A lo largo de la historia humana, la música ha sido parte fundamental de elementos identitarios, reivindicativos y unitarios. Unos a otros no se pueden explicar separados. Guardan relaciones inseparables. De la misma manera como se nos presenta algo que excede todas nuestras capacidades, la música se expresa y permanece como un enigma que no quiere ser descifrado. Sólo contemplado.

Uno de los músicos y activistas más importantes del siglo pasado es Fela Kuti. Nacido el 15 de octubre de 1938, en Abeokuta, Nigeria, aprendió a tocar distintos instrumentos musicales, entre ellos saxofón, teclados, trompeta, flauta, guitarra y diversas percusiones. La influencia familiar fue permanente durante toda su trayectoria. Su madre fue militante feminista y anticolonialista. Su padre, el reverendo Israel Oludoton Ransome-Kuti, fue el primer presidente de la Unión de Maestros Nigerianos, además de un buen pianista.

Estatua de Fela Kuti en Ikeja, Lagos.
Fotografía de Mark Amone bajo licencia de Creative Commons.

En la música de Fela Kuti se dejan ver referencias a personajes importantes de la historia, personajes tangibles y concretos que se pueden tocar, escuchar, incluso leer en sus escritos y pensamientos políticos.

Para valorar o tener un acercamiento más profundo a la creatividad y las problemáticas centrales del contenido de sus letras es necesario resaltar los casos y sucesos que le dieron origen.

En 1969, Fela viajó a los Estados Unidos. Ahí conoció al movimiento Black Power (Poder negro) y al Partido de las Panteras Negras. Esta influencia fue parte fundamental de su música e igual de importante para el desarrollo de su visión política. Debido a su activismo, la oficina de inmigración estadounidense lo deportó al poco tiempo.

En 1970, viajó a Londres para estudiar leyes. Sin embargo, cambió de carrera. Se inscribió en la Trinity School of Music, donde aprendió a tocar el sax. Ahí descubrió géneros como el jazz, el bebop, la salsa y otros ritmos afrocubanos, a los que tiempo después fusionaría hasta lograr su particular estilo.

Lo extenso de sus composiciones es una especie de tour de force, cuyo objetivo es afrontar la distancia que existe entre la finitud de la humanidad y sus anhelos ilimitados. Es por eso que el enigma de sus letras se volverá una pregunta que no dejará de asaltar a los individuos interesados en ellas. La mayoría de sus piezas rebasan los diez minutos y algunas incluso duran más de media hora. Éstas tienen la particularidad de provocar un sentimiento psicológico parecido a un agradable trance. Sobre todo porque Fela Kuti canta mezclando lenguas, como el inglés, el nigeriano y el yoruba. Además, hace una interpretación nigeriana del inglés llamado pidgin english (o inglés macarrónico). Mediante esta interesante mezcla, logró resaltar la importancia de lo panafricano.

De esta forma nació el afro-beat, una mezcla entre funk, salsa, jazz, highlife y yoruba.

En 1977 lanzó Zombie, uno de sus discos más reconocidos, donde acusa a los militares de comportarse como zombies, cuerpos sin voluntad que sólo siguen órdenes de quien desconocen. Antes había editado otros como Fela’s London Scene (1971), Shakara (1972), Gentleman (1973) y Expensive Shit (1975) y más tarde vendrían álbumes como Shuffering and Shmiling (1977), Music of Many Colours (1980), Beasts of No Nation (1989) y Underground System (1992), entre varios más.

Fela Kuti fue más que una simple estrella del pop. Al igual que Bob Marley en Jamaica, era la voz de los desposeídos de Nigeria, un rebelde cultural. Esto fue algo que la junta militar de Nigeria trató de cortar de raíz y casi desde el momento en que regresó a Nigeria hasta su muerte, fue perseguido, encarcelado, acosado y casi asesinado por un gobierno decidido a silenciarlo. El puntal del afro-beat falleció el 2 de agosto de 1997. Las causas aún permanecen sin ser aclaradas.