Remi Álvarez es una sólida presencia en el jazz mexicano. Quien iniciara en el sax alto, para después trocarlo por el tenor, celebra el vigésimo aniversario de la aparición del álbum debut de Cráneo de Jade, grupo integrado, además de él, por Aarón Cruz en el bajo y Toni Gall en la batería. Editado de manera independiente, el disco marcó, junto con otros de sus contemporáneos, un aire de refresco a la escena.

Sin embargo, eso fue sólo el comienzo de lo que ahora es una fructífera trayectoria en la que encontramos trabajo de grupo, en solitario y colaboraciones con músicos como Mark Dresser o Ingebrigt Haker Flaten. Con ese pretexto, sostuvimos una charla con Álvarez en la que habló de su vida en el género de la síncopa.


¿Cómo te acercaste al jazz, a los saxofones, en qué momento dijiste yo quiero tocar eso?
Tendría unos doce o catorce años cuando descubrí el jazz, aunque primero empecé tocando la flauta transversa y el piano complementario; pero quería ser saxofonista, siempre quise serlo.

¿Qué te atrajo del instrumento?
Empecé a escuchar jazz más en serio porque un cuñado mío tenía muchos discos y escuchaba a Charlie Parker, a Eric Dolphy, a Charles Mingus con sus saxofonistas. A Coltrane todavía no tanto, el disco de Om sí me costó trabajo entenderlo, pero Pharoah Sanders, Albert Ayler… Me identificaba el sonido y la garra, ese discurso que tiene el saxofón que puede ser muy lamentoso, que golpea mucho, eso fue lo que me atrajo.

¿Qué edad tenías cuando te pasaste al sax?
La flauta no la dejé radicalmente, la combiné con el saxofón y éste lo agarré a los 22 años.

Un poco tarde…
Me defendía con la flauta y el piano, el sax no lo sabía tocar. Tenía uno, pero no había quién me enseñara; hasta que entré a la Superior de Música, empecé a estudiarlo en serio. Me costó mucho trabajo, pero me ayudaron los conocimientos que ya tenía de flauta y piano. Empecé con el sax alto, de hecho los dos primeros discos de Cráneo de Jade son con el alto.

¿Cráneo de Jade es tu primer grupo?
De forma independiente sí, porque antes tuve toda la escuela del maestro Francisco Téllez en el Cuarteto Mexicano de Jazz, pero como a él nunca le ha gustado grabar discos… Yo fui uno de sus saxofonistas, de los varios que tuvo. Con él mínimo estuve seis años, tocando de martes a domingo en el “Nueva Orleans”.

Perteneces a una generación de músicos que abraza la improvisación y el free jazz, algo poco frecuente hace años.
Aprendí con los discos. Los ponía, tocaba la flauta sobre ellos y trataba de seguir a los músicos; pero cuando llegaba la parte más libre o modal, me sentía muy en mi ambiente. No sabía cosa alguna de Charlie Parker, no sabía de acordes, ni nada de eso cuando empezaba, pero cuando me ponía a improvisar más libre decía: “esto es lo  mío” y eso fue lo que me gustó mucho.

¿Quiénes son los saxofonistas que te han marcado más profundamente?
Hay dos que han marcado la historia del jazz en el saxofón y esos dos  son los que a la fecha han definido mi carrera musical. Uno es Ornette Coleman. Para mí, es lo máximo en composición y en melodía, mis discos tienen mucha influencia de sus grupos y su concepto melódico; el otro es John Coltrane, el de la segunda etapa, la última.

Este 2017 se cumplen 20 años de la aparición del primer disco de Cráneo de Jade. En retrospectiva, ¿qué piensas de él ahora?
Estuvo muy bien, pero la verdad es que llevo años de no escucharlo ni lo quiero hacer. Hay muchas cosas que han cambiado en la forma de tocar de los músicos. Sin embargo, en su  momento estuvo muy bien logrado. Creo que fue un gran esfuerzo, porque antes de grabar ese y luego el segundo, ensayamos mínimo dos años; una vez a la semana nos juntábamos sólo a ensayar, sin pensar en grabar.

