El Archivo Sonoro de Oaxaca (ASO) y el investigador y divulgador Gamaliel Robles presentaron en fechas recientes y a lo largo del país el libro Radiografía del rock en Oaxaca. Primera parte: los sesenta (Editorial Rapsodia). Esta entrega inaugural, perteneciente a una saga de análisis que recorre cuarenta años de historia musical, expone mediante entrevistas, imágenes y sonidos los lejanos albores del rock en el suroeste mexicano. A propósito de dicha obra platicamos con su autor, quien ahondó en las razones que lo llevaron a realizarla, los obstáculos que sorteó, las gratas experiencias acumuladas, los siguientes lanzamientos en puerta y algunas curiosidades editoriales.
Por principio de cuentas ¿este libro se gestó y forma parte del ASO?
Así es. Se desprende de una casa editora que tenemos: Editorial Rapsodia, a la cual también se agregan la revista Rapsodia y algunos otros proyectos. En ese sentido, empezamos a trabajar una serie de libros sobre los músicos y las músicas oaxaqueñas. Para este primer tiraje se imprimieron mil ejemplares.
¿Por qué decidieron lanzarlo bajo su propio sello editorial?
Al comienzo teníamos la idea de que se publicara con alguna otra casa editora, pero estas siempre limitan el formato, el diseño, etcétera; son aspectos a los que siempre pongo cuidado. Entonces, cuando comencé a diseñar el proyecto, se adhirieron varios patrocinadores que querían aparecer en la publicación y financiarla. Esto me permitió generar un esquema que partiera de la Editorial Rapsodia y al mismo tiempo le diera continuidad al resto de trabajos que atendemos de forma autogestiva o, como en este caso, con el apoyo de nuestros auspiciantes. El objetivo es que podamos editar nuestras propias investigaciones, además de la revista y el resto de los libros. Aunque también estamos abiertos a la posibilidad de que algún investigador pueda publicar su obra acerca de Oaxaca y su música, pero no es algo que estemos buscando todavía.

Desde que vi el libro me llamó mucho la atención el formato tabloide (34 x 23 cm) que aplicaron. ¿A qué se debe esa decisión?
Está inspirado en las revistas La Mosca en la Pared y Conecte. En un primer momento, lo que dio origen a esa presentación fue el diseño del rostro de la portada, el cual está basado en el cráneo recubierto de turquesa hallado en la Tumba 7 de Monte Albán. Pensamos que esa figura no podía aplicarse a un formato como normalmente se publican los libros, porque aparecería muy pequeño y nosotros queríamos que ese rostro estilizado a la Elvis Presley fuera lo más notorio de la portada, para interpretar precisamente esta parte oaxaqueña. Un Presley oaxaqueño, por decirlo así. Cuando estaba buscando el formato ideal, tuve a la mano una revista La Mosca y entonces se me ocurrió implementarlo y de paso rendirle tributo a esa y otras publicaciones roqueras que tuvieron la misma presentación. Funcionó bastante bien, porque se aprecian varios detalles del diseño y al mismo tiempo se resolvió el asunto de las fotografías: que se observen los instrumentos, las personas, los lugares, los logotipos, etcétera. Particularidades propias de las imágenes que desafortunadamente muchos libros descuidan y tampoco se distinguen debido al reducido tamaño.
¿Por qué embarcarse en un trabajo de este tipo? ¿Hay alguna publicación previa que tratara el tema?
