salvia.
Mientras el fuego la consumía, sus cenizas se esparcieron entre la comunidad de los kumiai y éstos adquirieron todos sus conocimientos. Desde entonces, Maija Awi es conocida como La Gran Serpiente del Agua y adorada como un Dios.

Imágenes: cortesía Pepe Mogt
La leyenda fue el pretexto para que la Secretaría de Cultura de Baja California, mediante el Instituto de Cultura de dicho estado, comisionara el filme Maija Awi. Concierto Campo Alaska, una instalación audiovisual de Pepe Mogt, cinta que se estrenó el 21 de noviembre en el CEART de Tecate, en formato de autocinema, y cuya premier mundial se llevó a cabo en la reciente edición virtual de Mutek.
Realizado por Tesoro Audiovisual, con la participación de Ernesto Aello en visuales y Carlos Leyva en iluminación, bajo los conceptos de la Secretaría de Cultura de Baja California, Pepe Mogt y Ejival, el filme es una analogía con esa serpiente de agua que inspiró el proyecto, porque lo primero que vemos es a un Mogt que se para frente a la costa (el uso de careta lo asemeja a un ser venido del espacio exterior) que primero se mantiene estático y luego la camina, mientras una voz en lengua original recita: “Yo acepto / ve a tu casa y yo llegaré. / Alista todo, despeja el camino / hagan una ramada, / pero no vayan dentro de ella / luego, esperen mi llegada”.
Un corte nos manda a la Rumorosa –zona en proceso de ser declarada patrimonio cultural de Baja California– y las tomas aéreas nos dejan ver otra bestia serpenteante (la carretera), las montañas, para luego concentrarse en las piedras, en detalles de las mismas, tomas que luego cambian a la agreste vegetación, los insectos. Nuevamente es la serpiente, quien nos conduce pero ahora repta en medio del desierto y llega a un poblado (Museo de Sitio Campo Alaska) sobre el cual más tarde aparecerán unos monolitos que se iluminan mientras Mogt aparece de la nada y toca sus sintetizadores y las columnas luminosas flashean y muestran imágenes en una noche cerrada, para concluir con el mar, la luna y esa mutua atracción ancestral y la frase, otra vez en lengua original: “De aquí vino todo el saber-conocimiento y el poder de los cantos”.
La banda sonora del filme obviamente le correspondió a Pepe Mogt, quien se enfrentó a dificultades sonoras que resolvió satisfactoriamente, al grado de que Maija Awi, obra que comenzó a circular hace poco, gana vida propia fuera del celuloide.
¿Cómo se transforma la composición bajo demanda, cómo se ajusta el estilo a las imágenes y visión de otro? Cuenta Mogt: “Ejival [promotor cultural y director del sello Static Discos] me invitó a trabajar en esta película, con la única condición de hacer música inspirada en la gran serpiente de la sabiduría y realizar un concierto sólo con esa música por lo que para mí, al hacer un scouting por el lugar y habiendo estudiado este mito previamente, la música fluyó naturalmente. Creo que jamás había creado algo en tan poco tiempo, me tomó una semana hacer toda la música y el resto se dedicó a la instalación audiovisual. Tres semanas y la magia de la serpiente revivió”.
La obra, disponible en las plataformas de costumbre, abre con una “Intro” de espíritu tribal que conforme se acerca a su final, se llena de espacio y da pie a “Mojave”, track en el que las percusiones (sonajas) se encargan de proporcionar una atmósfera terrestre, pero los sintetizadores se tornan viajeros, aéreos, como si fueran un ave que planea y en donde advertimos algunos destellos de la vieja escuela de la electrónica alemana.
“Espuma”es una composición muy visual, como una danza ejecutada en un órgano vintage, con efectos de la marea en el fondo y la espuma que crea caprichosas formas en la arena y en la que los últimos treinta segundos los ocupa el sonido del mar, del efecto de esa marea.
Cuenta Pepe Mogt acerca de ese track: “Hay un pasaje en el mito en el que el personaje se convierte en espuma a manera de camuflaje, por lo que para las notas de este tema me inspiré en las burbujas que revientan aleatoriamente sin respetar una cuantización, una melodía que si la hubiera tocado perfectamente
sería aburrida; el caos que la naturaleza nos da es lo que impulsa cada tono en esta pieza”.
A quien esto escribe, “Espuma” le trajo ciertas resonancias de Tangerine Dream y a propósito dice Mogt: “Es una agrupación de la cual soy fan solamente de sus primeros discos y siendo Phaedra [1974] el que me sigue volando la cabeza hasta el día de hoy, es inevitable que al usar los mismos instrumentos que ellos usaban en ese entonces, se obtenga un sonido similar, un sonido atemporal que ellos dejaron para los amantes de esta música”.
Maija Awi, el disco, es breve, a veces pasa como una ráfaga, otras se convierte en un delicioso paseo en el cual su autor logró conciliar lo autóctono con la vanguardia (“Wik a Mee”, “Ramada”) y en en el que las voces, cuando aparecen, como en el caso de “Maija Awi” (“es un moog modular secuenciado a la antigua, nada de computadora, y solamente jugué con los tonos para crear un trance con pocas notas”), se convierten en una polifonía que pronto adquiere el carácter de un instrumento.
Conjunción de aire, agua, tierra y fuego, Maija Awi, cierra la breve travesía con “Isla”, composición que apunta a ser festiva por sus tonos bailables iniciales, pero que luego se trastoca, como el animal que la inspiró y cuyo espíritu acompaña este viaje.
Pepe Mogt ha despertado a una serpiente de su sueño ancestral. Él y otros la han homenajeado y ahora, revivida, adquiere nueva vida. Es una obra que, en el futuro, será un referente importante no sólo de la música electrónica, sino también del estado de Baja California y posiblemente del país.