¿Cuántos años dura Cráneo de Jade?
Es que cambiamos de baterista; ese fue un punto muy importante, porque con Toni Gall grabamos dos discos, pero después se necesitaba otro tipo de baterista y encontramos a Hernán Hecht. Con él grabamos un tercer álbum y allí el concepto cambió radicalmente, porque cuando entró dejamos de tocar mis composiciones y se convirtió en un grupo de improvisación libre; la música se fue a otra dirección y de repente se creó, al cabo del tiempo, un sonido muy particular entre nosotros tres. Grabamos un disco con Hernán cuando empezó, pero ya no lo hicimos cuando maduró, ya no dejamos un testimonio, aunque sí alcanzamos a grabar el disco de Cráneo de Jade e invitados, un álbum doble con Iraida Noriega, Guillermo Portillo, José Navarro, Francisco Téllez, etcétera.

Cuando Cráneo de Jade dejó de trabajar, tus actividades musicales comenzaron a diversificarse.
Empecé a trabajar con Arturo Báez en el contrabajo y el conocía al baterista Gustavo Nandayapa. Comenzamos a hacer una labor similar a la de Cráneo de Jade; ensayábamos una vez a la semana, compuse nuevos temas, fue cuando decidí que sería el Remi Álvarez Trío.

Paralelamente trabajabas con el FAS Trío.
En la Superior de Música tenía un taller de jazz y en él, desde el principio, estaba David Sánchez y junto con otros músicos formamos el Ensamble Misterioso que tocaba temas de otros hasta que se deshizo; entonces, David Sánchez propuso llamar un baterista que fue Jorge Fernández y nos quedamos como FAS Trío.

Recuerdo haberte visto en el Antifestival, en el Lunario. Abriste la noche con un solo de treinta minutos. Muchos de los asistentes se desconcertaron, pero me pareció muy importante, todo un desafío.
Esa fue una experiencia muy bonita, porque todo estaba muy bien, me sentía con mucha confianza para abrir un festival de proyectos nacionales. Siempre que se presenta la oportunidad de hacer un concierto en solitario, allí ya no tienes excusa de nada: fluyes con tus ideas, es como un sueño, te vas para allá, de acuerdo a tu bagaje y tu interés musical, porque a mi me gusta lo tonal, lo abstracto, lo rítmico, se da la oportunidad de abarcar todos esos aspectos. Cuando estoy solo no es que me sienta más libre, pero me puedo mover a distintos aspectos del instrumento, sin dialogar con nadie.

Empezaste con el sax alto, pero de pronto en el camino hubo un instante en el cual decidiste cambiar al tenor, ¿cómo llegaste a esa decisión?
Cuando el maestro Roberto Benítez llegó a dar clases, muchos de mis alumnos se fueron a estudiar con él y yo también, porque no tenía idea de la música clásica para saxofón. Estuve estudiando con él dos años y después fue cuando cambié al tenor. De repente, dije: “este es el nuevo instrumento para mí”. Me cautivó y se convirtió en mi instrumento principal.

¿Con qué otros grupos trabajas actualmente?
Sigo con el Remi Álvarez  Trío (Alfonso Muñoz y Arturo Báez); cuando se unió Gustavo Nandayapa se volvió el Remi Álvarez Cuarteto. FAS Trío tiene un disco por salir. También toco con la Zinco Big Band y tengo otros proyectos como Antimateria, con Gabriel Lauber e Itzam Cano, que es un grupo de free que me gusta mucho. Es uno de los proyectos más rudos, de descarga fuerte.

También toco con Géiser (Gibrán Andrade, batería; Tritón, guitarra y electrónica; Carlos Alegre, violín), con tímbricas muy bonitas, más improvisación libre.

¿En los últimos veinte años ha habido cambios importantes en la escena del jazz?
El nivel de los músicos es altísimo, hay unos saxofonistas increíbles, se está generando algo interesante.

Si hay músicos, ¿el problema es la falta de lugares o la ausencia de público?
Un poco los dos. Hay que comprender que México no es un país de jazz, el jazz es lo que menos importa. Para muchos, todavía es una música de un nivel intelectual superior y no se ha logrado convencerlos de lo contrario.

Discografía selecta:
Con Cráneo de Jade, Cráneo de Jade (Opción Sónica, 1997); con Marcos Miranda, Tarika-tao (Noise Kontrol, 2002); con Pere Soto, Remisotopos (Intolerancia, 2010); con Mark Dresser, Soul to Soul (Intolerancia, 2010); FAS Trío, Chimeco (Intolerancia, 2011); con Joe Fonda y Harvey Sorgen, Trío 3D (Konnex, 2011); Remi Álvarez Trío, Lafahmisi (Intolerancia, 2013).