Existe un libro de crítica sobre la historia del rock oaxaqueño y sus bandas durante la década noventera. Es un pasaje muy breve de lo sucedido por esos años. Sin embargo, justo porque no hay ningún antecedente que plasmara mediante fotografías, entrevistas y todo lo contenido en el libro fue que me decidí a armar la investigación. Llevo poco más de seis años realizando una búsqueda que me ayude a reconstruir ese periodo. Al comienzo, me di cuenta de que era mucha información para registrarla en un solo libro, sobre todo porque la intención es abarcar desde los años sesenta hasta el nuevo milenio. Publicarlo todo en una sola obra sí era posible, pero hubiera sido sumamente costosa, tanto para nosotros como para quien lo quisiera adquirir. Por eso decidimos hacer una saga de cuatro tomos, uno por cada década. Así podríamos publicar de manera más extensa la historia de los grupos, los sitios, los lugares, los festivales y los discos. La razón de emprender este proyecto es porque mi tarea fundamental en el ASO está dirigida hacia la preservación y la difusión. Como dije anteriormente, no existía algo previo a este trabajo, ese fue el motivo. Recientemente entrevisté a un pionero que no había podido localizar. Él me comentó que es importante visibilizar el trabajo de aquellos iniciadores de la música que no están reflejados en más publicaciones y que incluso los jóvenes rockeros actuales y sus grupos ni siquiera conocen. Considero importante sacar a la luz esas historias, más que nada para no olvidar los orígenes del rock en nuestro estado y preservar la memoria de estas personas.
¿A qué periodo corresponde este primer tomo?
Versa principalmente sobre los años sesenta, con una introducción de lo acontecido durante la década de los cincuenta, en la cual hubo muy pocas bandas, muy contadas. No valía la pena hacer un número exclusivo de ese lapso, ya que hubiera sido sumamente delgado. Entonces, a los años cincuenta se le completó con la parte de los sesenta, aunque actualmente sigue surgiendo nueva información, quizá no la suficiente para un número completo como el que actualmente tenemos, pero sí para anexarlo en los siguientes tomos a manera de fe de erratas o como ampliación de la investigación.
Comprendo entonces que este primer tomo recoge, organiza y expone toda la información existente hasta el momento sobre los comienzos del rock oaxaqueño.
Sí, por completo, o al menos es un acercamiento, porque vienen parte de las entrevistas con los integrantes de los grupos, sobre todo fundadores y aquellos que duraron más tiempo, aunque se grabaron más de ciento ochenta horas. También hicimos una recopilación iconográfica de aproximadamente doscientas imágenes, flyers específicamente, propiedad de la hemeroteca pública “Nestor Sánchez Hernández” y lo complementamos con un centenar de fotografías de los mismos músicos o que nos facilitaron sus familiares. Sin mencionar el extracto videográfico que se obtuvo del filme La carcachita (1967). Todo eso ayudó mucho a entender y contextualizar la vida en los años sesenta, no sólo lo privativo a la música sino el aspecto de cómo era Oaxaca: donde se compraban los instrumentos, los discos, las vestimentas, los cafés cantantes, etcétera.

¿Qué dificultades enfrentaste?
Sobre todo, localizar a los músicos o a sus familiares en caso de fallecimiento y hacerles entender que es esencial visibilizar sus trayectorias. Afortunadamente, las redes sociales y los contactos que se van creando en WhatsApp ayudan muchísimo a ubicarlos. Lo demás fue trabajo hemerográfico y de transcripción, ya que requiere mucho tiempo. Copiar una entrevista de una hora toma al menos otras tres, para poder entender y escribir correctamente lo que plantearon. Por otra parte, la labor hemerográfica de revisar periódico por periódico, día por día, es sumamente dilatado, a veces aburrido, y entonces resulta necesario hacer pausas para refrescar la vista y volver a estar atento a los hallazgos. Requiere de mucha paciencia. Finalmente, la parte del financiamiento es complejo, pero cuando ya cuentas con los patrocinadores y les presentas un avance de lo que se está haciendo, créeme que no dudan en apoyar. Al contrario, les gusta mucho la idea de aparecer en esos proyectos.
El libro comienza con una descripción de Oaxaca a mediados del siglo pasado, ¿ya concebías de esa forma la ciudad o la fuiste develando paulatinamente durante tus indagaciones?
