
XI.– Yes. Fragile (Atlantic Records, 1971)
En enero de 1985, Rockdrigo publicó en la revista del CREA un anuncio sobre la creación del sello Producciones Rupestres, “Nueva productora de negritos”, cuya primera entrega sería un disco con un lado de rock puro y otro con arreglos psicodélicos, pero su proyecto no se concretó. Antes de conocer al productor Pepe Návar, a quien le entregó los dos cassettes con sus últimas canciones y arreglos, decidido a firmar con la multinacional WEA, estuvo explorando otras posibilidades para llegar más allá del público universitario. Sergio García, quien comenzó a juntarse con él desde una fiesta en 1979, en la que también se hallaban Françoise Bardinet y otros hippies franceses, describió su comportamiento en ese periodo de mediados de 1984 a 1985 como “muy compulsivo en organizar festivales, sacar su cassette y darse a conocer”. Como el promotor Jorge Pantoja fue un representante más eficiente que el terrible Capitán Chorizos (fue Rodrigo el que le puso este apodo a quien también representaba al infumable trovador José Antonio Nachón), comenzó a tener más tocadas en provincia y tras su viaje a Europa, aceptó la propuesta de Fausto Arrellín para formar una banda. Con el bajista Francisco Acevedo, el baterista Adrián Gasca y Fausto en la guitarra eléctrica y sintetizador, nació la banda Quál. En los siguientes meses de 1985, tras ser apadrinados por Botellita de Jerez y El Tri, recorrieron el circuito cultural, tocaron en la periferia y los hoyos fonquis, se presentaron en el legendario bar El Nueve, musicalizaron la puesta en escena protomultimedia de Abolición de la propiedad (José Agustín) con Mario Alcántara y aparecieron en la serie Flores de asfalto de Imevisión, con versiones electrificadas de “No tengo tiempo de cambiar mi vida” y “Ratas”. Para esta última pieza, la banda solía retomar la introducción de “Roundabout”, uno de los más grandes éxitos de los británicos Yes, quienes definieron las características del rock progresivo. Las posibilidades de Quál resultan especialmente audibles en el álbum Ofrenda a Rockdrigo (2003) en el que también participaron, entre otros, Santa Sabina, La Barranca e Iraida Noriega con Los Rastrillos. A pesar de haber perdido a su frontman, Quál siguió desarrollándose en Al borde del precipicio (1988), ha vuelto a trabajar a cada tanto sobre sus viejos hits y prácticamente todos los años toca en las celebraciones de la vida y obra del Redrogo, como sus músicos lo llamaron.
XII.– B.B. King. Kansas City (Ediciones Altaya, 1972)
Esta rara edición española también se muestra unos instantes en el documental de Alejandro Ramírez y Eva Callejas, cuando las hermanas de Rockdrigo presumen la colección de discos. Contiene temas clásicos de este portentoso hijo del Delta, como “The Thrill Is Gone”, “Sweet Little Angel” y “Nobody Loves Me But My Mother”, y da una idea de cómo eran los conciertos en la época dorada de los reyes del blues eléctrico. En el estudio de Jorge Rossell, Rockdrigo, quien se hallaba en apuros económicos y perdió su guitarra en un asalto, hizo arreglos bluseros para los temas “¿Por qué no me las prestas?” y “El rock del E-te”. Como explica el productor de Hurbanistorias, con ayuda de compresores, limitadores, algunos pedalitos y efectos (delays, reverbs), hicieron salir de una vieja guitarra valenciana con cuerdas de metal los sonidos de la guitarra blues de 1910-1920, Saint-Louis y lo mejor de la música tradicional del Mississippi. El cantautor –que en su entrevista en Radio Mexiquense describió las semejanzas entre el blues y el huapango, así como los intentos que hizo por fusionarlos en la suite “Ya no juego”– volvería al tema en su famoso ensayo “Rock, son, huapango, blues (Géneros y conjugaciones estructurales)”, publicado en un especial de la revista Banda Rockera: “Algo bastante peculiar del blues es que no solamente su ritmo le da el carácter melancólico que tiene, sino también las llamadas "notas blues" que definen más su intención (terceras y séptimas disminuidas), que en un momento dado se pueden trasladar al huapango. Aparte del paralelo armónico, el blues y el huapango coinciden extraoficialmente en su improvisación. En los dos esta ocupa un lugar privilegiado, si no es que el principal. Los violines y los requintos no son por lo general melodías prefabricadas, sino formas libres y de carácter constante. En los versos tanto blueseros como huapangueros hay una igualdad o superioridad con flexibilidad musical: partiendo de alguna frase conocida o de un hecho general o particular, se le van inventando otras frases que rimen entre sí, para así poder redondear una serie de imágenes que crean espacios similares para hacerlos aún más afines”. Aunque, como declaró en aquella entrevista en Metepec, ya no continuó con sus experimentos y optó por tocar el blues y el huapango tal como eran, sí que recuperó la improvisación en los versos con los que despedía sus tocadas. También hizo un último intento con su “Blues huasteco” (1985), que presenta una relación de intertextualidad con “Hurricane” de Bob Dylan.
