De cómo La Barranca se convirtió en fragor

Hace cuatro años, en el Teatro Esperanza Iris de Ciudad de México, La Barranca subió al escenario acompañada por la Banda Sinfónica Municipal de Aguascalientes (BSMA), para presentar Fragor, concierto en el cual arroparon las canciones de José Manuel Aguilera con un formato diferente. Ahora, ese proyecto finalmente llega al CD gracias al Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura (IMAC) y al trabajo de Alex Zúñiga, quien fuera su director hasta enero pasado; el Coordinador de Promoción y Difusión Cultural Abraham Velasco (entonces jefe del Departamento de la BSMA); el director de la misma, Ismael Rodríguez y los arreglos de Carlos y Fernando Calvillo, José Octavio y el ya mencionado Zúñiga. Además de La Barranca (Abraham Méndez, batería; Yann Zaragoza, piano; Ernick Romero, bajo, contrabajo; Adolfo Romero, guitarra eléctrica y José Manuel Aguilera, guitarra, loops y voz), la grabación contó con las colaboraciones de Cecilia Toussaint (voz), Alex Zúñiga (acordeón) y Carlos Javier Vaujín (percusión).

Fragor es un disco distinto en la discografía de la agrupación, una placa diferente a lo que acostumbra producirse en el mainstream del rock de este país; un álbum desafiante al escucha, toda una experiencia en concebirlo, producirlo y ahora escucharlo y de la cual nos habla José Manuel Aguilera en la siguiente entrevista.

Dada la amplitud del cancionero de La Barranca, ¿cómo elegiste las canciones a incluir en Fragor?
No las escogimos por qué tan populares fueran o qué tanto nos gustaran. En la música de La Barranca hay elementos que remiten a la música mexicana, algunos ritmos, arreglos. Esa fue la guía, imaginarnos cuáles canciones podrían funcionar con esta sonoridad. “Animal en extinción” era una elección obvia, porque tiene esa entrada como de clarinetes en la versión original y luego un ritmo de son; esas fueron las cosas que tomamos en cuenta. No en todas, porque conforme fuimos avanzando nos dimos cuenta de otras posibilidades del proyecto.
Hubo algunas canciones que incluimos por razones sentimentales, como “La resistencia”, que tiene mucho que ver con la ciudad de Aguascalientes, al grado que se podría decir, metafóricamente, que Fragor es consecuencia de esa canción: señala mi relación con la comunidad de músicos de Aguascalientes.

Cuando hablas de elegimos, ¿quiénes son las otras personas que participaron?
Las canciones las elegí yo, pero todo el tiempo estuve trabajando muy de cerca con uno de los arreglistas y que de hecho es el iniciador del proyecto, Alex Zúñiga, y también con Abraham Velasco, encargado de la BSMA.

Fotografías: Fernando Aceves
Cortesía del sitio oficial de La Barranca

Una vez hecha la selección, ¿cómo decidiste hacer la guitarra a un lado? Solamente hay cuatro temas en los cuales aparece.
Cuando me plantearon la posibilidad de llevar a cabo esto, lo primero fue imaginarme cualquier cosa: podría ser una aberración, una cosa completamente kitsch. Al principio me moví con mucho cuidado. Lo primero es que debíamos hacer una prueba para ver hacia dónde podíamos caminar, porque ellos me plantearon primero que si yo conocía arreglistas o que los hiciera yo mismo; sin embargo, ya tenía la experiencia de trasladar mi música a otros “idiomas” que no había funcionado. En un proyecto como este lo importante es conocer el lenguaje, los colores, los timbres y poderles dar una dimensión 3D; entonces teníamos que encontrar a un arreglista que conociera el formato de la banda y recurrimos a dos músicos de la BSMA, los hermanos Carlos y Fernando Calvillo. El primer arreglo que mandaron era un demo y allí me di cuenta de que sí podíamos llegar a algún lugar. Era tal la sonoridad de la banda que realmente no se necesitaba nada más. Desde un principio dijimos que no se trataba de hacer lo que ya han hecho con otros proyectos sinfónicos, lo que me interesaba era que la banda se apropiara de las canciones y nosotros entrar un poco como sus invitados. No fue tanto abandonar la guitarra; desde mi punto de vista, en las piezas en donde no está no se necesita.

Una de las cosas que te gusta es viajar, buscar lugares vírgenes, poco conocidos y algo que me llamó la atención de Fragor es que los arreglos remiten a distintos lugares de la geografía del país, ¿fue intencional o se dio de manera orgánica?
Es totalmente intencional. La BSMA funciona cada semana y tienen un repertorio muy amplio, desde cosas clásicas hasta populares, dominan muchos lenguajes. Nunca habían hecho algo con rock específicamente, pero me di cuenta que tenían cosas que sonaban desde oaxaqueñas o como tambora, hasta cosas más orquestales; sí fue intencional buscar para cada canción el lenguaje que le quedaba mejor. Me preocupaba que fuese un disco que acabase siendo muy uniforme y una manera de romper eso fue meter un poco las guitarras eléctricas, pero también que en los géneros que se aplicaban a cada canción hubiera variedad.

