Bryan FerryPor Hugo García Michel

No hay treceavo malo. Al menos eso sucede en el caso del décimo tercer álbum del exfront man de Roxy Music. Olympia es un trabajo de absoluta excelencia. Tan fino y sofisticado como corresponde a Bryan Ferry, el disco tiene como añadido el hecho de que presuntamente iba a ser una nueva grabación de la legendaria banda londinense. Por desgracia, los músicos no lograron ponerse de acuerdo para reunirse y el regreso de Roxy Music se vio frustrado, aunque el vocalista siguió con el asunto hasta culminarlo con esta colección de diez canciones inéditas, en su gran mayoría originales (sólo hay un par de covers), en algunas de las cuales intervinieron sus ex compañeros Brian Eno, Phil Manzanera y Andy MacKay, además de algunos notables amigos de este nacido en Gran Bretaña en 1945, como David Gilmour (Pink Floyd), Jonny Greenwood (Radiohead), Flea (Red Hot Chili Peppers) y algunos integrantes de Scissor Sisters y Groove Armada, entre otros.

OlympiaPara algunos críticos, como el estadounidense Stephen Thomas Erlewine, Olympia es el disco más seductor de Brian Ferry desde Avalon, aquel gran clásico de Roxy Music grabado en 1982. No le falta razón. La reciente obra no sólo tiene mucho del sonido de la mítica banda, sino que muestra una producción de subyugante elegancia, llena de texturas, colores y atmósferas que van de lo onírico a lo sensual, de lo siniestro a lo surrealista y de lo subliminal a lo sutilmente sugerente.

Temas como “You Can Dance”, “Heartache by Numbers”, “Alphaville”, “Me Oh My” o “Shameless” cuantan con toda aquella aura de distinción que tenían composiciones legendarias como “More Than This”, “Love Is the Drug”, “Virginia Plain” o “Dance Away”, mientras que en otras como “BF Bass (Ode to Olympia)”, “Reason or Rhyme” y “Tender Is the Night” se explora y se experimenta con otros ritmos y otras zonas musicales igualmente interesantes.

Mención aparte merecen las versiones a “Song to the Siren” de Tim Buckley y, sobre todo, a “No Face, No Name, No Number” de Traffic, ambas retrabajadas de manera sorprendente. Ferry sabe hacerlas suyas. En el primer caso, con una sobriedad conmovedora; en el segundo, con una delicadeza tal que hace que no extrañemos la interpretación de Steve Winwood en la canción original.

Olympia es un gran álbum, uno de los mejores del año pasado, una joya discográfica para oídos refinados y sensibilidades exquisitas.