Jim Jones 1Por Sergio Monsalvo C.

No hay mejor manera de enfrentar la crisis, cualquier crisis, que empaparse con un buen y solidario rock’n’roll primigenio, con el cual es seguro que se produzcan los excesos que alivian: desde el flujo de la adrenalina hasta la cantidad de cervezas o whisky consumida. Una buena dosis de ello se encuentra (y se requiere como requisito para la escucha) en el más reciente disco de la Jim Jones Revue.

El título lo dice todo: Burning Your House Down, un álbum que agrupa a más de una decena de piezas, incendiarias al por mayor, continentes de su característico y garagero punk rock blues (nombre también de la marca discográfica en la que graba). Es la continuación en la trayectoria del grupo británico tras el anterior Here to Save Your Soul, en el que se reunieron por primera vez todos sus sencillos y lados B.

Es increíble –y fascinante al mismo tiempo– constatar como Jim Jones, quien fuera cantante de Thee Hypnotics (uno de los más poderosos representantes del rock de garage británico y del sello Sub Pop durante la década de los noventa), así como de los posteriores Black Moses, tiene la fórmula para levantar y elevar a un ánimo decaído y colocarlo en el más alto nivel vital. Su música agarra y transporta como un bólido que anda en busca del asfalto donde lucirse. Música para inflamar a cualquier reproductor de sonido que le pongan por delante.

Jones formó parte de Thee Hypnotics entre 1989 y 1994 y grabó con ellos un par de discos y un EP que los inscribieron con calificación de sobresalientes en la refrescante ola de garage de la Gran Bretaña. Sin embargo, durante la gira promocional por la Unión Americana de Come Down Heavy (1990), el baterista sufrió un accidente automovilístico que lo inutilizó de por vida para la música y aunque continuaron grabando y presentándose en conciertos, ya no fue lo mismo, el impulso mermó. Tras un par de álbumes más y varios cambios en la formación, el grupo se disolvió.

Jim_Jones_RevueNo obstante, Jones continuó dentro de la escena con los mencionados Black Moses, quienes se dedicaron más bien al público de los clubes pequeños londinenses, con un perfil bajo. Así se mantuvo hasta que, en 2004, formó una nueva agrupación junto a Rupert Orton, Gavin Jay, Nick Jones y Elliot Mortimer, a quienes les propuso rebuscar en aquel espíritu indomable que se percibe en los primeros tiempos y grabaciones del r&r. Así que luego de un par de ensayos… ¡zaz!: apareció la Jim Jones Revue, nombre con el cual se presentó por vez primera en el club Not the Same Old Blues Crap de la capital inglesa.

Cubrieron todo el circuito punk y garagero de las islas con presentaciones intermitentes en el continente europeo (en festivales genéricos o como teloneros para otras agrupaciones). En 2008, tras cumplir personalmente veinte años dentro de la escena roquera, Jones decidió grabar por fin su primer disco con esta banda: The Jim Jones Revue (en el sello Punk Rock Blues Records), con el cual obtuvo un reconocimiento que le permitió brindar más conciertos y una regularidad para solidificar su idea musical.

En el ínter, grabaron una buena cantidad de singles que vendían durante sus presentaciones (y que luego se recopilarían en el álbum ya citado). La veteranía de Jones los ancló en la mera alma del género. Para matizar: en este tipo de rock se suscribe el mismo conjunto de conceptos: pasión, energía, actitud, espíritu, los pruritos por excelencia de las raíces. Su crudeza apasionada hace caso omiso de la mesura, como en los tiempos más remotos. Es el aquí, ahora y se acabó (en un siempre omnipresente, sea retro o de avanzada).

La barbarie de la Jim Jones Revue mantiene incólume las constantes originales: en lo físico (ruidoso, desaliñado y urbano), en lo espiritual (energético, crudo, primitivo) y en sus vibraciones temporales. Dichas constantes lo legitiman. Una banda como esta tiene bien identificado su ADN, sus influencias y sus fuentes, sus piedras de toque: The Birthday Party, Johnny Thunders, The Gun Club, el noise de The Sonics y los pilares fundamentales del r&r. Todas estas músicas le han proporcionado el sustento.

Por todo ello, el de esta revue es auténtico rock primigenio, vigoroso tanto en las incendiadas teclas como en los brillantes y concisos riffs sobre los que se estructura. Asimismo, está la voz de Jones que se autocombustiona en cada canción. Por otro lado, ver al grupo en concierto intensifica la experiencia, resulta más contundente: el placer de la exuberancia se extiende.

Para mí, en una superflua votación para elegir lo mejor del 2010, la Jim Jones Revue se perfilaría, con Burning Your House Down, entre los primeros lugares. Por su música, por sus actuaciones (que por fortuna se pueden constatar en video), pero por encima de todo por su actitud. Hay quien dice que se le puede comparar como una colisión entre Little Richard y MC5 (aunque también los hay que personifican la misma metáfora pero entre Jon Spencer y Jerry Lee Lewis) y sólo por tal circunstancia merecería la pena intentar escucharlo o adquirir un disco suyo en estos tiempos, para combatir el estrés producido por todo lo que nos rodea. Es el exceso puro. Rock’n’roll, el antidepresivo por excelencia.