La fui redescubriendo. Justo quise hacer esa introducción acerca de los años cincuenta, porque yo no imaginaba que una Oaxaca sesentera llegase a tener tal cantidad de grupos de rock. Aún ahora no lo entiendo bien, porque en ese entonces era una ciudad muy pequeña. Encima, la geografía no permitía el fácil acceso a los lugares donde vendían discos e instrumentos. No era sencillo ir al otrora Distrito Federal (D.F.), pues tomaba más de diez horas en tren viajar hasta allá y también resultaba caro. Además, eran menores de edad. Entonces poder hacerse de instrumentos y escuchar rocanrol en aquellos tiempos era difícil, no cualquiera tenía acceso. También me llamó mucho la atención cómo se desarrollaron los comercios, porque Oaxaca se erige mayormente gracias al turismo. No obstante, estos progresivamente se abrieron y promovieron espacios de diversión y venta de productos, no necesariamente relacionados con el rock, pero sí con la música. Todo eso se fue develando conforme abría los periódicos y me percataba de aquellos negocios. De algunos ya había escuchado hablar, unos más todavía existen, pero otros fueron efímeros y tuvieron características muy interesantes, como es el caso de los cafés cantantes. Poco se menciona de ellos, pero fueron esenciales para que convergieran los jóvenes, la diversión y la música. Adicionalmente, descubrí y entendí cómo el género se fue desarrollando a partir de los núcleos familiares. Que si bien a veces compartían gustos similares y otras no, los unificaba el hecho de su predilección por tocar rock. Muchos de los grupos estuvieron liderados por al menos dos hermanos y ese patrón se repite hasta nuestros días.
Señalas a Antonio de Gyvés y su conjunto Los Cuatro Soles como pioneros del rock mexicano ¿qué tanto se recuerda de ellos en Oaxaca? ¿Son un referente para los rockeros actuales?
Desafortunadamente no. De hecho, estuve leyendo algunos libros de rock mexicano y ninguno los menciona como parte de los iniciadores. No sé exactamente a qué se deba, quizá a que toda esa información concerniente a Los Cuatro Soles sigue encapsulada, pese a que se sabe de su participación en muchas películas vinculadas a Juan García Esquivel y demás artistas que de alguna manera promovieron el rock. Creo que tiene mucho que ver su fallecimiento prematuro, en 1963, a los treinta y tres años, justo cuando estaba en la cúspide de su carrera. Por otra parte, en Oaxaca los jóvenes de ahora no tienen esa preocupación por saber quiénes fueron sus antecesores. En el apartado correspondiente a de Gyvés, se incluyen las fotografías de los sencillos que lanzó. Platicaba esta mañana con un rockero de la costa, quien decía que empezaron a grabar rock a finales de los años cincuenta, incluso en las etiquetas de esos discos ya aparece la palabra “rock”, aunque desde 1947 existe la grabación de Los Diablos del Ritmo y su canción “El pájaro loco”. Eso te da una idea de cómo nos hace falta mucha información de aquellos músicos. Actualmente estamos trabajando en un libro sobre Antonio en específico, con apoyo de su familia, la cual posee un acervo musical, fotográfico y biográfico del artista, pero eso todavía va para largo.
Algunos conocedores de la historia del rock mexicano, entre ellos Federico Rubli, destacan que el género se propagó gracias al cine, la radio y los teatros de revista ¿consideras que eso mismo pasó en Oaxaca?
Creo que sucedió en parte. Si tuviera que ordenar cuáles fueron los medios que difundieron el rock en Oaxaca, diría que primero fueron la radio y las rockolas, luego la prensa y por último el cine. Sobre este último me gustaría mencionar que no se proyectaban tantas películas relacionadas con el rock en comparación al D.F., pero algunos filmes como los protagonizados por The Beatles repercutieron en la historia de varios grupos. Es el ejemplo de Los Beethoven’s, el cual surgió después de haber visto una película estelarizada por el cuarteto de Liverpool. Se sabe que algunos músicos acudían a los cines no específicamente para ver películas relacionadas al rock; pero cuando lo hacían, se daban cuenta de la vestimenta y obviamente de la música. Eso de alguna manera los influenció para que se involucraran.

