• Lee Morgan: asesinado mientras tocaba su última nota


    A los catorce años de edad, Lee Morgan (1938-1972) recibió un regalo. Se trataba de una trompeta. Su escasa biografía impide saber quién le obsequió aquél instrumento musical. Algunos datos refieren que fue su padre. Otros, que lo hizo su hermana. El asunto es que ambos, músico e instrumento, a partir de ese momento sólo podrían separarse por la muerte.

  • Kenny Dorham, la vocación por el jazz sin grandes anécdotas


    Es un error frecuente pensar que los músicos de jazz están llenos de anécdotas de vida extravagantes. Una suerte de relación entre lo ideológico y la acción performática entre ellos. Pero hay otros casos que podríamos considerar como una distancia irónica o de absoluta sobriedad en cuando a experiencias de vida fuera de los escenarios.

  • El afro-beat identitario de Fela Kuti


    En la música de Fela Kuti se dejan ver referencias a personajes importantes de la historia, personajes tangibles y concretos que se pueden tocar, escuchar, incluso leer en sus escritos y pensamientos políticos. Para valorar o tener un acercamiento más profundo a la creatividad y las problemáticas centrales del contenido de sus letras es necesario resaltar los casos y sucesos que le dieron origen.

  • Art Blakey: la mejor escuela de jazz


    A mediados del siglo pasado, el jazz tenía que evolucionar. No podía pasar demasiado tiempo estancado. La radio y las recientes técnicas de grabación iban a aportar mayores ingredientes para su difusión masiva. Por parte de los músicos, fue necesaria la creatividad y potencia musical de uno de ellos: Art Blakey.

  • Clifford Brown, genio olvidado del jazz


    Brown nació en Wilmington, Delaware, el 30 de octubre de 1930. De niño tocó el bugle. Después, a los doce años, comenzó a recibir clases de trompeta. Así que antes de cumplir los veinte ya había decidido que lo suyo iba a estar en dedicarse a tocar y componer jazz.

  • Lo inabarcable y controvertido del jazz


    ¿Por qué es tan extenso el jazz? Esta cuestión se debe, sobre todo, a su vastedad de intérpretes; nos rebasa esa amplitud. Pero también por las posibilidades musicales que brinda. Nietzsche, en El crepúsculo de los ídolos, afirma que la vida sin música sería un error.