Al ciclo de intercambio musical entre los Estados Unidos y Camboya le ha llevado medio siglo completarse. Primero fue incansable e ininterrumpidamente del continente americano al asiático y en la actualidad está de vuelta, enriquecido a través de su ya largo trayecto. El ínterin encierra la influencia catalítica ejercida por un subgénero importado que engendró una fértil escena musical en dicha región asiática: el rock de garage (un artefacto capaz de echar a pique cualquier tópico sobre la ortodoxia cultural).

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Aquí entró en juego el factor histórico (durante la Guerra de Vietnam), cuando en Camboya se desarrolló dicho subgénero a partir de su asimilación a través de los discos y la radio de onda corta de los soldados estadounidenses. El estilo fue absorbido y ejecutado por los intérpretes locales, quienes a su vez retomaron algunos géneros tradicionales de su territorio, combinándolos con lo llegado de Occidente para obtener mezclas musicales novedosas y particulares. Grabaron covers con sus acentos y adaptaciones líricas del inglés al idioma khmer, lo cual los volvió muy populares (sobre todo a Sin Sisamouth, Ros Sereysothea y Pan Ron).

A la postre llegó la extensión de la Guerra de Vietnam a su país y con ella el terror genocida del gobierno Jemer Rojo (lo mismo estalinista que radicalmente maoísta en su socialismo agrario), durante el cual esta forma musical no sólo fue prohibida y silenciada sino también asesinados sus intérpretes y difusores “por contrarrevolucionarios, dadas sus ligas corruptas y decadentes con el Occidente” (al igual que otros dos millones de personas por circunstancias como saber leer o saber otro idioma, por ejemplo).

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El rock camboyano dejó de practicarse (al igual que toda música) y los discos y grabaciones caseras se ocultaron en las apresuradas huidas como auténticos tesoros. Tras la caída de dicho gobierno y las alternancias políticas subsecuentes, aquella época garagera y sus hacedores pasaron al olvido, hasta que ya abierto el país a la internacionalización ésta hizo que Camboya se volviera destino turístico. Así llegaron al lugar el californiano Ethan Holzman y un amigo suyo, como practicantes del surfismo.

En eso estaban cuando el amigo contrajo el virus del dengue por un piquete de mosquito. Durante el trayecto que los llevaba al hospital, el taxista iba escuchando una música que impactó a Ethan. Era rock camboyano. Así que al regresar a su terruño lo hizo con un costal de cassettes. Fue a ver a su hermano Zac (quien trabajaba de medio tiempo en una tienda de discos en Oakland; el otro lo dedicaba a su banda de alt-country Dieselhed, como vocalista y guitarrista) para que escuchara aquellas maravillas grabadas en lo-fi, incluyendo la compilación Cambodian Rocks de la Parallel World.

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Entusiasmados, decidieron fundar un grupo con la misión de rescatar un tiempo perdido y olvidado y que incluyera una cantante que interpretara los oldies camboyanos. Convencieron a Chhom Nimol del proyecto y pusieron manos a la obra. A partir de entonces han editado seis discos, desde el debut Dengue Fever (2003) hasta The Deepest Lake (2015). Asimismo, hicieron la sonorización completa para el documental Sleepwalking Through the Mekong (2007), con imágenes de su gira por el país que los inspiró y música que reunieron en una antología con piezas originales, Electric Cambodia. Los derechos de esta obra tienen fines benéficos y van directo a la fundación que se ocupa de los sobrevivientes y exiliados de la escena musical de dicha época que quedaron lisiados o enfermos a causa de las torturas. Igualmente han colaborado en la factura de biopics (The Golden Voice, Don’t Think I’ve Forgotten de John Pirozzi), series de televisión y películas de corte experimental como Broken Flowers de Jim Jarmush o City of Ghosts de Matt Dillon.

El fundamento estético de la obra de Dengue Fever se basa en la revisión, divulgación y puesta al día de los materiales salvados por la gente que tuvo que huir de su país y que luego fue cedida a la Oakland Public Library como documentación histórica y también en la creación de piezas originales realizadas en el estilo de aquellos años, lo mismo en el idioma khmer que en inglés (que luego mandan traducir al primero).

Todo ello se sustenta en una amalgama de rock de garage, surf, psicodelia, sonoridad de películas de serie B, una pizca de afrobeat jazz y el exotismo melódico ancestral y pop del idioma, canto y rock camboyanos, muy bien ubicados entre la sintonía alternativa y la heterodoxia enfebrecida evocadora de fascinantes canciones que hablan de amor, ruptura y romance. Dengue Fever les ha hecho justicia y les ha dado una nueva vida al grabarlas para que cuenten su historia, en recuerdo de una cultura que intentó ser exterminada por un infame holocausto.