Otra personalidad que abordas es la conductora Silvia Ortiz y su programa radial Opus 69. ¿Cómo diste con ella y qué representa actualmente su figura?
Comenté previamente la importancia de las redes sociales y cómo me ayudaron a contactar o comunicar rápidamente el trabajo que se estaba realizando. Entonces recurrí a ellas para preguntar quiénes habían vivido en esa época o a qué artistas les tocó escuchar. En una de esas publicaciones apareció la señora Silvia Ortiz, quien mencionó haber conducido un programa en 1969. Inmediatamente le escribí, respondió, me facilitó su número de teléfono y a la semana siguiente le hicimos una entrevista. La plática arrojó una historia impresionante y nos aportó esa información de la radio que faltaba. Desafortunadamente, muchos de los locutores rockeros de esa época ya fallecieron y es necesario ampliar los datos, porque sé que hubo más de cuatro o cinco de ellos. Asimismo, varios grupos tuvieron sus propios programas de radio. En definitiva, el trabajo de Silvia fue muy especial. En primera por su rol como mujer vinculada a la radio, pero sobre todo porque su programa fue muy distinto a los de aquellos días. Es decir, anteriormente se valían de la información proveniente del D.F. y sus programas para replicarlos. No obstante, si tú lees el artículo de Silvia, este te aporta otro enfoque muy relacionado con la música transmitida por la British Broadcasting Corporation (BBC) y la música de Estados Unidos. Aparte de eso, Ortiz es un referente en cuanto a la piratería, porque de alguna forma ella se pirateaba las transmisiones de la BBC, mediante su grabadora de carrete abierto y así realizaba su programa. Dicha acción ofrecía a sus seguidores tener al día siguiente o unos días después lo que se oía en Inglaterra. La gente que llegó a conocer ese programa quizá no dimensionó que estaba escuchando casi a la par lo que ocurría al otro lado del océano, contrario a otras emisoras nacionales, las cuales tenían que esperar varios meses hasta que la música llegara primero al D.F. y después se distribuyera. En ese sentido Opus 69 fue distinto, aunque desgraciadamente solo se transmitió por la radio universitaria, la cual apenas tenía tres o cuatro años de haberse fundado y carecía de un impacto similar al de otros programas. Además, Silvia no era precisamente una locutora, nunca lo fue. Era imposible que ella pudiese tener su programa en una estación más famosa y donde posiblemente sí se requería de un comunicador o locutor como tal. Aunque tampoco fue ese su objetivo. Ella quería divertirse, escuchar música, invitar a sus amistades y hablar en el programa. Creo que lo cumplió. Hoy Ortiz es relevante por ser la mujer pionera dentro de la radio y el rock. Infortunadamente todavía no se le ha dado ese lugar.
Mencionas a varios grupos fundadores del rock entre ellos a The Kidnappers, Los Beethoven’s y demás. ¿Cómo fue adentrarse en la vida de esos pioneros?
Tener esa confianza con los músicos fue interesante, porque en un primer momento pensaron que se trataba de un artículo periodístico pequeño o muy básico. Entonces, cuando respondían a las preguntas siempre lo hacían de una manera general y no profundizaban en quiénes eran, cómo aprendieron a tocar, etcétera. El tema de la construcción de los instrumentos me tomó por sorpresa y fue la parte jugosa de la investigación. Lo dimensioné mejor mientras se realizaban las presentaciones del libro en varios lugares de la república, porque muchos me decían que no podían creer cómo en Oaxaca construían sus instrumentos, a diferencia de Guadalajara u otras ciudades que ya tenían acceso a ellos. Estos músicos tuvieron que valerse de talleres de carpintería o lauderos que les ayudaran con la fabricación. Por otro lado, conocer sus acervos fotográficos me apasionó. El contemplar cómo eran y se vestían en su juventud. Ellos no se daban cuenta de lo importante que era tener esos registros. Incluso hicimos una dinámica en la cual les decía que las fotografías se tenían que digitalizar a trescientos puntos por pulgada, bajo tal resolución, etcétera. Teníamos que ir a que nos prestaran sus fotos o nos acompañaran para digitalizarlas y después devolverles sus originales y sus versiones digitales. Fue involucrarlos aún más en el proyecto, sobre todo porque no sólo era el que nos dieran la fotografía, sino que nos dijeran dónde fue tomada, quiénes aparecen, en qué año se hizo, qué instrumentos portaban y cómo los conseguían. Otra complejidad fue el asunto de la memoria. Me di cuenta de que los adultos mayores, no todos obviamente, pero muchos de ellos creaban fantasías o realidades que no correspondían con los datos exactos de la hemeroteca. Por eso, crear una línea del tiempo nos ayudó para saber si estaban en lo correcto o había desfases temporales en la información. A muchos de ellos les costó trabajo, porque estaban seguros y afirmaban que tal vez la hemeroteca estaba errada; pero no es así, lo más preciso son los registros.