XIII.– Mocedades. Mocedades 5 (Zafiro, 1974)
“La Miss” Mireya Escalante conservaba algunos cassettes con las primeras versiones de “Ama de casa un poco triste”, “El pescador” y “Rey del viento de la huasteca”, además del Super 8 playero que, dijo, mucho le pidió Rafael Montero para No tuvo tiempo. La hurbanistoria de Rockdrigo y no quiso mostrar. Así, hasta ahora las más antiguas grabaciones del futuro Rockdrigo son sus ensayos y largas improvisaciones con Gonzalo Rodríguez, recopilados en Crisol de palabras. Una interesante pieza que ha publicado la también traductora Nuri Rodríguez es el fragmento de “A mis soledades voy” del prolífico Félix Lope de Vega en el arreglo de Mocedades: “A mis soledades voy / de mis soledades vengo / Porque para estar conmigo / me bastan mis pensamientos […] Ni estoy bien ni mal conmigo / mas dice el entendimiento / que un hombre que todo es alma / está cautivo en su cuerpo. / Entiendo lo que me basta y solamente no entiendo / cómo se sufre a sí mismo / un ignorante soberbio” (de La Dorotea, 1632). Además del registro de “La historia del hombre muerto” de María Vázquez que debió llegarles por medio de Óscar Chávez en Latinoamérica canta, el sitio cuenta con la fotografía de un programa del dueto que recorrió la ciudad interpretando temas de la nueva canción latinoamericana, rolas propias y poemas contestatarios: Víctor Jara – “Te recuerdo Amanda” (Juntos), Silvio Rodríguez y Pablo Milanés – “Pobre del cantor” (Juntos), Pablo Milanés – “Yolanda” (Juntos), Silvio Rodríguez – “Óleo de mujer con sombrero” (Gonzalo), Silvio Rodríguez – “A dónde van” (Rodrigo), Pablo Milanés – “El tiempo, el implacable, el que pasó” (Gonzalo), Silvio Rodríguez – “Menos mal que existen” (Juntos), Gonzalo Rodríguez – “Poema ‘Preludio a Deni’” (Juntos), Gonzalo Rodríguez – “Poema ‘A León Felipe’” (Gonzalo), ??? – “Condición de solitario” (Juntos), ??? – “Ciudadano” (Rodrigo), Rodrigo González – “El pescador” (Rodrigo), ??? – “Don Nicanor” (Rodrigo), Pablo Milanés – “Yo pisaré las calles nuevamente” (Gonzalo) y [tachada] Piero – “Juan Tequila” (Rodrigo). En su memoria Un vaho de rock, Armando Vega-Gil relataba que “‘El Mastuerzo’ los vio en una de sus actuaciones en el distante Tláhuac: ‘Hoy, aquí, en San Rafael Atlixco, canciones con Rodrigo González y Gonzalo Rodríguez’. Paco Barrios se los encontró allá cantando a obreros rebeldes rolas de la Nueva Trova Cubana y un par de tímidas composiciones suyas”.
