Cuando Wilfrido Terrazas (Camargo, 1974) sube a cualquier escenario se deja llevar por la espontaneidad y la improvisación, pues él cree que “la improvisación es una característica fundamental de la vida” y la música para él es vida. 

El primer contacto que tuvo con una flauta dulce fue a los doce años, por medio de la clase de música, y desde entonces quedó atrapado por el suave sonido que emana del instrumento.

Conforme pasaron los meses en su época de adolescente y ya integrante de la orquesta escolar, Terrazas tocaba la marimba chiapaneca y poco a poco quedó “embrujado” por los sonidos nuevos, pero fue la flauta transversa que tocaban sus compañeros la que lo cautivó por completo. 

No se animó sino hasta 1990, a la edad de quince, a tocar por vez primera una, pues un compañero se la prestó, lo que provocó el inicio de un viaje por este mundo de acordes, así como la búsqueda de una propia flauta, la cual encontró en “Los Globos”, el reconocido mercado de pulgas del puerto de Ensenada.

Ya con el instrumento, comenzó a estudiar en el Centro de Estudios Musicales de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y a los pocos meses se fundó la Orquesta de Baja California, suceso que no solamente amplió el progreso de Wilfrido, sino de muchos jóvenes gustosos por aprender.

Con 22 años y aún con una intensa hambre por nutrirse de la música, Wilfrido se estableció en Morelia, ahí estudió en el Conservatorio de las Rosas (1996-2000), para después dedicar dos años más de estudio en San Diego, California.

“Improvisar no es ser irresponsable”

Wilfrido es conocido actualmente como uno de los compositores y flautistas más destacados que ha dado México, con pasaporte para todo el mundo. Al estar con él o presenciar uno de sus conciertos, se puede conocer que la espontaneidad y la improvisación lo acompañan en cada momento, son dos cartuchos que emplea en su música, la cual transmite con libertad y pasión.

La forma en que Wilfrido percibe y desarrolla la improvisación es peculiar. Considera que “improvisar no es ser irresponsable, es hacer las funciones bien, pero en tiempo real, con poca o nula planeación”.

Terrazas se basa en el concepto del músico británico Derek Bailey, quien propuso dos términos “improvisación idiomática” e “improvisación no idiomática”.

“Cuando la improvisación musical está inserta en un marco de referencia específico, digamos, como dentro del jazz, es el propio marco el que te da las herramientas para improvisar. A este hecho el gran improvisador británico le llamó improvisación idiomática. Cuando, por el contrario, no existe un marco de referencia así de claro, Bailey sugirió el término improvisación no idiomática. Ese es el tipo es la que yo practico más frecuentemente”, menciona Terrazas.

Comparte también que el improvisador se acerca a la música por medio de un mundo sonoro personal que es un cúmulo de sonidos, gestos, recursos, ideas, así como de instrumentos, habilidades de escucha, reacción y adaptación. Estos mundos sonoros pueden ser cambiantes o fluidos y se pueden nutrir de diversas experiencias.

“Lo que usualmente ocurre es que tu mundo sonoro personal se relaciona o se fusiona de muchas maneras con los mundos sonoros de los demás improvisadores, del público y del entorno sonoro del lugar en donde se esté llevando a cabo la improvisación. Es un intercambio de energía entre los improvisadores y el público; el catalizador más importante, pero es un tanto difícil tratar de explicar eso con palabras, es mucho mejor experimentarlo en vivo, en un concierto”, explica Terrazas.

Música fresca y mágica

Actualmente Wilfrido pertenece a cinco grupos. Su primer y hasta hoy mayor creación musical es La Generación Espontánea, una agrupación que a lo largo de ocho años se ha transformado y que Wilfrido refiere como “un selecto club de gente desparpajada e indómita. Magia, magia pura”.

Si desean escuchar a este grupo, pueden prepararse para una avalancha de sobrios sonidos que se clavan en la conciencia, para hacer despertar la imaginación.

El trío Filera lo conforma con sus queridas colegas Carmina Escobar y Natalia Pérez y lo considera como “el proyecto más fresco e inclasificable al que pertenezco”.

Es un producto impredecible, debido a que no tiene estructura, surge de lo que los intérpretes sienten y desean compartir.

Liminar es un grupo potente, despierta los sentidos gracias a la intensidad que los intérpretes otorgan. En palabras de Terrazas es el “ensamble más aguerrido de la música contemporánea en México”.

El dúo Escudo Torre lo conforma con el artista multimedia Yahir López. “Es un proyecto ruidoso, áspero, pero con mucho corazón”, indica Terrazas.

Y su más reciente grupo es ensenadense, El Wilfrido Terrazas Sea Quintet, integrado por Iván Trujillo (trompeta), Edwin Montes (guitarra), José Solares (sax) y Abraham Lizardo (batería). Con este conjunto, los músicos juegan a la improvisación. Terrazas considera que “es el grupo con el cual propongo mi lado más jazzero, es un taller de renovación personal y de mucho aprendizaje”.

No es de extrañarse que Terrazas en cualquier momento realice algún salto hacia otros rincones del mundo, pues su esencia es libre y espontánea. Invito a seguirlo.

Estefanía Ibañez
Periodista ensenadense. Escribe de música desde 2012.