Producido por Daniel Goldaracena (líder de aquella mítica banda de rock experimental Los Nena, la cual se nos presentara como una magdalena de Proust al introducir en nuestras orejuelillas una inconfundible voz de la infancia televisada: la de Abel Membrillo (Otro rollo y algunos comerciales de la Selección Mexicana de futbol) y quien también colaboraría con Comando Groovy), nos topamos con esta piedrita nívea encubierta en el fango fosco de los ríos de la suciedad dominante; una flor de liz en la selva amazónica de la abulia: el EP Nieuw-West de los Wisedog.
El disco te lo consumes en un santiamén. Es filoso y radiante como un cuchillo recién abrillantado y vuelto a abrillantar. Es picudo y dulce a la vez, colma el estrés de los días adustos y es como un río hediondo donde dos aguas se juntan para atraer cabezas encomendadas a la corriente espesa del afluente, marea abajo; todo eso y más. Es una niña de ocho años sentada en el amplificador Marshall de Lemmy Kilmister, con todas las ondas bestiales de la frecuencia sónica, una mezcla de ternura y malicia.
“Wisedog son unos músicos loquitos de Rosarito, Baja California y me buscaron para que yo les produjera un disco, porque teníamos estilos similares”, cuenta entre embuste y mito Joe Volume, el espíritu no-músico del no-punk. “Les dije que mejor fuéramos a Ámsterdam, Holanda, a que los grabara Daniel “El chico Golden”, porque yo no sé mucho de grabar experimental y noise, y pues que ahorran plata y se van a pura pata de perro; yo ya estaba allá, grabaron dieciséis cancionzotas en dos días y ¡pum! se regresaron al norte. Con quien tengo contacto es con la novia de uno de ellos que es como su manager y con ella llevo lo de los viniles, pero ellos son muy clavados de no hacer nada salvo música. Su concepto es muy residente, de ser una banda anti-banda, o sea, no tienen miembros constantes; a veces se suben dos integrantes a hacer ruido, a veces se suben seis y sigue siendo Wisedog. Es un concepto interesante. Estaban planeando una gira por los Estados Unidos, pero con esto del COVID-19 se les vino abajo y tengo entendido que en agosto tocan en Ciudad de México. Se quieren mudar para allá”.

Fotografía: Cortesía Wisedog
Las guitarras en “Angry Man”, el track número cuatro, las grabó Marc Ribot, aquél de Los Cubanos Postizos y quien fuera la guitarra meridional de Tom Waits, alias Dios: “Le mandamos los pistas y le gustó mucho, entonces se la aventó y en un día la mandó perfecta, no les cobró ni un peso. Igual tratamos de hacer lo mismo con Mike Patton, pero andaba grabando; aún así, fue muy buena onda. Le gustó mucho el proyecto”.
Dicho lo anterior, no es de extrañar que estos músicos no quieran dar la cara y ni siquiera sus nombres ni dar entrevistas ni nada más que hacer lo que mejor saben urdir: tocar música. Traen un concepto hermético a lo The Residents, de que la fama arruina a la música y la música arruina a la fama, en loop.
Todo en Wisedog es de espaldas, al público y a ellos mismos. Si allanas tus narices en Google, no vas a encontrar absolutamente nada de información, sólo hay un Bandcamp, y es sumamente misterioso: wisedog.bandcamp.com
Es así. Nieuw-West es uno de esos discos inusuales, sin rostro, pero con mucha promesa. Oscurito, oscurito, como para parársela al mismísimo Asmodeo y ponerlo a bailar con camisita tahitiana al compás del twist de Ribot. Y sí, vaya que suena a ese Marc Ribot que ponía a rechinar las caderas del Tom Waits más bailaor; y sí, suena a un post-punk inhóspito aún no sacramentado por Ian Curtis y Joy Division; y sí, suena a un rock no ensayado en México; y sí, no le va a gustar a tu bisabuela, pero pondrá loca a tu pareja en turno.
Uno de esos discos para escucharse mientras haces el amor y dejarlo reposar luego del acto; para volverlo a auscultar después con más firmeza, cuando las ganas vuelvan y pidan aun más, más amor y más pasión: guitarras eléctricas entradas en calor sobre cuerpos sudorosos que no encuentran más que la calma, más que la cama, el cigarrillo y el amplificador Marshall a la velocidad de la luz.