XIV-. Klaus Schulze. Timewind (Virgin, 1975)
Expuesto en un homenaje a Rodrigo González en Tampico, este es el quinto álbum en solitario del multinstrumentista Schulze, tras su experiencia en Tangerine Dream y Ash Ra Tempel, bandas señeras del krautrock (rock experimental alemán con aires psicodélicos y recuperación del vastísimo legado europeo de música concreta, electrónica y de vanguardia). Los títulos de las piezas están inspirados en la ciudad y la villa del apolíneo y dionisiaco Richard Wagner: Bayreuth y Wahbfried. Entre la instrumentación destacan órgano, piano, secuenciador y varios sintetizadores con los que se crean obras hipnóticas de larga duración. Quizá pensara en este tipo de música al redactar el Manifiesto rupestre cuando, según Eblen Macari (naturalmente), “Rockdrigo decidió que ya éramos un grupo”: “Se trata solamente de un membrete que se cuelgan todos aquellos que no están muy guapos, ni tienen voz de tenor, ni componen como las grandes cimas de la sabiduría estética o (lo peor) no tienen un equipo electrónico sofisticado lleno de sintes y efectos muy locos que apantallen al primer despistado que se les ponga enfrente”. Curiosamente, el trovero rupestre añadiría a su música el sintetizador de Fausto Arrellín durante el evento El callejón sin salida, rollo musical y visual de violencias y ocurrencias presentidas a través del rock urbano en junio de 1984 (con los pintores Eduardo León y Jazzamoart, Chac El Diseñador y la videoasta y editora María Eliana Montaner) y aún más con la banda Quál.
XV.– Klaatu. 3:47 E.S.T. (Daffodil/Capitol Records, 1976)
En la época anterior a la masificación de internet, las personas debían recurrir principalmente a los periódicos, revistas, radio y televisión para informarse. Podían pasar meses y hasta años para que verificaran y contrastaran datos. A finales de los sesenta, alrededor de los Beatles se desarrollaron leyendas como la de la muerte de Paul McCartney en 1966, su reemplazo por un doble y la supuesta inclusión de pistas ocultas en sus letras y portadas desde 1967, ya que se decía que el honesto John Lennon estaba en contra de las decisiones de sus manejadores y de alguna manera debía revelar la verdad. Un hoax semejante fue el del supuesto regreso del cuarteto bajo el pseudónimo Klaatu, por medio de un disco en el que no aparecían datos de los músicos, fotos ni créditos. La canción “Sub-Rosa Subway” era la evidencia más clara, se decía. Los cazadores de pistas interpretaron la foto de Ringo junto al extraterrestre de The Day the Earth Stood Still (1951), en la portada de Goodnight Vienna, como otro indicio y la edición internacional fue publicada por Capitol, así que todo tenía sentido para aquellos que deseaban ingenuamente ver a sus ídolos reunidos. El origen de todo fue la especulación del periodista Sam Smith en el Providence Journal de Rhode Island, en 1977: “Could Klaatu be The Beatles? Mystery is a magical tour”, en la que planteaba que esta canción sobre el metro era completamente bitleana, ya que las voces eran exactamente como-las-de-Paul, la batería como-la-de-Ringo y las guitarras como-las-de-John-y-George. También, argumentaba, “Doctor Marvello” sonaba como Harrison en “Blue Jay Way”. Afirmaba haber contactado a los ejecutivos de Capitol, quienes dijeron no saber nada sobre el disco ni los músicos. Aunque no se trató de un engaño deliberado por parte de los músicos ni la disquera, nadie hizo nada por detener las habladurías, se vendieron copias por millones y los fans desarrollaron conjeturas barroquísimas, basados en la antigua práctica de reproducir los discos al revés. La banda de rock progresivo, realmente conformada por los canadienses John Woloschuck (vocalista principal, piano, bajo, melotrón, sintetizadores), Terry Draper (percusiones) y Dee Long (guitarras, ukulele, cítara), después explicaría que su objetivo al presentar 3:47 EST sin datos de referencia era preservar su anonimato y dejar que su música (con la que efectivamente quisieron explorar el universo sonoro de “It’s All Too Much” en Yellow Submarine de 1968, según han declarado) hablara por sí misma. Otro tema de este álbum de imaginativa portada de Ted Jones, que Rockdrigo compró en la edición mexicana de Capitol/EMI, es la ufológica “Calling Occupants of Interplanetary Craft”, la cual fue un éxito en la versión de los Carpenters de 1977. El trío siguió su carrera con Hope (1977), Sir Army Suit (1978), Endangered Species (1980) y Megantalane (1981), todos hoy apreciados por los coleccionistas, hasta desintegrarse en 1982. Para su fortuna, Capitol no les pidió que siguieran sonando como los Beatles. Durante un breve reencuentro, en 1988, también grabaron un tema en el estudio de George Martin.