¿Tienes alguna fotografía y anécdota que te hayan impresionado de sobremanera?
Me gustan muchas, pero una de mis preferidas es una en la cual aparecen los Teen Angel’s, tocando en una secundaria. En ella se aprecia al público conformado mayoritariamente por niños y cómo estos miran a los músicos. A su vez, se nota que los Teen Angel´s sí se creían artistas y disfrutaban el momento. Respecto a las historias hay varias, pero Silvia Ortiz fue quien más me emocionó, sobre todo porque ahora ella es invidente y el trabajo conllevó otro proceso muy diferente, en el cual la comunicación no fue escrita sino mediante audios. En todas las presentaciones siempre la menciono, porque es el plus de este libro.
¿Dentro de un contexto general, dónde ubicarías o cómo describirías al rock oaxaqueño de los años sesenta?
Si tuviese que situarlo en una línea de aportación, sería como replicante del rock de esa época, porque ahí no hubo más intenciones que las de tener un grupo. Los mismos músicos me lo dijeron: “Nosotros buscamos al rocanrol para tocarlo, porque a fin de cuentas nuestro objetivo era divertirnos. Sabíamos que en un momento se terminaría, ya que nuestros padres nos enviarían a estudiar fuera de Oaxaca”. Evidentemente, eso repercutió en la desintegración de las agrupaciones y me parece que por eso tampoco se arriesgaron a hacer composiciones o apostar por visitar otras ciudades. No tenían la idea de dedicarse completamente a la música, salvo algunos cuantos, como fue el caso de Jacobo Aragón. Profesionalizarse en el ámbito musical estaba distante en su panorama. Esa perspectiva quizá cambió hasta finales de los años setenta o principios de los ochenta, cuando se dio una nueva oleada de rockeros.
¿Qué puedes adelantarnos del segundo tomo y cuándo saldrán las siguientes entregas?
Los Nómadas y demás grupos que menciono en el epílogo van a aparecer para el segundo tomo, como parte de los años setenta. De esas bandas, al menos Los Nómadas se mantuvieron hasta la mitad de la década, como lo demuestra la investigación hemerográfica. Otros grupos no prosperaron y llegaron sólo hasta 1971. De ahí formaron otros proyectos. Lo interesante de esos años es que se advierte un cambio con respecto al idioma español como una influencia, debido a que los conjuntos ya se bautizaban bajo ese idioma y no en inglés, como pasó durante los sesenta. Eso y más se abarcará en la siguiente entrega. Con respecto a las fechas de lanzamiento, tenemos planeado presentar en enero próximo el segundo tomo, para agosto –que es el aniversario del ASO– expondremos los ochenta y posiblemente terminemos la saga en diciembre del 2025. Buscamos tener un acercamiento al ciento por ciento con todos esos grupos, personajes y temas; me parece que lo hemos logrado hasta el momento. Hay detalles que debemos corregir, pero dificultades como la de localizar a los músicos de los años cincuenta yo considero que no sucederán para los siguientes tomos, ya que muchos músicos todavía viven o aún son jóvenes. También hay más información, pero ya veremos en el camino.
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