A 35 años de la trágica desaparición de Rockdrigo González, muerto durante el sismo que cimbró a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985 , presentamos una lista de 20 discos que pertenecieron al músico. Rescatados entre los escombros del edificio de Bruselas 8, en la colonia Juárez, donde falleció junto a su pareja Françoise, estos álbumes reflejan los gustos musicales del autor de Hurbanohistorias. Las siguientes reseñas disco-biográficas serán sistematizadas en el libro La obra de Rockdrigo, un clásico del rock mexicano, de Jorge González.
He aquí los primeros diez.

Estatua de Rodrígo González en la estación del metro Balderas.
Fotografía: -Erick- bajo licencia de Creative Commons
I.- Bob Dylan. The Freewheelin’ Bob Dylan (Columbia Records, 1963).
Gracias a un compasivo Javier Bátiz, Rockdrigo tuvo la oportunidad de subir al escenario y presentar sus canciones en el Wendy’s Pub, donde hasta entonces tenía la asquerosa tarea de lavar los baños. “Yo estaba tocando en un lugar que se llamaba el Wendy’s Pub, a media cuadrita de la ANDA. Ahí llegaba Rockdrigo a querer cantar, mano, y como lo veían humilde con su ropita, mal vestido, pelo largo y un poco descuidado o porque le valía madres que lo vieran así, la gente lo despreciaba. Quería cantar y le decían: ‘¿Quieres cantar?’ y él respondía: ‘Sí’, pero para eso lo ponían a lavar los baños, a traer los mandados, la comida. Lo trataban muy mal; casi, como se dice, a patadas”, recuerda Bátiz en una entrevista para la revista Proceso. Pronto, Rockdrigo pasó de actuar entre el cambio de bandas a tener un espectáculo propio y comenzó a correr entre los rocanroleros la noticia del surgimiento del Dylan mexicano. Críticos como José Agustín y Antonio Malacara lo tuvieron efectivamente como el principal referente al comentar su obra. Aunque él sostenía que su trabajo era más similar al de Donovan, la influencia dylaniana en sus métodos de composición resultaba evidente, no sólo por su estilo folk, sino también por la intrincada sintaxis de sus letras y las ricas imágenes poéticas con las que hilvanaba sus crónicas de la Ciudad de México. También tenía el afán de imitarlo en la manera de vestirse y peinarse, como consta en las últimas fotografías que le tomaron en Tampico con Françoise. Allá, según cuentan músicos locales como “Babyface”, ya desde su juventud le decían “El Dylancillo”. Fue un seguidor de todo lo que Dylan hizo, incluida su decepcionante participación en We Are the World de enero de 1985, y era inevitable que grabara algo de su ídolo. Lo hizo con Bátiz en el disco Radio complacencias, donde interpretan el tema más característico del primer Dylan: “Blowin’ in the Wind”, un himno que en su momento anticipó el devenir de una década convulsa y disruptiva.
II.- Los Apson. El Barba Azul (Eco, 1964).
Según varios testimonios, Rockdrigo tenía la costumbre de tocar covers en las fiestas. “Sin nada que hacer” y “Cuando era un jovencito”, las traducciones de Los Apson a partir de “Not Particular Place to Go” (de Chuck Berry) y “Cotton Fields” (de Leadbelly), fueron registradas por “El Ginger”, tras la tocada Rockdrigo en el Café de los Artesanos. No se trata de simples reproducciones de las versiones de los sonorenses, sino que aventura ligeras variaciones. Uno de los más grandes favores que nos hizo González fue eliminar la parte de “las muchas maldades que fui a cometer”, de mal gusto y bastante fresa. “Cuando era un jovencito” viene en el disco de los Apson Atrás de la raya, de 1963, en tanto que “Sin nada que hacer” es de El Barba Azul (1964). Fue por medio de esta banda de Agua Prieta, Sonora, y no de Creedence Clearwater Revival (Willy and the Poor Boys, 1969), que la incluyó dentro de su repertorio. “Ginger” es el apodo del periodista chilango José Luis Engel, protector del fino y desgarbado músico en la entonces pequeña ciudad de Aguascalientes, donde recibía una miseria en pago. A él le dedica su improvisación: “¿Cómo te sientes en Aguascalientes, me dijo un intruso del De-efe” y por él cambia la letra a “Cuando apenas era un jovencito / mi mamá me decía: ‘Mira, Ginger… / Busca amor, nada más que amor’”.
III.- The Rolling Stones. Flowers (London Records, 1967).