XVI.– Three Souls In My Mind. Adicto al rocanrol (Chavo de onda) (Raff, 1976)
La relación entre Alejandro Lora y Rockdrigo González ha hecho correr bastante tinta a lo largo de los años, en especial alrededor del polémico contra-arreglo con que los viejos rockeros Briseño y Lora le dieron la bienvenida al medio musical capitalino. Para Sergio García, quien con frecuencia resaltaba esto en las entrevistas, lo más doloroso para el tampiqueño fue la supresión de la cita a Freud. Cuando Antonio Malacara le preguntó a Rockdrigo por la versión de El Tri en Simplemente (1985), respondió: “Pues está muy a la Alejandro. Lo que hizo fue que le mochó algunos pedazos de música y de letra. Y como experimento para hacerla más masiva, pues no está tan mal; el bato sabe su cuento. Pero a mí me gusta más la versión original, porque guarda otro significado totalmente; él le da otro sentido”. A principios de septiembre del 85, los dos músicos se presentaron en un programa radiofónico conducido por Pepe González Márquez. Ahí se tocaron las dos versiones, con Lora como siempre cabuleando y un Rockdrigo más bien seriecito e intelectual, sabedor de que hasta la crítica de arte Raquel Tibol escuchaba la emisión. Las malas lenguas comentan que en sus últimos días, el corrosivo tampiqueño le devolvió el favor destrozando su canción más lírica cambiándole la letra a “Triste calzón de amor”. Roberto González narra cómo esta historia de homenaje, plagio o apropiación artística, según se vea, afligía a Rockdrigo hasta su última noche, cuando manejaba de regreso al Bruselas 8 para entregar un equipo de sonido del Teatro Frederik: “Despotricó contra Lora porque lo que había hecho era otra cosa. Estaba hablando sobre su trabajo, sobre sus canciones. Pero se clavó más en eso: decía que no era más que un payaso, o sea que no había trascendencia en lo que él hacía, que él se paraba ante la gente, la gente se divertía, se reían un rato y se la pasaban bien y ya […], o si otras personas tomaban sus canciones y las tocaban para darles un sentido aún peor de lo que él les daba” (Vieyra Bahena: s/f). Rockdrigo escribió sobre Three Souls in My Mind en su ensayo “Tres entes en el coco”, en el que recurre a sus lecturas del materialismo histórico para describir las características y trayectoria del grupo. Por su parte, Sergio García, gran camarada de estos dos grandes autores de rock en español, relataba que en el comienzo de su amistad “a mí me sacaba de onda, porque ya entre la paranoia de la pachequez y la noche y demás, Rockdrigo empezaba a cantar y yo ni sabía que eran sus rolas, ni siquiera sabía que era cantautor, ni sabía de quiénes eran las canciones. Pero me caía gordo que cantara esa de ‘Eh, Gustavo, muy loco estás’ y eso de que ‘No la hagas más de tos…’ y que ‘Pórtate sensato’ y todo eso. Yo sentía que me lo cantaba directamente a mí, sentía yo la pedrada y me caía gordo por eso. […] Entonces también tocaba la de ‘Perro negro y callejero’. Y aunque yo comencé a trabajar con ellos en 1980 para Una larga experiencia, o sea que un año después de que conocí a Rockdrigo, no conocía bien el material del Tri. Entonces era una rola que siempre le pedía a Rockdrigo. Era la que más me gustaba, la que no era de él, curiosamente. Y tiempo después, pues me clavo con el Three Souls, compro todos sus discos y ya me entero de quién es la rola, etcétera. Ahora no le perdono a Alejandro –bueno, yo no tengo por qué perdonarlo, pero… Bueno, algo que no me agrada de Alejandro es que se haya fusilado el ‘Metro Balderas’. Teniendo él tantas buenas canciones, ¿por qué tenía que fusilarse a Rockdrigo? Eso me choca. Pero curiosamente yo a Rodrigo lo conocí más por una rola de él”.