“La resistencia” parece un vals oaxaqueño, “La tempestad” tiene un aire a son veracruzano, “Por donde pasa” me remite a una feria de pueblo, a esas casas de los freaks donde habita la mujer barbuda y “Don Julio” que ya en su esencia trae algo de banda, aquí se ha magnificado. De estos arreglos, ¿hay alguno que te haya dejado más satisfecho?
Sí, quizás ahora a la distancia es más claro, porque hay que decir que llevamos con este proyecto cuatro años, obviamente no trabajando diario, pero es algo que venimos acariciando desde 2016, cuando se hicieron las presentaciones en Aguascalientes y Ciudad de México. Allí fue cuando dijimos hay que hacer un disco y entramos en un proceso largo de conceptualización, de cómo sería ese álbum. Pasé por muchas etapas y ahora que mencionas que esto es como un recorrido por la geografía del país, para mí también fue una aventura musical increíble que espero se haya reflejado allí, esa emoción de descubrimiento que iba sintiendo; por lo mismo, pasé por muchas etapas en las que me conmovían mucho las cosas que iban pasando. La primera vez, al llegar a Aguascalientes a ensayar con la banda, el director Ismael Rodríguez me preguntó con cuál canción empezar y le dije que con la que estaban ensayando, que era “La fuga de Rubén”. Entonces dio la cuenta, empezó a entrar la música y te juro que la piel se me enchinó al escuchar, al estar en el centro de esa gran fuerza que produce la banda sinfónica y que puede alcanzar niveles más potentes que los de un grupo de rock; de allí salió el nombre de Fragor, porque el estruendo que hacen estos cabrones es fragoroso. Ahora, a la distancia, la verdad es que todas me gustan, hay unas más arriesgadas que otras, pero creo que la canción que alcanzó la mística medio de pueblo que ya proponía la original es “San Miguel” y ahora suena como una onda de la Guelaguetza y tiene esta cuestión ritual con la religiosidad de los pueblos, pero tampoco la separo mucho de las otras.

¿Cómo fue la evolución de ese concierto del 2016 al arribo al álbum? Supongo que también fue la oportunidad para descartar algunos temas, aunque me da la impresión de que dura poco.
Lo primero fue definir hacer el disco. Una vez convencidos de esto, llegamos a la conclusión de que había que tratarlo como un disco de rock, que tuviera ese sonido controlado en la mezcla y tratado con ese respeto con el que yo quiero tratar a los discos. La solución para eso era grabar cada instrumento por separado, por secciones. Fue un proceso muy largo y en el curso del mismo algunas canciones me gustaron más que otras. Una de ellas (“Caravana”) incluso ya está terminada y la utilizaremos después; también quería hacer un disco que fuera ágil. Yo que me la paso haciendo discos, me he dado cuenta de que la duración de éstos es algo importante y también tiene que ver con el formato. Durante la época de oro del álbum, el formato rey fue el vinil, con una duración aproximada de 40 minutos, creo que la atención que un ser humano le puede prestar a la música de continuo no está más allá de la duración de un vinil y por eso está padre que te tengas que parar y darle la vuelta. Ahora quiero llevar todas las producciones posibles a ese formato y desde que comienzo a hacer las cosas ya pienso en eso.

Considerando que lo pensaste para cubrir un vinil, tal vez no sea corto; pero hace poco mencionaste que buscabas evitar esta “sinfonización” tan de moda hoy día. Haber hecho Fragor implica riesgos. Quienes gustan de La Barranca lo van a disfrutar y tal vez ellos coincidirán conmigo en su brevedad, porque estás dando una nueva lectura a tu propia música y porque eso es lo que uno espera de los músicos con experiencia, seguir avanzando y no refritearse ad nauseum.
La verdad es que eso no me hubiera interesado. Lo rico de esto para mí, y hablo también por los implicados en ello, es que sí representó un reto y una aventura y lo que en teoría debería ser cada proyecto, algo que te emocione, que digas que nunca lo habías pensado de esa manera. Trato de reconectarme siempre con esa emoción primigenia de cuando entré por primera vez al estudio y me sentí parte de una aventura. Fragor representa esto para mí, como autor y como músico, y me interesa que esta emoción se comparta con el público. Hay riesgo sí y no faltará quien diga que la versión original está mejor, aunque en la música no se trata de competir, para eso están las Olimpiadas. La música es cuestión de gustos y de empatía, es una cosa de estética. Y seguramente habrá quien diga que esto ya no es rock. No y sí. Sonoramente no es rock; por supuesto, es una banda sinfónica, pero acaba siendo un disco de rock por el espíritu con el que se hizo, por cómo se produjo y porque finalmente las canciones, la materia prima de la que está hecho este disco son canciones de rock.