Otro cover registrado en el cassette del “Ginger”es la traducción de “Sittin’ on a Fence”, último tema del disco Flowers de los Rolling Stones. Se trata de una traducción de Rodrigo y Mireya Escalante que tiene como punto de partida la versión de Parménides García Saldaña. Esta aparece como introducción del primer cuento de la colección El rey criollo (1971): “Stranger in paradise”. Uno de los primeros ensayos de la pieza se encuentra en el sitio web Crisol de palabras, dedicado a la memoria del multifacético tampiqueño y desarrollado por su viuda Nuri. Es indudable que se apoyaron en la propuesta del “Par”, quien llegó a la peculiar solución de “Really is too horrifying” como “Es muy difícil una venda”. “Mis amigos de escuela / crecieron, se establecieron / Sus vidas hipotecaron / Y no se ha oído mucho, mas pienso que es verdad / que ellos se casaron pues no había más que hacer / Así es que / estoy sentado en una barda” o “Tal vez cuando estés viejo y fastidiado de la vida / ya no lo comprenderás / Tal vez la elección que hiciste no fue buena / pero sales en la tarde y no regresas en la noche” son algunos de los versos más fluidos de la adaptación al español de Rockdrigo y sus amigos.
IV.- Donovan. Hurdy Gurdy Man (Epic Records, 1968).
Como buen rocanrolero mexicano, Rockdrigo estaba fascinado con las noticias del viaje de Donovan a Huautla de Jiménez, Oaxaca, de quien consta que estuvo en la comunidad de la curandera María Sabina. Quizá fue por él que se animó a probar los hongos psilocibios durante el tiempo que estudió psicología en la Universidad de Xalapa, de la que huyó al ver la implantación de la corriente conductista en los planes de estudios. Algunos, como Guillermo Henry, aún hoy sostienen que la riqueza poética del álbum A Gift from a Flower to a Garden (1967) proviene de la experiencia de Donovan con la carne de los dioses. “¿Qué te parecieron los nanacates? Lindos, ¿no? Te desnudan gacho. Te hacen ver toda la mierda que traes dentro y no te permiten hacerte pendejo”, comenta el Flores al Sergio en el cuento “Materia mística”, publicado en Rockdrigo (El profeta del nopal). Mireya Escalante, con la que compartió todo hasta que se aborrecieron, cuenta que cuando escucharon “Hurdy Gurdy Man” en los sesenta, hicieron una apuesta a ver quién tenía una hija primero para llamarla “Lalena”. Empataron. El “carajito” llegó en agosto de 1979. Roberto Treviño, uno de sus mejores amigos en Tampico, cuenta cómo cuando era estudiante en la UNAM les hizo una visita y los encontró peleando en el departamento de Mireya, en Copilco, mientras la niña se deshidrataba. Los recuerdos de la hija no son tan sórdidos, sino acerca de un padre tierno y cariñoso que también, muy importante, le enseñó a desobedecer reglas absurdas. Como dato curioso, el silbido “Lalena, la niña más buena”, con el que Rockdrigo se iba anunciando cuando las visitaba, viene en la grabación de “La balada del asalariado” en Hurbanistorias (1984).
V.- The Beatles. The Beatles (White Album) (Apple Records, 1968).
Descontando la incursión de John Lennon, George Harrison y Yoko Ono en la música de vanguardia con la eterna incomprendida “Revolución No. 9”, la secuencia “While my Guitar Gently Weeps” (Harrison) / “Hapiness Is a Warm Gun” (Lennon) es uno de los momentos más altos de la exploración musical de los Beatles. Mireya Escalante relata que esta pieza del Álbum blanco, recogida lo mismo en The Greatest Songs of All Time de la revista Rolling Stone que en 100 Greatest Guitar Solos de Guitar Hero, obsesionaba a Rockdrigo por el virtuosismo de George Harrison y Eric Clapton y la reflexión moral de la letra. Solía tocarla en una Yamaha con sus amigos más experimentados de Tampico. Él, que en un despliegue beatlemaniaco y fantasioso bautizó a la arbolada calle Naranjo como Abbey Road, se refirió a los Beatles en varias entrevistas. Además de explicar por qué consideraba la instrumentación del Sgt. Pepper como un ejemplo de neoclasicismo en la música pop (Rockdrigo en Radio Mexiquense), habló de ellos con Víctor Roura: “Elton John me influyó en el concepto de la melodía. Mi hermano Manuel me enseñó dos tres arpegios. Él es ingeniero, pero toca la guitarra en sus ratos libres. No puedo negar la influencia de Bob Dylan ni de Donovan ni de Neil Young. De esos tres batos, principalmente. Y de los Beatles. Ellos me apantallaron con tanta pinche creatividad”, así como en la entrevista con César Güemes y Ángeles Huerta en septiembre de 1985: “Los que me comparan con Bob Dylan están muy mal, porque sólo fijan su atención en puras características externas. Aunque no niego mi influencia dylaniana, pero también hay una influencia muy cabrona de los Beatles. Yo no pienso que toque como Bob Dylan. No es por presumir, pero yo pienso que toco mejor la guitarra que el Dylan, loco. Yo lo he oído requintear y, la verdad, lo hago mejor”. Interesante sentido del humor de este personaje que, apunta Rafael Catana en el libro Rupestre, quería brillar más que John Lennon.