XVII.– Dire Straits. Communiqué (Warner Bros. Records, 1979)
Dicen que Rockdrigo no dejaba entrar ni a sus amigos al departamento donde vivía con su novia francesa. Fausto Arrellín no entraba, pero Sergio García sí: para quemar, comer, platicar y llevarse el último de La familia Burrón. Y cómo no, los periodistas que en 1985 estaban tan interesados en conocer al nuevo fenómeno del rock mexicano: José Gil Olmos, Víctor Roura, Fabrizio León y César Güemes y Ángeles Huerta gozaron de ese privilegio. Estos dos últimos, incluso en presencia de la reservada Françoise, a la que no sabemos qué tan graciosas le parecieron las declaraciones del autor de “¿Por qué no me las prestas?”: “Todo lo que sea liberación está bien y más ustedes que están doblemente sometidas. [Y en cuanto a la infidelidad] yo creo que está bien, es muy sana, orea la relación. Creo que somos los únicos animales monogámicos de la naturaleza. Bueno, medio monogámicos, ¿verdad, Françoise?”. En “Ya con esta me despido”, para La Regla Rota, Roura describe su estancia: “Más de un centenar de botellas de cerveza vacías sobre la mesa. Tres guitarras dispersas a lo largo de la sala. Pocos discos. Grass, Jung, Toynbee, Koestler, Krickeberg, Cocteau, Sabines, Huxley, Miller, Fromm. Los libros ya no caben en el pequeño mueble. De fondo, un cassette de Dire Straits”. En esta entrevista, el músico hace un recuento de sus experiencias con grupos en Tampico, su paso como músico callejero prácticamente desde que se instaló en México, la producción de Hurbanistorias y su perspectiva sobre el movimiento rupestre, además de los temas que siempre han apasionado al periodista cultural: industrias culturales, medios de comunicación, literatura, arte y cultura. Meses antes, Roura había publicado en La Jornada una reseña bastante más positiva e informada que la del escéptico Manuel Gutiérrez Oropeza (alias “Manueles”): “Contador de inconcebibles historias e informador minucioso de sucesos cotidianos, el guitarrista y compositor Rodrigo González se ha abierto las puertas apoyado únicamente de su indudable calidad musical. Su presencia, una suerte de trovador en alianza permanente con el juglar, ha venido a instalar en la canción el humor negro y a otorgarle al rock acústico un lugar que nunca antes. [Nota al pie: Jaime López en su inicio y hasta antes de marzo de este año también coadyuvó, con su guitarra acústica, a hacer respetar este género roquero. Pero con la aparición de su disco La primera calle de la soledad nos demuestra que sus ideas buscaban otro contorno, nada despreciable en efecto, pero sí en definitiva alejado de sus fuentes primeras]. No por ello olvidamos algunos intentos llevados a cabo en los setenta, como las exhibiciones melódicas de Margarita Bauche, El Pájaro Alberto, La Semilla del Amor e incluso La Revolución de Emiliano Zapata, pero se diluyeron por la ausencia de cimientos instrumentales. Y ahora, Rodrigo González retoma estas raíces locales y va aún más lejos, pues vuela hasta el nacimiento del folk y asimila correctamente las enseñanzas de quienes han practicado este género, desde un Phil Ochs o un Pete Seeger hasta Bob Dylan y Leonard Cohen. Sin embargo, González no sigue los pasos de estos maestros. Lo que hace, en todo caso, es caminar junto a ellos. Ha caminado con ellos desde siempre. […] Espero que no tenga que aparecer en televisión para, ahora sí, poder considerarlo poeta”. Roura escribió la novela Polvos de la urbe (1987), en la que el músico Diego de Iturrigaray tiene una vida semejante a la de Rockdrigo y en la que este también aparece como personaje. El Dire Straits destacó por su síntesis de jazz, folk, country, pub rock y blues rock, así como por el virtuosismo guitarrístico del también filólogo Mark Knopfler. Él y el baterista Pick Whiters participaron en Slow Train Coming, el primer álbum cristiano de Bob Dylan, también de 1979.
