nnennaPor Sergio Monsalvo C.

Nnenna Freelon pertenece a esa nueva generación de mujeres afroamericanas que tiene en la primera dama estadounidense a su representante más visible. Son mujeres elegantes, distinguidas y, sobre todo, educadas y cultas. Si la Casa Blanca tiene a Michelle Obama, el jazz hace lo propio con Nnenna Freelon, cantante, compositora, arreglista y productora, surgida del gospel y el soul de los coros parroquiales de su natal Massachusetts. Fue material humano de aquella vieja tradición, pero también creció con los catálogos contemporáneos. Es una intérprete de Ellington y Monk al igual que de Burt Bacharach. La descripción de su persona concuerda asimismo a la perfección con su canto: suntuoso, límpido y seductor.

En su haber tiene más de una decena de discos (Heritage, Maiden Voyage o Tales of Wonder, entre otros) con los que ha ganado infinidad de premios. Ha colaborado con la crema y nata del género, desde Clark Terry a Herbie Hancock, de Elis Marsalis a Terence Blanchard. Su repertorio es tan variado como selecto, lo mismo que sus actuaciones, las cuales ha dosificado a lo largo de una carrera que comenzó como solista en 1992. Las grabaciones las combina con su segundo oficio (es administradora de empresas), su vida familiar (madre de tres hijos) y la investigación científica (una tercera carrera como educadora en el estudio del sonido como experiencia pedagógica).

Este último rubro trata de empatarlo con las giras que realiza por el mundo. Por eso mismo resulta doblemente interesante asistir a sus presentaciones, porque si de manera diurna se puede acudir a sus conferencias o talleres sobre Dinámica Interactiva con Audiencias o sobre la Escultura del Sonido (donde habla de sus proyectos e investigaciones acerca del peso psicológico y emocional del mismo), de manera nocturna puede uno solazarse con sus conciertos.

Así que este verano vacacional la oportunidad se presentó en Marruecos, durante la undécima edición del Tanjazz, un festival de jazz con mucho prestigio que se celebra anualmente en los teatros y calles de Tánger, ciudad mítica de la literatura y la música. Fue de estos dos temas que comenzó a hablar en su coloquio en uno de los salones del Hotel Malabata, de esa ciudad marroquí. Se refirió a las composiciones que Paul Bowles hizo durante su estadía en Tánger, relacionándolas con su amistad con el escritor Mohammed Chukri, así como a las grabaciones que Brian Jones (entonces miembro de los Rolling Stones) realizó en 1967 de los cantos y ritmos ceremoniales de Jojouka, debido a la influencia del multidisciplinario Brion Gysin, redescubridor del cut-up poético e ilustre residente del lugar.

Fue una conferencia reflexiva, ilustrada y profunda que mantuvo en todo momento el interés  de las trescientas personas ahí reunidas. Ella es una disertadora ágil, conocedora y con gran sentido del humor, condiciones que también destacaron en el concierto que brindó en el principal auditorio de la cosmopolita avenida Mohamed VI (Banco BMCI). El precio de los boletos (200 dirhams, 50 dólares aproximadamente) –el doble del resto de las funciones del festival– no impidió que se llenara y que los dos mil quinientos asistentes (tanto locales como foráneos) vieran retribuido el costo con una actuación rayana en lo sublime. Cantó los temas de su reciente disco Better than Anything y encores como “Body and Soul”, “If I Had You” y “Round Midnight”. Estilo, clase y elegancia de una vocalista singular bajo el cielo protector de Tánger, inmejorable testigo.