VI.- Piero. Piero (CBS, 1970).
En una de sus poquísimas vueltas a Tampico, Rockdrigo llegó con varios ejemplares de Hurbanistorias para obsequiarlos a sus amigos. Roberto Treviño lo escuchó decir que en “Vieja ciudad de hierro” finalmente encontró la síntesis que había buscado, mientras que a Juan Jesús Aguilar le habló de su intención de acompañar “Huapanguero” con violín huasteco en vez de armónica. En cierto momento de una fiesta, en la que sus amigos entendidos en música lo estuvieron fastidiando con “El vals del segundo” de Les Luthiers, alguien le pidió que tocara algo y dejó caer su interpretación de “Mi viejo”, del ex seminarista Piero De Benedictis: “Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando / Tiene la tristeza larga, de tanto venir andando / Yo lo miro desde lejos / pero somos tan distintos”. Es sabido que, a pesar de una tradición familiar de gusto por el huapango, don Manuel González Sámano, el ingeniero naval al que Rockdrigo presumía como su papá millonario, siempre se opuso a que siguiera el camino de la música de rock. Y que, harto de ver a un joven Rodrigo disperso, acelerado e intoxicado, decidió correrlo de la casa. Le entregó un boleto de autobús y 500 pesos y le pidió que regresara “hasta que fuera hombre”. (“Él se fue feliz”, recordaría la madre, Angelina Guzmán). Años después incluso le ofrecería presentarlo con sus contactos en la televisión de México para que compusiera jingles. En una declaración excesiva dentro del contexto de una entrevista periodística grabada, le reveló a Pepe Návar que su padre era su peor enemigo. Si bien el drama familiar no llegó a resolverse y esto contaminó la percepción del productor cuando quisieron negociar los dos cassettes con sus últimas composiciones y arreglos, González Sámano, que en cualquier momento podía tener, por ejemplo, las Poesías de Espronceda en la mesa de dibujo de su astillero, le dijo a Roberto Ponce en 1992: “No creo que exista otro mejor que él en las letras de rock en México”.
VII.- Víctor Jara. Pongo en tus manos abiertas (DICAP, 1969).
El epítome del realismo socialista en la canción de protesta latinoamericana, publicado por la discográfica de las Juventudes Comunistas Chilenas. La rola más conocida del brutalmente asesinado trovador Víctor Jara cuenta el amor de Amanda y Manuel, una pareja de clase obrera, y compara la fugacidad del tiempo de descanso en una jornada laboral frente a la rapidez con que el personaje masculino fue acribillado en la lucha guerrillera. Rockdrigo eligió Amanda como primer nombre para su hija. Como consta en el sitio Crisol de palabras, Gonzalo Rodríguez y Rodrigo González la utilizaban para abrir sus presentaciones en las calles y bares de la capital a mediados de los setenta. Se conocían desde la infancia, fueron compañeros en la secundaria y, además de Edmundo Font, Gonzalo fue una de sus opciones para asentarse en la Ciudad de México tras su expulsión del seno familiar. Con sus amigos también había participado en grupos artísticos para montar obras de teatro y organizar lecturas de poesía y círculos de estudio. Destaca la participación durante la presentación de los cuentos del fugaz escritor ondero Jesús Luis Benítez “El Búker” en la Sala Manuel M. Ponce de Bellas Artes (1976): Rodrigo con su suite huapango-blues “Ya no juego” y Gonzalo con su canción “El despertar del hombre”, más obras rolísticas de los ignotos Pablo y Oliveiro. Quién si no Gonzalo es quien pide una de Serrat durante un concierto del Colectivo Rupestre, tras la muerte de su amigo. Cuentan que alguna vez expresó cierto remordimiento, porque creía que por su culpa este vino a morirse al DF. En medio de reuniones en las que presumiblemente hubo demasiados egos y conflictos de interés, Gonzalo sacó adelante la asociación civil con la cual logró darse a conocer la música del autoproclamado Rockantrovero.
VIII.- The Doors. Absolutely Live (Elektra Records, 1970).