XVIII.– John Lennon / Yoko Ono. Double Fantasy (Geffen Records, 1980)
Una de las personas que mejor conoció todo lo bueno y lo malo de Rockdrigo fue Mireya Escalante Pimentel, ya que desde la adolescencia establecieron una gran amistad a través de sus gustos musicales. Luego fueron compañeros en la preparatoria y vivieron juntos contra viento y marea, tanto en Tampico como en Chapingo y San Pedro de los Pinos. “La Yeya” fue referida en forma amorosísima por el gran Lalo Tex en un guiño para los que conocen la historia del subgénero urbano: “Siempre quise yo tener una novia bien bonita / y todo lo que conseguí fue una chava tronadita” (Tex-Tex – “El feo”), desde luego agradeciendo su inclusión en el disco Ofrenda a Rockdrigo, Vol. I y único. Mireya es clave para describir las vivencias de Rockdrigo más o menos del 63 hasta el 79, año a partir del cual ya son Sergio García Michel y los demás amigos del Colectivo Rupestre quienes pueden aportar información confiable. Uno de los recuerdos más bonitos de Mireya fue el de la Navidad de 1982, en la que pasaron toda la noche escuchando el Double Fantasy. Para entonces ya eran padres de una hija, pero se habían separado y les costaba mucho convivir, por lo que esa fue una noche memorable. Rodrigo le escribió canciones como “Bella Esmeralda”, en la que describe su viaje con amigos a la montaña de San José del Pacífico, y la más bien privada “Déjame tranquilo”, que el Grupo Dama (más tarde Heavy Nopal, por un feliz error de diseño de la portada) incluyó en Lo más prendido de Rockdrigo González. Además, cuenta Rafael Catana, Rockdrigo le escribió “El campeón olímpico de la muerte” al veterano de guerra con quien Mireya hizo pareja. Con la extraña superioridad moral de los cristianos renacidos, Escalante escribiría en 2004, a propósito de la publicación en Proceso de los primeros capítulos de Pterodáctilo cantando, la biografía imaginaria de Rockdrigo por Roberto Ponce: “Creo que Rodrigo González queda ya en un pasado, en un recuerdo. No niego que su música es buena, pero me empalaga. Yo siempre lo apoyé y apoyar a alguien que no tiene ni para comer es un buen servicio. […] Nadie apoyaba a Rodrigo, ni su familia. Sólo su madre con lo que podía, que no era mucho. Después de muerto, ya lo quieren hacer un santo. No era ningún santo, tampoco era un demonio. Era un ser diferente, muy seguro de lo que quería y nada común. Quienes tuvimos la bendición de pasar días, meses, años juntos, lo sabemos. Mucha gente escribe pendejadas y cuentitos imaginarios que buenos recur$$$os les aportan, aunque sea saludar con sombrero ajeno. […] Jamás fui a una misa negra. La mentada Caro no sé quién sea, nunca en nuestro grupo de amistades existió una Caro. Se la bañaron. ¡Cómo acostumbra la gente bañarse de ilusiones! Por mi parte, hice lo que tenía que hacer: no dejar la obra morir, producir a Heavy Nopal, hacer tocadas, ruido y escándalo, dándole vida a espacios, homenajes de toda la noche cuando sólo un selecto grupo de verdaderos fans y rupestres íbamos a los homenajes en el Bruselas 8, las tocadas en Culhuacán, etcétera. Escribiendo en Conecte, etc., mantener la obra movidita del 86 al 93, tiempo en que se pudo haber perdido el recuerdo. Ahora brincó el generation gap. Se cerró el círculo y, como dice John Lennon, me siento a ver el círculo girar: Watching the wheels go round. De veras, por mucho que quiero a mi amigo Ponce, esto es un verdadero churro, pero mejores son los que se venden en el Élite, donde nació la rola de “Los intelectuales».
