Let’s Talk About Love: Why Other People Have Such Bad Taste (“Hablemos acerca del amor: por qué otras personas tienen tan mal gusto”) es el nombre original en inglés de este libro, pero la editorial catalana Blackie Books decidió renombrarlo, de manera sencilla y contundente (aunque no sé si certera), Música de mierda. Su autor es el crítico y escritor canadiense Carl Wilson y la edición es muy elegante y digna, con las páginas de buen papel en forma de cuadernillos cosidos con hilo y pasta dura y tornasolada.

¿De qué trata el libro? Estamos ante una larga, inteligente, documentada y divertida reflexión acerca de nuestra intolerancia, nuestro clasismo y nuestros prejuicios frente a los “malos” gustos musicales de las mayorías y para ejemplificarlo, Wilson toma como objeto de estudio a una cantante cuyas canciones siempre aborreció: su paisana, la inefable y muy popular Céline Dion.

Contra lo que pudiera pensarse, no estamos ante un texto dedicado a destrozar a la intérprete de canciones tan cursis y azucaradas como “All By Myself” o “My Heart Will Go On”. Eso hubiera sido muy sencillo. Por el contrario, el autor se pregunta por qué no le gusta la música de Dion y realiza un amplio y profundo ejercicio en el que analiza y reflexiona sobre sus propios prejuicios al respecto.

Wilson se cuestiona a sí mismo como crítico de música y se pregunta por qué él y muchos de sus colegas que presumen de cultos y exquisitos desprecian (¿despreciamos?) no sólo a Céline Dion sino a la música pop en general. Para ello, se mete de lleno en la vida y obra de la intérprete y de sus seguidores, en una aventura que resulta tan jocosa como interesante y cuyas conclusiones al final resultan sorprendentes (no las revelaré para no fungir como spoiler del volumen).

Con estupendo prólogo del gran novelista inglés Nick Hornby y un quizás innecesario epílogo del músico español Manolo Martínez, Música de mierda es un libro que todos deberíamos leer, sobre todo para controvertir nuestros propios prejuicios ante la música que consumen las grandes masas.

¿Que Arjona, el reguetón o la propia Celine Dion son una porquería? Tal vez sí, tal vez no. Pero habría que averiguar y comprobar por qué. Finalmente, le gustan a mucha gente. That is the question.