El álbum más destrampado del grupo que representó el espíritu contestatario de los años sesenta, pero también su lado más oscuro y autodestructivo. Enemigos de la sociedad de masas y compiladores de la contracultura a lo largo de los tiempos, las canciones de The Doors podían referirse a un cuadro de El Bosco o a la experiencia de Rimbaud en África y glosar capítulos de La rama dorada. Tomaron su nombre de los versos de William Blake en El matrimonio del cielo y el infierno, también recuperados en los ensayos de Huxley sobre su experiencia lisérgica: “Si las puertas de la percepción se abrieran, todo aparecería ante el hombre tal como es: infinito”. Este disco que se muestra en el documental Rockdrigo, la ciudad del recuerdo contiene la que es probablemente la mejor versión de “When the Music’s Over” e incluye algunos fragmentos de spoken word que a Morrison le gustaba improvisar entre canciones, además de imprecaciones al público claramente influidas por el Living Theatre. Entre los libros del tampiqueño, se encontró un ejemplar de Poemas proféticos y prosas en la excelsa versión de Cristóbal Serra. Además del estudio de Blake, compartía con Morrison el interés por la cultura de los yaquis, el chamanismo, el desdoblamiento de la personalidad y la expansión de la conciencia por medio de los alucinógenos.
IX.- X2 Verde. Perdí 20 centavos / El hospital (CBS, 1970).
En 1970, Guillermo Rodríguez Páez grabó un disco sencillo con las canciones “Perdí 10 centavos” y “El hospital” para CBS/Columbia, el cual hoy está disponible en YouTube gracias a su sobrina. Se trata de temas extrañísimos que anticipan las letras más alucinadas de los cantores rupestres. En la primera, un personaje solipsista expone su gran preocupación por haber perdido el veinte que debía usar para llamar a su novia. La segunda describe una institución mental desde un enfoque antipsiquiátrico, satirizando la clínica, la psicometría y la institucionalización. De acuerdo con los comentarios en el sitio web de videos o en SoundCloud, el público rocanrolero también recuerda su aparición en el programa Siempre en domingo con Raúl Velasco, quien le hizo un comentario cuadradísimo. Se dice que otras de sus composiciones eran “Ay, Memito, Memito”, “Me siento muy in, me siento muy out”, “El gerente indecente”, “Coco la cotorrita” y “Yes hablo inglés”. Fue una especie de plagiario por anticipación del ídolo del rock rupestre, que lo vio tocar a finales de los sesenta: “Viajaba con frecuencia al DF, cuando la Zona Rosa estaba en pleno apogeo, y oye al X2 Verde, un tipo bien locochón que tenía rolas muy parecidas a ‘Canicas’, y esto, lógicamente, sorprende mucho al Rodrigo”, dice Mireya Escalante en un texto de 1987.
X.- Waldo de los Ríos. Mozartmanía (Parlophone Spain, 1971).
En una fortuita grabación en Radio Mexiquense, durante una entrevista conducida por los locutores Tarsicio García Oliva y Antonio Escribano, Rockdrigo muestra sus conocimientos sobre la música académica y popular, a la vez que expone los resultados de su propia búsqueda estética. Cuando le preguntan si de verdad, como presume en su currículum, tiene alguna influencia de los músicos clásicos, responde con una anécdota sobre su yo niño que a los cuatro años tocaba canciones para los pajaritos, harto ya de tanto esteticismo. Por supuesto, la referencia es a Mozart y usa el chiste como disculpa por no haber tenido una educación musical tan formal ni haberse convertido en un virtuoso. Su hermano Manuel fue su primer maestro y se habla de un profesor que dejó de darle clases después de enfermarse. Como buen “tocador”, conocía bastante de la historia del rock, el folk-rock, el canto nuevo, el nacionalismo musical mexicano y la música tradicional de las huastecas. Sus exploraciones podían ir de Ramón Ayala a la música atonal. Le interesó mucho el surgimiento del rock sinfónico y la música de sintetizadores, pero también apreciaba el valor de la simplicidad, por la que parecía haber optado hasta ese momento. De la serie de exhibiciones que se han montado con objetos rescatados de su edificio en la Colonia Juárez, destaca el álbum Mozartmanía del director y compositor argeñol Waldo De Los Ríos, orquestador de éxitos pop como “Soy rebelde” y “¿Por qué te vas?” de Jeanette, entre otras sinfonías para los chicos de España. El gran Osvaldo asimiló las técnicas de Phil Spector, fue alabado por George Martin y recibió la invitación de Stanley Kubrick para hacer la música de La naranja mecánica (en su lugar propuso a Walter Carlos, con los espléndidos resultados que conocemos). Durante sus entrevistas llamaba a eliminar el protocolo esnob relacionado con la música de concierto para acercarla a todo el público y esa aproximación es la que rige en sus discos. Esta delicia, de portada tan llamativa, incluye sus interpretaciones de la “Pequeña serenata nocturna”, “Las bodas de Fígaro”, la “Broma musical” y “La flauta mágica”.
(Continuará)
les felicito por este trabajo tan formal e interesante.
claro que en Mexico ha habido y hay artistas extraordinarios
y, ustedes» los investigadores , los periodistas y hombres de empresa son igualmente importantes
sigo pendiente