XIX.– Roberto González, Jaime López y Emilia Almazán. Sesiones con Emilia (Discos Fotón, 1980)
Algo debieron intuir Roberto y Jaime cuando trataron de frenar a Rockdrigo en el Foro Tlalpan de Sergio García. Este, que volvió a abordar el problema en uno de sus últimos documentales (El cantar de los cantores), lo planteaba en los siguientes términos hacia 2006: “[Después de la fiesta de 1979] lo empecé a tratar más y supe que hacía canciones y andaba buscando dónde cantar. Entonces yo tuve el Foro Tlalpan, que se planeó desde principios de los ochenta, y ya cuando lo abrimos llamé a Rodrigo. Ahí ya estaban cantando Jaime López y Maru Enríquez y ellos jalaron a mucha gente: a Eblen Macari, a Roberto González, a José Cruz, a Cecilia Toussaint. Y entonces invité a Rodrigo. Pero él le tenía como cierto, no sé si temor o respeto a Jaime. Así como que sentía que Jaime ya era Jaime López y él no era todavía tan conocido. Y Jaime también es gandallón y hacía sentir su poder sobre Rodrigo. Entonces lo trataron mal. Yo lo recomendé y pues le dieron chance porque el Foro Tlalpan era mío, pero no lo aceptó muy bien la comunidad de Jaime, Roberto, etcétera. Después se hicieron muy amigos. Roberto González hasta una rola le hizo, pero al principio como que fueron recelosos, re-celosos. Sobre todo porque la única vez que le dieron chance a Rodrigo de tocar ahí, que ellos le abrieron el espacio, pues Rodrigo hizo reír a todos los que estaban ahí, al personal… Pegó más. Fue más fuerte la presencia de Rodrigo que el show que tenían ellos cada viernes. Entonces como que ¡menos todavía! Entonces Jaime me dijo: “¿Por qué no le das un día? ¿Por qué no le das los sábados o le das los domingos?”. […] A lo mejor como los dos son de Tamaulipas, uno de Matamoros y el otro de Tampico… No sé… Pero claro, Jaime ya había grabado aquí el disco ese con Roberto y con Emilia, el de Sesiones con Emilia. Era más conocido. Ya era Jaime López. Rockdrigo estuvo en el Foro Tlalpan dos veces nada más. No quiso entrarle por eso del ambiente. Después ya me enteré que estaba en el Wendy’s y le abría a Javier Bátiz”. “Lo rupestre es lo que necesitamos para nuestro movimiento”, dijo un día Alain Derbez y Rockdrigo redactó un manifiesto. Jaime López cuenta que él dijo “¡Zafo!”, aunque sí se presentó con el grupo en el Segundo Festival Rupestre en noviembre de 1985. A propósito de este tipo de confrontaciones entre los músicos, mientas Roberto Ponce sigue enojado con Rockdrigo porque este se sentía el dueño del balón rupestre y deduce que le dedicó su canción más agresiva tras una pelea, Rafael Catana explica: “Pienso que esto tiene que ver con el ego de la generación de Rockdrigo. Gente con una gran megalomanía en un mundo donde deberíamos hacer más música. Aunque por otro lado es un empoderamiento necesario para conservarte vivo en un mundo de hijos de la chingada. Rockdrigo era un hijo de la chingada. Todo mundo lo mitifica, pero era un hijo de la chingada en el estricto sentido de la palabra, porque le tocó venir de los setenta, donde en el ambiente del rock te tenías que cuidar la espalda. Afortunadamente, esta generación del Movimiento Rupestre la hicimos para no tener que cuidarnos la espalda del otro músico. Rockdrigo sí se cuidaba la espalda y agandallaba a otros músicos, porque era su lógica de vida y tenía cierta negatividad en ese sentido. Eso no le quita lo gran artista, por supuesto» (Rupestre. El libro, 2013). Pese a la recuperación de la memoria del grupo cultural en años recientes, aún está pendiente la publicación de grabaciones como el imponderable “Blues del difunto” (A. Derbez), con González en la voz principal y López y Derbez en los acompañamientos. Registrada en el Teatro Helénico por el visionario José Xavier Návar (Catana: 2019) en un tiempo en que muy pocos percibieron la trascendencia del colectivo. A continuación se transcribe la letra de la canción desde un sample de 1:30 que el productor dio a conocer en agosto de 2013 con la intención de remasterizar y editar su acervo de rock rupestre:
RODRIGO:
Da un volantazo a la derecha
JAIME:
Durup Dadup
RODRIGO:
Extremo peligro hacerlo en ese carril
JAIME:
Prum Prup Duru
ROCKDRIGO:
Una vez, oh nostalgia, de la vieja y gran ciudad
Ese carril fue de alta, de alta velocidad
JAIME:
Bu Du Bluuuu
RODRIGO:
Da un volantazo a la derecha
JAIME:
Uuuuuuuh uh uuuh
ROCKDRIGO:
Porque la chava que va con él
Acaba de soltarle sin más
Sin más y sin aviso
Un rollo que le enchinó la piel
ALAIN (CON VOZ AGUDA):
¡Lo que pasa contigo es que estás enojado!
