Nacido en la Ciudad de México durante la segunda mitad de los años sesenta, Jarris Margalli comenzó a hacer música desde muy temprana edad (a los cuatros años ya tocaba el piano). De niño hizo teatro infantil y apenas a los nueve años, motivado por el rock and roll, comenzó a tocar la guitarra por un acorde que le enseñó su madre y formó una banda de niños: Los Cowboys. Fue entonces que compuso su primera canción, “Agua dorada”, cuya grabación original existe y está incluida en su álbum Soul (2004). Con su guitarra Fender Jaguar, regalo de sus padres, Jarris y los Cowboys tocaban en fiestas y en el garage de su casa.

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Ya en la década de los ochenta, se integró a Mistus, una agrupación originaria de Coyoacán que escribía sus propios temas de rock pesado con letras en inglés. Su primer disco homónimo apareció en 1981, al que siguió Life of a Match (1982). El grupo se desintegró en 1986 y al año siguiente, Margalis se unió a Ninot, con el que grabó These Are the Future Spaces (1987) y Mil marionetas (1988).

En 1991, Mistus se reunió para grabar Eternamente subterráneo, con todas las piezas en español. Entre los invitados estaban Saúl Hernández (Caifanes) y Raúl Greñas (Luzbel). Ya en 1994, apareció en cassette Jarris y la luna verde y dos años más tarde el músico participó como invitado con Los Lagartos, con quienes acudió a un festival en Puerto Rico, al lado de Fobia y El Tri.

Ya en 1998, Margalis se unió a Jaguares, con quienes grabó Bajo el azul de tu misterio (1999). Permaneció en ese grupo hasta 2001 y tres años más tarde se lanzó como solista con el disco Soul, el cual recibió excelentes comentarios de David Fricke, director y crítico de la revista Rolling Stone.

En 2009 apareció Crudo, con invitados como Guillermo Briseño, un álbum doble al que Margalis define como “un vehículo de denuncia, a la vieja usanza del rock que se hace en México”.

En 2015, se publicó el libro Los otros dioses ocultos de Mario Alquicira, biografía y “radiografía espiritual” de nuestro entrevistado.

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¿Cuál es el el primer disco que escuchaste?
Lunada de Cri Cri, a los cuatro años. Tenía un tocadiscos de juguete que incluía diez mini discos de este genio. El primer álbum de rock que escuché fue The Monkees, de 1966. Se lo compré a mi hermano mayor, quien lo trajo de los Estados Unidos.

¿Cuál es el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
El LP de acetato Headquarters de los Monkees, de 1967. Roger, mi mejor amigo de la infancia, tenía casi todos los álbumes de ese grupo. Yo sólo pude hacer una colección de EP de los mismos Monkees, porque con mis domingos no me alcanzaba para comprar long plays.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Ninguno en particular.

¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
El Abbey Road de los Beatles, de 1969. Cuando salió y lo vi en las tiendas, a nombre de mis tres hermanos le rogué a mi madre que nos lo comprara. Al principio ella no quería por nada, pero al fin lo hizo. Lo escuché tanto que no sé cómo no se le borraron los surcos. Ese disco es un mantra, una iluminación, fue mi libro de enseñanzas y sabiduría.

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Hay varios, porque soy coleccionista. Pero sin duda el que más me avergüenza es el de un cantante italiano de baladas que se llama Little Tony, quien sale en la portada con un saco de flores. Hoy me da ternura, ¡pero juro que no hay un peor tipo de música sobre la Tierra! Ni siquiera el paso doble, el reguetón o la onda grupera. Qué bochorno, vaya mierda.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Varios, pero hay un empate. En primer lugar, el Greatest Hits de los Kinks de 1966, en vinil, en edición monoural, que me regaló mi hermano. ¡La más grande joya discográfica del rock! ¡Ay! Se lo presté a una “novia” que en realidad era una perra con tendencia al robo llamada Candy (vaya, es la neta) y se lo chingó junto con otros álbumes. En segundo, el mismito Abbey Road que, como ya dije, fue un triunfo que nos lo compraran. Se lo presté a una amiga y simplemente se lo robó de la manera más descarada también.

¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
Three Friends de Gentle Giant, de 1972. Su tercer álbum. Es más que una maravilla. Sólo que se trata de la edición gringa y deja mucho que desear, pues le cambiaron el orden de los tracks y algunas piezas duran menos. El colmo es que tiene la portada del primer disco que es hermosísima, sí, pero no es la original.

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Es difícil de contestar, pero Closer to Home de Grand Funk Railroad, de 1970, es la obra que más influyó para saber que mi vida era el rock and roll y que tenía que dedicarme a eso. Tenía catorce años y sin que me vieran, lo saqué de la consola de mi hermano mayor. No era un álbum nuevo, ya tenía unos años. La portada era un shock: los tres roqueros hippies alineados verticalmente, con los ojos enrojecidos. ¡¿Qué era eso?! Lo puse en seguida y quedé petrificado, inmóvil, con la fuerza devastadora de ese grupo. Me aprendí el álbum nota por nota, al derecho y al revés. Me compré todos sus discos, me dejé larguísimo el cabello y todo el día roqueaba con la guitarra.

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Realmente ninguno, pero tal vez sería el Love Deluxe de Sade, de 1992, con la canción “No Ordinary Love”, ya que con esa voz tan sexy y tan seria, entras al túnel de la dimensión desconocida con Rebeca Silva en 1976, con Ana Bertha Lepe en 1959 y con Donna Douglas (la Elly May Clampett de Los Beverly Ricos) vestida de montañesa y con su cinturón de lazo, en 1962.

¿Cuál es el disco que te gustaría que tocaran en tu funeral?
Mi canción, “Yeah Yeah Yeah”, porque es rock and roll directo, sin retoques y sin otra pretensión que la de rocanrolear y hacerlo duro.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
1. Revolver de los Beatles (1966). Porque ahí por fin los tres compositores del cuarteto se pusieron a la misma altura. Son tres estilos opuestos que hacen el equilibrio perfecto. Por eso son tan grandes.
2. Greatest Hits de The Kinks (1966). Sólo trae diez y excelentes canciones, pero no podían combinar mejor. Seguirán sonando por los siglos de los siglos. Es un disco perfecto, aunque sea una recopilación.
3. Who’s Next de The Who (1971). ¡Grandioso! El disco menos retocado y artificial, con todo y sus secuencias y sintetizadores por todos lados. Suena auténtico. Suena a rock.
4. Survival de Grand Funk Railroad (1971). Aunque trae dos covers, bueno…, ¡qué covers! Qué forma de roquear y a la vez es tan espiritual. Su trabajo más fino sin duda y con un exquisito sentido soul-groovie como nadie lo ha logrado. Amo ese álbum.
5- Wish You Were Here de Pink Floyd (1975). Porque la suprema obra “Shine on You Crazy Diamond” llega a los confines de la música, a las más grandes esferas, un término del escritor mexicano Antonio Velasco Piña que describe el nivel espiritual más alto, lo insuperable.