Nacido en Londres, Inglaterra, el 12 de mayo de 1945, Pete Townshend fue el primogénito de dos singulares músicos. Su padre, Cliff, era saxofonista profesional de una banda de swing, mientras que su madre, Betty, fue vocalista y corista de la misma agrupación en diferentes momentos de los años cuarenta y cincuenta.

A pesar de haber venido al mundo dentro de ese ambiente, sus padres no creían en sus posibilidades como músico. Por ello no fomentaron su gusto por el piano y no fue hasta la adolescencia, cuando aprendió a tocar la guitarra, el banjo y la mandolina, que Cliff y Betty aceptaron por fin que su hijo tenía “ciertas facultades”.

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Poco después, el muchacho empezó a relacionarse de manera más formal con la música, al ingresar a The Confederates, un grupo de jazz estilo Dixieland en el cual tocaba el banjo y donde conoció a John Entwistle, quien ejecutaba el clarinete.

Meses después, Pete supo que su compañero de escuela Roger Daltrey tenía una banda llamada The Detours y que necesitaba a un guitarrista. Fue a verlo a su casa y Daltrey le dijo: “¿Sabes tocar el acorde de Mi? ¿Sabes tocar el acorde de Si? ¿Puedes tocar ‘Man of Mistery’ de los Shadows? Muy bien, nos vemos mañana para ensayar”.

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Para 1963, las cosas se movían vertiginosamente en Londres y en toda Inglaterra. Se escuchaba hablar mucho de grupos como los Rolling Stones y de unos muchachos de Liverpool llamados The Beatles.

De hecho, en diciembre de ese año los Detours le abrieron a los Stones. “Nunca los había escuchado y traté de ser cínico, al afirmar que seguramente su fama la habían logrado sólo por sus peinados”, cuenta Townshend en su autobiografía Who I Am (Harper, 2012). “Pero apenas los escuché, me quedé atónito. Glyn Jones me presentó a Brian Jones y Mick Jagger, quienes resultaron amables y encantadores. Los vi tocar desde un costado del escenario y me convertí en su fan para toda la vida. Esa noche, Keith Richards tocó la guitarra moviendo el brazo a manera de aspas de molino y me encantó. Pocas semanas después volvimos a abrirles y vi que Keith ya no movía los brazos de ese modo. Entonces decidí que adoptaría ese estilo de tocar”.

Fue por entonces que los Detours se convirtieron en cuarteto, con sólo tres instrumentistas, ya que Daltrey  decidió dejar la guitarra y ser el vocalista. Pete quedó como el único guitarrista, con John Entwistle en el bajo. Meses más tarde, un delirante baterista llamado Keith Moon se uniría a ellos. Poco después, “nos enteramos de que había otro grupo denominado The Detours y aunque yo quise que entonces nos llamáramos The Hair, adoptamos el nombre de The Who”.

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Who I Am no es una mera recopilación de anécdotas, aunque éstas abundan y es de agradecer la forma tan sencilla y divertida con que están contadas. Más bien se trata de un ajuste que Townshend ha querido hacer con su propia vida. De ahí que revele tantas cosas sin pudor, desde su temprana afición a la marihuana (y más tarde a otras drogas) hasta su ambigüedad sexual (“Mick Jagger es el único hombre con quien seriamente hubiera querido acostarme”).

Pero también revela cuestiones más místicas y profundas. Como el hecho de que en 1967 “escuché la voz de Dios. De pronto, se me volvió claro que yo estaba destinado para tener una conexión trascendente con el universo y su creador”. Townshend empezó a buscar la trascendencia y de ahí su idea de hacerlo por medio de la grandeza musical y la producción de álbumes conceptuales como Tommy, Who’s Next o Quadrophenia. Aunque no siempre fue comprendido. Cuando alguna vez intentó inútilmente hacer entender a sus tres compañeros el significado oculto de una de sus obras, le comentó a su entonces esposa: “Es como tratar de explicar la energía atómica a un grupo de cavernícolas”. ¿Cómo decirles que su viejo ritual de destruir su guitarra y destrozar los amplificadores estaba inspirado en la teoría de Gustav Metzger sobre el arte autodestructivo o que compuso la letra de “My Generation” inspirado por Generations, “la colección de obras de David Mercer, un autor dramático marxista que me impresionó cuando estudiaba en Ealing”?

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La estabilidad que le dio su encuentro con lo místico (y con el gurú Meher Baba) duró largo tiempo, pero en 1980, dos años después de la muerte de Moon por una sobredosis, volvió a las andadas y se hizo adicto a la cocaína y el alcohol. En 1982 decidió acabar con The Who.

Los siguientes veinte años fueron algo cercano al infierno, a pesar de varios buenos álbumes que sacó como solista y algunos intentos por reunir al grupo (que se terminaron cuando John Entwistle murió en 2001, debido a un pasón de cocaína). El guitarrista se hundió en la depresión, el alcoholismo y la soledad (su matrimonio quedo disuelto) y la puntilla vino en 2003, cuando fue arrestado por tener pornografía infantil en su computadora.

Por fortuna, a partir de ahí logró recuperarse y no padecer la misma suerte de Moon y Entwistle. Volvió a casarse y se reunió con Roger Daltrey para reformular al grupo.

En el capítulo final de su autobiografía, Pete reproduce una carta que escribió “para el niño que era yo cuando tenía ocho años”. Esta es la conclusión de dicha carta: “Respétate a ti mismo. Trata de recordar que no todo en la vida puede ser perfecto. Cometerás errores. Eso es inevitable. Pero no es que seas feo. Sólo serás feo cuando te conduzcas de fea manera. Disfruta la vida y sé cuidadoso con lo que pides –recuerda que se te puede conceder”.