¡Y no porque me case, sino porque no es contigo que me caso!
XX.- Paris, Texas (O.M.P.S.) (Warner Bros. Records, 1985)
Soundtrack de una de las películas más hermosas del lírico Wim Wenders, referida por el historiador, cantautor rupestre y jazzista Alain Derbez en su libro del 2001 Los 60 cumplen 30. Contiene joyas como “Houston in Two Seconds” y una versión de la “Canción mixteca” en voz del actor Harry Dean Stanton. Rodrigo González fue amigo de este y otros productores de La Estación Cultural de México, como María Guzmán, Emilio Ebergeny, Rodrigo de Oyarzábal y Enrique Velasco. La también tampiqueña y de destino igualmente trágico lo recomendó en Radio Mexiquense, donde por una falla técnica el programa no pudo transmitirse en vivo y debió grabarse. Ebergenyi dio voz al “Manifiesto rupestre” en Flores de asfalto. Rodrigo de Oyarzábal le grabó varios temas en el estudio de Radio Educación y lo convertiría en un habitual de la programación de esa estación, mientras que Velasco y Derbez lo tuvieron varias veces en la serie La noche de un día difícil, de la que existe el registro superochero del Three Souls in My Mind. La mayoría de estos radioastas estuvieron al aire cuando, luego de los sismos, Radio Educación se convirtió en una estación de servicio público. En una serie conducida por María Guzmán y producida por Oyarzábal desfilaron prácticamente todos los amigos de Rockdrigo, muchos de los cuales se involucraron en el rescate de su música por medio de la malograda asociación civil Rancho Electrónico. En el libro mencionado, Alain expresa su molestia ante las diversas injusticias suscitadas tras la partida del autor de “No tengo tiempo”: “A su muerte, el 19 de septiembre de 1985, Rodrigo González hizo que varios oportunistas se menearan. Estos, olvidables, no lograron con sus atolondrantes jeremiqueos que lo hecho por él se hiciera a un lado. A González le gustaban el huapango, Ry Cooder, Leonard Cohen y Bob Dylan y en las fiestas cantaba en español varias de los Creedence. Con Jaime López y Marcela Campos organizamos en la Ollin Yoliztli y el Museo del Chopo aquellas primeras Jornadas de la Creación Rupestre (participaron, entre otros, Henry West, Cecilia Toussaint, Eblen Macari, Lora con Briseño, Rafael Catana y Rockdrigo, quien continuó la idea al año siguiente al organizar el Segundo Festival Rupestre). Unos meses después de muerto Rodrigo González, compré en el Tianguis del Chopo un acetato usado y rayado de Ry Cooder. Se ve que el tamaulipeco lo escuchó y escuchó y que algún gandalla de los que luego lucraron con su muerte dijo: ‘Esta chingadera ya está vieja’ y fue y le sacó una lana y acabó en la reventa y yo llegué en el momento y al puesto exacto y pude hacerme por unos pesos de un disco de Ry Cooder que decía PROPIEDAD DE RODRIGO GONZÁLEZ y de los recuerdos de las varias conversaciones que sobre él tuvimos el autor de ‘Canicas’ y quien esto pergeña. ‘¿Tienes alguna influencia de Ry Cooder?’, le pregunté en una de las noches, cuando él iba a acompañarme al programa de radio y estábamos oyendo tal vez Paris, Texas, la pista sonora de la película de Wenders hecha por Ryland Peter Cooder. Acabamos hablando, desde luego, de Nastassja Kinski y el amor compartido alguna vez”.