“No hay beso que no sea principio de despedida,
incluso el de llegada”.
—George Bernard Shaw

“Bésame mucho” es una de las canciones más reversionadas de la escena musical en todo el orbe; tan sólo ha sido traducida a más de veinte idiomas. La composición de Consuelo Velázquez Torres ha rebasado pues la barrera idiomática y ha sido interpretada por músicos de todos los géneros, desde la rumba (La Sonora Santanera) hasta el surf (The Ventures), pasando por la ópera (Placido Domingo), la orquesta (Ray Conniff) y el bolero (Lucho Gatica). ¿Qué pensaba Consuelito Velázquez cuando compuso esta melodía a la edad de dieciséis años? ¿Qué o quién la inspiró? Esta clase de preguntas se reducen al absurdo cuando tratamos de descifrar el enigmático atractivo de un tema mundialmente conocido; se vuelven absurdas cuando lo único que podemos asegurar es que la inspiración que toca a cualquier artista siempre proviene de lo desconocido, es lo siempre secreto, el misterio.

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Tal vez en las turbulencias del corazón es donde radica el extraño influjo de “Bésame mucho” o donde se anida el carisma que la hizo destacar sobre otras grandes composiciones de la pianista jalisciense, tales como “Yo no fui” (interpretada por Pedro Infante), “Amar y Vivir” o “Cachito”, esta última utilizada por los publicistas de radio y televisión en un sinnúmero de jingles. “Bésame mucho” irremediablemente dejó caer un velo invisible sobre otras hermosas canciones cuasi desconocidas, como “No me pidas nunca”, “Pasional” y “Déjame quererte” que, no obstante, dejan entrever el indudable talento de la compositora mexicana, quien alguna vez formara parte de la Orquesta Sinfónica Nacional y la Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México. 

“Bésame mucho” también fue incluida en distintos filmes internacionales: Sueños de Arizona (Emir Kusturica), A toda máquina (Ismael Rodríguez), Grandes Esperanzas (Alfonso Cuarón), Santa Sangre (Alejandro Jodorowsky) y la ganadora al premio Oscar por mejor película extranjera Moscú no cree en las lágrimas (Vladimir Menshow).  Aunque su encanto va todavía más allá de la pantalla grande, sus melodiosas estrofas fueron grabadas por primera vez en 1940 con la voz del “barítono de Argel” Emilio Tuero. Posteriormente, la cadencia y sensualidad de la canción encantó al jazzista Nat “King” Cole y desde entonces el tema recorrió impensables gustos y remotos países, pues ¿quién puede asegurar que no existe una versión de “Bésame mucho” en mandarín?

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Así, la lista de personajes seducidos por tan sui generis canción se hace interminable. Elvis Presley, por ejemplo, fue hechizado por sus notas adorables y nos regaló una versión que termina con un inesperado cha cha cha. Cesaria Evora no pudo resistirse y grabó una magnifica versión con su portentosa voz. Frank Sinatra no fue capaz de luchar contra su magnetismo y nos ofreció una seductora melodía y tampoco pudo resistirse Juan García Esquivel, quien dejó para la posteridad una versión monofónica plagada de coros y trompetas y qué decir de los Beatles, quienes se divirtieron al grabar una simpática y jocosa versión. En el mundo del jazz, otros artistas como Diana Krall y Benny Waters se sintieron impelidos a interpretarla; incluso Guadalupe Pineda grabó una versión romántica en francés y a la esfera del rock mexicano “Bésame mucho” arribó con una singular versión a cargo del grupo Zoé. Podría pensarse que este es el terrible y temible momento en que se estropeó la canción, pero un tema tan bueno no se presta a malas interpretaciones. Pese a la presuntuosa personalidad del cantante León Larregui, se trata de un tema grabado en vivo digno de escucharse más de dos veces. Larregui hace acompañar su lánguida voz por la de Denise Gutiérrez, vocalista de Hello Seahorse!, y ella logra destacar con un tono alto, grave, que cautiva a su joven audiencia. Mención aparte merece la extraordinaria versión de Cecilia Toussaint, quien en 2005 grabó un disco inédito con temas de Consuelo Velázquez al que intitulo Para mi… Consuelo y en el que se registra una de las últimas ocasiones en que la ya para entonces veterana compositora tapatía toca el piano, poco antes de que cayera de las escaleras de su casa y muriera a causa de complicaciones cardiovasculares.

¿Pero qué es lo que provoca tal fascinación por este tema? ¿Por qué tantos artistas cautivan a su audiencia en cuanto hacen sonar sus acordes? ¿Por qué miles de espectadores se sienten fascinados ante las notas de esta canción? Quizás el encanto de “Bésame mucho” radica en el aclamado feeling, ese entusiasmo que embarga a quien la interpreta, el sentimiento que debe sobrecoger al artista para que la desnude y la haga suya y que, sin lugar a dudas, siempre es percibido por la audiencia que se contagia y celebra. Tal vez por ello “Bésame mucho” se ha convertido casi en símbolo de la mexicanidad, pues dicen que así como aquellos que pasan un tiempo en el extranjero comienzan a entonar el “Cielito lindo” con más nostalgia y emoción, del mismo modo esta sensual melodía es entonada por los mexicanos a todo pulmón en los momentos más álgidos de una noche de desvelo, sin temor al zafarrancho o la cursilería. Porque “Bésame mucho” es la petición que todo amante ilusionado hace al dueño o poseedora de su pasión, sus delirios y hasta su desazón. Es el ruego por la última muestra de afecto antes de que amanezca y los peores temores se hagan realidad; como si con esa última ocasión en que se juntasen sus labios, todo –cualquier pesar– terminara por fin y esa melodía –no otras– fuese la única que pudiera dar cuenta del deseo de verse reflejado en el Otro y que sólo se calla ante el temor de perder la cordura.

Finalmente, lo que sigue sorprendiendo a las nuevas generaciones y encantando a las más añejas es que aún se desconoce la fórmula del encanto de “Bésame mucho”. Pero a esa inusual fascinación no hay que buscarle explicaciones, pues tal vez mañana ya estemos muy lejos de aquí.