Nocturno, la placa de remixes de La Barranca de Noorbac, también ha empezado a circular en formato de CD.
Nunca lo planeamos así. Son proyectos con dinámicas, propuestas y presupuestos muy diferentes, sobre todo sonoridades diferentes, pero acabaron coincidiendo en el tiempo y ambas son miradas retrospectivas a la música de la Barranca desde ángulos opuestos. Pero es curioso, porque no coinciden las canciones, no están repetidas, por lo que acabó siendo más panorámico el asunto.

Alguna vez mencionaste que te gustaría era usar una orquesta sinfónica.
La única diferencia entre la orquesta sinfónica y la banda sinfónica es que la primera tiene cuerdas (violines, cellos, violas). Chécate el final de “Animal en extinción”, tiene un arreglo de clarinetes padrísimo.

¿Te gustaría poner cuerdas a las canciones de La Barranca?
No, por el momento ese sueño ya se cumplió con creces, la realidad es la que decide más. Alguna vez te platiqué que me gustaría hacerlo con cuerdas y acabó siendo con alientos.

Si pudieras hacer una rápida guía de las canciones, de algunos detalles de las mismas, como este que mencionas de “Animal en Extinción”, ¿qué les recomendarías a tus seguidores?
De “Animal en extinción” ya mencionamos el final. “San Miguel” me parece la rola más lograda, está muy alejada de la versión original y aquí se muestra esa faceta mística del significado de este tipo de ensambles en diferentes regiones del país y a mí me encanta el matrimonio que acabó siendo con esta letra que invoca la figura del San Miguel y cómo se logró el match con la música que tiene un aire cercano a la Guelaguetza. En “El alacrán”, me gusta el arreglo muy minimalista y cómo se suman paulatinamente los instrumentos con este curso que ideamos y que se aleja mucho de la original; en esta canción se puede ver muy gráficamente cómo van sumándose los elementos de la orquesta. También resaltaría los coros de Cecilia y bueno, si se vale decir, creo que allí el solo de guitarra quedó padre. “En cada movimiento” es una pieza muy interesante, porque en la versión original ya venía con un arreglo de metales, aunque con una dotación más pequeña, y aquí es interesante ver cómo creció, cómo se hizo más panorámica, primero por la dotación de metales y aunque prescindimos de una especie de arpegio de kalimba que iba llevando toda la canción, de todos modos mantiene su esencia. En “La resistencia” hicimos una cosa muy interesante: en el coro cambiamos el tempo a 6/8 que es como un vals, como tú lo dijiste, y esto me obligó a cambiar un poco la melodía, el fraseo y encontrarle esta posibilidad nueva de cantarla. “La tempestad” acaba siendo una especie de paso doble, una mezcla entre bolero y paso doble; creo que respeta mucho a la original, pero también la hace más panorámica. “Dentro de un siglo” es una de las que siempre me imaginé con una orquesta y de hecho también el arreglo original lo planteaba y se hizo con una sección pequeña de cuerdas, también era una candidata natural para Fragor y obviamente aquí creció mucho. Esta canción tenía una parte en medio que era como una improvisación y ahora pasa una cosa loquísima entre el bajo y la batería que entran en una métrica que no es la misma que están proponiendo los metales, entonces esa parte de en medio es la más pacheca del disco, ja ja. “Don Julio” es muy parecida, se conserva, pero aquí suena más como debió sonar siempre; están muy padres los solos de trompeta y saxofón, mantiene la energía original. “Por donde pasas” es otra que remite a la banda de pueblo, a las ferias y esta la escogí por la rítmica y porque cuando la hicimos la imaginé más orquestal de lo que se logró, porque en su momento no estábamos buscando eso, pero pensé que era una buena candidata y de hecho es la que usábamos para abrir los conciertos de Fragor, los pasajes de la orquesta tienen algo de cinematográfico. Finalmente llegamos a “La fuga de Rubén” que es la canción más emotiva, porque fue mi encuentro total con el sonido de la BSMA, sin mucha preparación y también aquí hay este tratamiento similar a “El alacrán” en cuanto a cómo se va vistiendo la canción. Son pasajes muy largos, en los que al principio casi no hay percusión y después aterriza en el son.

Ha sido un largo camino, los fans van a tener rato para degustarlo, pero dado que ha pasado mucho tiempo, también se preguntarán si ya preparas algo para el 2021-22.
Con esta situación que vivimos del aislamiento ha sido un año difícil, ha habido muchas muertes y algunas muy cercanas. Habíamos empezado a trabajar porque teníamos la idea de hacer un EP, incluso ya habíamos hecho una sesión y justo llegó la pandemia. La verdad es que me volqué como maniático a hacer rolas y de pronto me di cuenta de que ya tenemos lo suficiente para hacer un álbum y empezamos a intercambiar ideas y hace tres semanas comenzamos a trabajar formalmente en un nuevo disco. Lo de Fragor se tardó mucho, lo de Nocturno un poco menos porque más bien es un disco de Yann, pero éste no queremos que se tarde tanto y la verdad es que ya tenemos canciones que queremos compartir pronto.

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Publicado en: Disco de la semana